Creo que las cosas más difíciles de reconocer o de hablar son aquellas que por poco nos vencen. Siempre quisiéramos dar nuestra cara más fuerte y quisiéramos esconder nuestros momentos más vulnerables. Creo que el tema del que voy a escribir hoy todos lo hemos enfrentamos o lo enfrentaremos.
Dios en su eterno conocimiento ha determinado que para fortalecernos tendremos que ser desafiados hasta tocar las meras raíces de nuestras creencias y de nuestra mera existencia. Nos encontramos, o encontraremos en circunstancias en las cuales siente que Dios no está escuchando sus oraciones, siente que no hay solución a lo que está enfrentando y siente que no puede estar más abajo. Éstos son los momentos donde está a punto de aprender una de las mejores lecciones de su vida.
Si se pone a pensar, nuestra vida consiste en una serie de momentos de aprendizaje y exámenes para ver si hemos aprendido. Desde que entramos al kinder hasta que nos graduamos de la prepa, vienen una serie de aprendizajes y pruebas. Eso no es algo diferente a lo que Dios hace en nuestras vidas. A medida que vamos creciendo en nuestra fe y vamos aprendiendo más de Su Palabra, Dios nos pone a prueba para que podamos ver si en realidad hemos aprendido lo que decimos que aprendimos.
Estos momentos donde Dios nos pone un examen, es tiempo de demostrar lo que hemos aprendido. Lo digo con pena, pero yo he fracasado muchas pruebas. Muchas veces lo primero que pierdo antes de fallar un examen es mi espíritu. Aún no inicia el examen y yo ya estoy de malas, desde el primer momento cuando las cosas no están como yo quisiera. ¿Sabe de lo que estoy hablando? Dios aún no ha puesto ni el papel en mi escritorio para iniciar y yo, al percibir que es tiempo de prueba, desde ese momento ya puedo estar fallando.
Quizás una de las cosas más difíciles es cuando ha pasado por un tiempo bajo que se ha prolongado, y cuando piensa que ya va a salir, le espera otro examen que no tenía contemplado. Son en estos momentos donde los problemas se sienten más profundos porque uno piensa que ya no puede más.
Si todos somos sinceros pudiéramos admitir que cuando estamos en tiempo de dolor somos más sensibles a la voz de Dios, y a lo que Él está tratando de enseñarnos. Seremos más dados a la oración y seremos más sensibles a no querer desagradar a Dios. En los Salmos, David dice mucho acerca de lo que estoy hablando, incluso uno de los versículos que no queremos recordar cuando estamos sujetos a pruebas y dolor es Salmos 119:71.
“Bueno me es haber sido humillado, Para que aprenda tus estatutos.” Salmos 119:71
Para nosotros las palabras “bueno” y “humillado” no deben estar en la misma oración. La humillación no es buena por sí sola; la humillación precede el aprender los estatutos de Dios. ¿Cuándo es que usted y yo somos más propensos a tomar decisiones que agradan a Dios? Creo que es cuando estamos asustados, cuando enfrentamos un problema y vemos los resultados y cuando estamos enfrentando las consecuencias de malas decisiones. Todas estas cosas son las que nos llevan al punto de poder aprender los estatutos de Dios.
Sin que usted se diera cuenta fue bueno que alguien lo criticara, ya que ese sentimiento lo pudo haber fortalecido si pasó bien la prueba; o bien, esto lo condujo más a la carne si no respondió correctamente. Sin que usted se diera cuenta fue bueno que alguien le robara para que pudiera poner en acción las cosas que dice la Biblia sobre el perdón y el no guarda rencor. Fue bueno que alguien lo decepcionara para que eso lo llevara a los pies de Cristo y poder aprender algo de la vida cristiana, lo cual sólo se aprende en estos momentos.
En otras palabras son los momentos oscuros de nuestras vidas que nos brindan la oportunidad de brillar. Deje que las promesas de Dios brillen en la faz de sus problemas. Entre más obscura la noche más brilla la luz. Entre más grande su problema más fuerte será su testimonio al salir de ese problema. El libro de Hebreos hace muy claro que es a través de ejercitar nuestra fe y enfrentar la adversidad que usted y yo recibimos un buen testimonio. La Biblia dice en Hebreos 11:39,
En otras palabras son los momentos oscuros de nuestras vidas que nos brindan la oportunidad de brillar
“Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido;” Hebreos 11:39
Yo sé que todos los que están leyendo esto desean tener un buen testimonio, desean que sus vidas impacten a otros y desean que sus vidas influencien a otros a vivir para Cristo. La pregunta es, ¿cómo va a obtener un buen testimonio si no hay nada que rete su testimonio? Todos somos fuertes hasta que nuestra fuerza está sujeta a prueba. Todos somos sabios hasta que las circunstancias de la vida nos demuestran que no hay una solución humana. Todos tenemos todo en control hasta que Dios nos lleva al punto de perder todo control. Y aunque en esos momentos lo más fácil es darse por vencido, son estos mismos momentos que Dios ha diseñado para forjar un increíble testimonio en nuestras vidas para la gloria y la honra de Él. Sin darnos cuenta, ese testimonio puede ser usado en un futuro en la vida de alguien.
Todos somos fuertes hasta que nuestra fuerza está sujeta a prueba.
Les quiero animar, especialmente si ahorita siente que van muchos rounds en los cuales está perdiendo la pelea, no tire la toalla; no se dé por vencido, siga luchando, siga teniendo fe, siga orando. Les quiero dar tres principios que para mí han sido de bendición cada vez que tengo ganas de dejarlo todo. Cada vez que me siento sumergido en agonía, en temor o frustración, estos tres principios me han ayudado a enfocar mi vida una vez más en lo que es importante.
Éstos principios son tan importantes que les sugiero que los escriba en la portada interior de su Biblia para que cada vez que pierda las ganas de seguir, abra su Biblia y sea recordado de estos tres principios. Cuando la vida parece que no tiene sentido y cuando la vida parece ser que no está a su favor:
1. DECIDA AMAR A DIOS.
Esto tiene que ver con la decisión de aún dar gracias a Dios por el dolor que siente. No todo el tiempo ha sido fácil hacer esto especialmente en mi vida. Para ser franco, muchas veces tengo que exhortarme a mí mismo a decidir amar a Dios aún por lo que estoy enfrentando. No es algo que va a sentir, es algo que tiene que decidir. Poder decir “Señor, gracias por esto, aunque no sé el porqué de lo que está sucediendo, y sin saber los resultados de lo que estoy pasando, te quiero dar las gracias por ello, porque mi vida está en tus manos y tú sabes mejor que yo lo que necesito.”
Nuestro desafío más grande es amar a Dios cuando sentimos que Él no está a nuestro favor; y note que yo puse cuando “sentimos”, porque puede sentir algo que no es, mas sin embargo el sentimiento es algo con lo que lucha en verdad. El corazón es muy receptivo y hasta las personas biológicamente más sanas pueden llegar a pensar cosas erróneas porque el corazón lo traiciona. A esto yo le llamo cuando nuestra teología se contradice por nuestro corazón. En otras palabras, sabemos lo que la Biblia dice, pero nuestro corazón comienza a tener su propio cerebro. A todos nos pasa y no hay nadie que está leyendo esto que no ha pasado por esos momentos. Sabemos que debemos tener gozo en todo, pero por una razón u otra nuestro corazón nos justifica que ésta es la excepción.
Mi esposa tuvo un aborto espontáneo a las 17 semanas de embarazo; esto fue algo muy difícil para ella y para mí, pero más difícil fue para ella. Cuando volvió a quedar embarazada, esta vez de nuestras cuatitas, Dios decidió meternos una vez más a un tiempo muy difícil. Mi esposa comenzó con una hemorragia muy similar a la que experimentó cuando tuvo el aborto espontáneo. Recuerdo que para entonces mi esposa ya tenía cinco meses. Estábamos tan felices de que íbamos a tener dos bebés. Nos sentíamos como si Dios nos había mandado dos porque había perdido una. A nuestra sorpresa, cuando comenzó a sangrar nuestro espíritu desfallecía. Podía notar la gran tristeza en el rostro de mi esposa y el quebrantamiento al estar enfrentando otro posible aborto espontáneo.
Recuerdo que fuimos al hospital lo más pronto posible, y tanto ella como yo estábamos muy asustados; sinceramente no sabíamos ni cómo reaccionar a esto. Antes de bajarnos del carro para entrar a urgencias, vi en la cara de mi esposa una profunda preocupación que me impulsó a tomar su mano y decirle, “Maggie, yo no sé cuál será el resultado de esto, quizás Dios contesta nuestra oración y todo salga bien, o quizás Él decida llevarse a estas dos niñas también. Una cosa sí quiero hacer antes de entrar al hospital, y es rendirnos a Dios y a lo que Él decida.” Comencé a orar mientras estábamos tomados de la mano. Quisiera decirles que estaba orando como un gran hombre de Dios victorioso, con una voz fuerte y con una voz de fe, pero les estaría mintiendo. Estaba llorando y la verdad es que tenía bastante dolor y preocupación en mi corazón. Sinceramente pensé que íbamos a perder a nuestras niñas. Pero lo que sí oré fue algo así: “Señor, no entendemos lo que está sucediendo, tienes todo el poder para detener esto, y creemos que esta circunstancia está en tus manos. Señor, queremos que sepas que creemos que tú nos puedes librar de esta situación, pero si no lo haces, tú eres digno de toda nuestra alabanza, y con corazón quebrantado te decimos, sin saber lo que va a pasar, que te serviremos y te amaremos con o sin nuestras hijas…”
La verdad es que fue una de las oraciones más difíciles que he tenido que orar; aún muchas veces mis ojos se llenan de lágrimas al recordar todos los sentimientos encontrados que tenía, pero una cosa que quería decirle al Señor era que, si decidía que enfrentáramos eso lo íbamos a amar de todos modos.
Si ahorita mismo está enfrentando algo difícil, decida amar a Dios, Él tiene un plan para usted desde mucho antes que naciera.
“Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.” Jeremías 1:5
2. DECIDA CONFIAR EN DIOS.
Esta quizás es el área más difícil, porque confiar en Dios significa confiar que Él sabe mejor que nosotros mismos, y nosotros por naturaleza queremos saber todos los detalles, queremos ver todas las cosas de antemano, queremos entenderlo todo. Por naturaleza se nos hace muy difícil confiar o poner nuestra confianza en algo que no entendemos. En un libro de liderazgo leí esto de Zig Ziglar:
“Muchas veces es la adversidad lo que tienes que enfrentar para hacerte una persona exitosa.” Zig Ziglar
Yo sé que eso no suena muy espiritual, pero la verdad es que nunca sabe lo que Dios está haciendo. Quizás le está preparando para que sea un futuro empresario, un futuro gerente, un buen esposo, una buena esposa. Lo que necesita hoy es enfrentar el obstáculo que está delante, y tiene que confiar que Él sabe mejor. Charles Spurgeon dijo:
“Si no podemos creer en Dios cuando las circunstancias parecen estar en nuestra contra, no le creemos en absoluto.” Charles Spurgeon
En en libro de Proverbios se nos dan unos de los versículos más conocidos por los cristianos, y por cierto son los versículos favorito de mi esposa. Es uno de los pasajes más poderosos en cuanto a nuestra confianza en Dios. La Biblia nos dice:
“Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia.6 Reconócelo en todos tus caminos, Y él enderezará tus veredas.” Proverbios 3:5-6
Éstos versículos son tan contradictorios a nuestra naturaleza humana. Nosotros queremos apoyarnos en nuestra propia prudencia y no solamente confiar en Dios. Sin embargo, esa es la razón por la que nos metemos en tantos problemas. Si solamente pudiéramos confiar con una fe de niño evitaríamos grandes dolores en la vida. Dios quiere que nosotros confiemos en Él.
Entiendo que es difícil para nuestra mente comprender el beneficio que habría en confiar en algo que en el presente nos está causando dolor, pero es ahí donde la Biblia nos dice que no nos apoyemos en nuestra propia prudencia. Quizás sin comprender el por qué están sucediendo las cosas, usted puede entregar su corazón en plena confianza a Dios. Lograr confiar en Dios siempre brinda buenos resultados. La Biblia nos dice:
“Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera; porque en ti ha confiado.” Isaías 26:3
Les hablo de esto porque tengo experiencia de haber pasado dolores innecesarios por mi falta de confianza en Dios. Les hablo como aquél que conoce las consecuencias o los resultados de la ansiedad que viene cuando uno no confía en Dios. Gracias a Dios he podido aprender un poco de esto en el transcurso de mi vida cristiana, y aún me queda más por aprender, pero con cada problema que enfrento hoy trato de hacer todo lo posible por confiar en Dios aunque no sea fácil. Todos necesitamos la paz que viene por confiar en Dios.
3. DECIDA SERVIR A DIOS.
Algo que producen los problemas en nuestra vida es que tienden a hacernos pensar solamente en nosotros. Sólo vea lo que ha causado la pandemia de Covid. Una obsesión de auto preservar la vida ha llevado a que la mayoría de los humanos sólo piensen en ellos y muchos han dejado las cosas de Dios. Algo que va a glorificar a Dios es que nosotros decidamos que, a pesar de lo que estemos enfrentando, le vamos a rendir nuestro servicio a Dios.
Esta decisión no es porque así lo sentimos o porque es fácil, sino porque decidimos rendirle servicio a Dios, porque Él es digno de nuestro servicio. Cuando todo en la vida indicaría que tendríamos razón por tirar la toalla y no continuar, será la gracia de Dios que nos capacita para continuar. Pablo dijo:
“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día.” 2 Corintios 4:16
Es cierto que los problemas tienden a sentirse pesados, abrumadores, hasta nos hace sentirnos cansados, pero lo que Dios promete es que nuestro hombre interior se irá renovando. Algo que dijo Warren Wiersbe fue de bendición:
“Las presiones externas deben hacernos más grandes por dentro.” Warren Wiersbe
Quizás no ha resuelto toda la confusión en su corazón, quizás esto no ha quitado todo el dolor y quizás lo que he escrito sólo le ha dejado pensando. Mi meta no ha sido resolver todas las cosas que aún yo sé que serán confrontadas con la siguiente prueba que yo pase. Lo único a lo que quisiera animarle hoy es que recuerde estos tres principios cuando sienta que la vida es muy pesada. Decida amar a Dios, decida confiar en Dios, y decida servir a Dios.
