“Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. 12 Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?” Genesis 18:11-12
Hace días atrás estaba leyendo en mí Biblia el momento en que Sara perdió su fe. Creo que yo he cometido el error de muchos en ver a Sara como una mujer que perdió la fe y punto. Somos rápidos en decir: “¿Cómo es posible que dudó y se rio sarcásticamente de la promesa de Dios?”. Pero lamento que la risa de Sara es muy real en la vida de muchos; más de lo que quisieran reconocer.
No sé cuántas veces he sido cínico o pesimista hacia algo que quizás estamos tratando de hacer para Dios. Mi actitud ha sido pensar que nada va a salir bien, o que es imposible. Les confieso que he sido más rápido para quejarme, que mostrar un espíritu de fe; por lo cual, cuando estaba leyendo Genesis 18, mi inclinación hacia Sara fue más de comprensión. Dije dentro de mi: “Te entiendo Sara, he cometido el mismo error”.
LAS COSAS QUE TENEMOS QUE CONSIDERAR
En la situación de Sara, hay mucho que nos deja pensando. Por ejemplo, el que si nosotros nos pusiéramos en el lugar de ella, quizás tuviéramos una reacción similar. No estoy diciendo que fue correcta, solo que como seres humanos hemos cometido errores de cosas más chicas.
Están en transición.
Dios los llama a una tierra que aún no conocen. El hogar de ella está constantemente moviéndose de un lugar a otro. Están siguiendo al Dios que apenas van conociendo. Dios solo le dijo a su esposo que lo siguiera sin saber a dónde iban.
Solo con eso es suficiente para que muchas esposas pierdan el espíritu. Solo con eso es suficiente para que muchos hombres no sigan a Dios por la duda de no saber a dónde van.
Toda mujer desea estar estable; pero en poco tiempo la vida de Sara fue transformada al momento que decidió seguir a su esposo.
Se les dio una promesa de un hijo en una edad avanzada.
Ser estéril y joven suena a que hay más posibilidad. Ser estéril y anciana suena imposible. Cuando Dios les promete un hijo Sara, hasta entonces no le había dado hijos a Abraham.
“Sarai mujer de Abram no le daba hijos; y ella tenía una sierva egipcia, que se llamaba Agar.” Génesis 16:1
Ya habían cumplido la edad de imposibilidad.
Aun a Abraham se le hacía difícil creer la promesa por su edad.
“Dijo también Dios a Abraham: A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara[a] será su nombre. 16 Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella. 17 Entonces Abraham se postró sobre su rostro, y se rió, y dijo en su corazón: ¿A hombre de cien años ha de nacer hijo? ¿Y Sara, ya de noventa años, ha de concebir? 18 Y dijo Abraham a Dios: Ojalá Ismael viva delante de ti. 19 Respondió Dios: Ciertamente Sara tu mujer te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Isaac; y confirmaré mi pacto con él como pacto perpetuo para sus descendientes después de él.” Genesis 17:15-19
Todos estamos de acuerdo que Dios tiene un buen sentido del humor, y le fascina mantenernos a la expectativa. Le fascina jugar con nuestros sentidos de lo obvio. Es difícil para nosotros seguir a Dios, porque Él hace las cosas no conforme a lo que es razonable para nosotros. Y aun así nos pide que le sigamos.
¿Por qué esperar hasta que ellos ya no podían tener hijos para prometerles uno? Dios podía prometerles un hijo a los 30 años. Pero no nuestro Dios, Él quiere que verdaderamente tengamos fe.
Esperaron mucho tiempo sin ver el cumplimiento de la promesa.
Esta es difícil. Yo soy impaciente. Una semana se me hace mucho tiempo. Les confieso que, al orar por cosas, he querido darme por vencido más rápido de lo que quisiera admitirles. Sara y Abraham tenían más de veinte años esperando. Y con los años solo se hacían más viejos, no más jóvenes.
Cuando sara se ríe, la comprendo. Nunca es bueno dudar en Dios, cometemos muchos errores cuando dudamos en Dios. Y antes quizás yo era más duro hacia la risa de Sara …
HASTA QUE VINO LA PANDEMIA
¿Por qué digo que comprendo más a Sara?
Cuando vino la pandemia tendí a enfocarme en todo lo que estaba saliendo mal y no en los potenciales de la nueva jornada. Dios comenzó a jugar con mi lógica y comenzó a hacer cosas que no tenían sentido en mi mente. Tratando de mantener mi vida interna en orden, comencé a luchar con el rendir mi vida a Cristo. O mejor dicho, estar feliz con lo que Dios había permitido llegar a mi vida.
Lo único que veía era la economía de la iglesia que cayó de un domingo a otro. Lo único que veía era el barco que se hundía, lo cual era una realidad. Muy similar a lo que Sara veía, solo su edad y el tiempo que habían estado esperando. Es difícil enfocarte en una promesa cuando la realidad tiene cautivada tu mente.
“Y Abraham y Sara eran viejos, de edad avanzada; y a Sara le había cesado ya la costumbre de las mujeres. 12 Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?” Genesis 18:11-12
Mi esposa me dijo: “Luis, no te desanimes, muchos más escucharan lo que predicas ya que están haciendo livestream” Y yo me reía por dentro. “Nadie va a querer escucharme” pensaba dentro de mí.
Mi esposa me decía: “Dios va a proveer”, y yo me reía cínicamente dentro de mí diciéndome: “No, todo se va a derrumbar”.
Mi mente estaba tan enfocada en la realidad que había perdido la fe. Ahora, por favor, no piense mal de mí. Estoy siendo transparente para que quizás alguien que lea esto pueda identificarse.
Amorosamente Dios comenzó a derribar los ídolos en mi vida, cosas en las que yo ponía mi confianza; hasta que solo quedó Él. Pero mi alma aun rehusaba, y luchaba.
En un momento donde hablé con mi esposa (no sé si me vio derrotado por dentro), ella estaba muy alegre de cómo la gente comenzó a responder en línea y comencé a recibir mensajes personales de lo que Dios estaba haciendo. Se enfadó y me dijo: “Luis ¿dónde está tu fe?”. Sin que ella se diera cuenta, me llevó a recordar a Elías en la cueva cuando Dios le pregunta: “¿Que estás haciendo aquí Elías?”.
Al día siguiente en mi oficina, la pregunta de mi esposa seguía fresca en mi mente. Trate de tener devocionales, aunque luchaba. Pero creo que por fin logré ver a Dios una vez más. Era como si una vez que mis ídolos desaparecieron, no quería ver hacia lo que quedaba. Lo que quedaba era Solo Dios.
Como cuando le llamo la atención a mis hijos y ven hacia abajo para no verme en los ojos, así me sentí. Una vez más vi hacia arriba y todo vino en perspectiva. Me arrodillé y pedí perdón. Tuve que reconocer muchas cosas que estaban guiando mi vida en ese momento, y Dios las trajo a un increíble enfoque. La pena que sentía por pérdida personal, la pena de que nos estábamos hundiendo y lo difícil que es admitir eso ante otros, hacían ver al fracaso inevitable. Solo recuerdo que le dije a Dios: “Mientras que te tenga a ti, lo tengo todo; perdóname por hacer todas estas otras cosas más importantes que tú. Dame tu poder para servirte en esta siguiente etapa, quiero que todos te vean a ti en mí”.
Le llamé a mi esposa y le conté lo que había sucedido en mi corazón.
Quizás te encuentres igual que Sara; igual que yo; igual que muchos. Solo ves la realidad, la situación, la lógica; solo ves el desastre matrimonial; solo ves tu cuenta bancaria; solo ves a tu cónyuge alejado, al punto que cualquier noticia buena que alguien te dé solo te lleva a reírte dentro de ti. Como diciendo: “No, eso no va a pasar”.
Quizás es tiempo de tener un encuentro con Dios en el cual Él es tu único otra vez.
