CUANDO NADA SALE COMO PLANEASTE

Es increíble como Dios tiene planes para nosotros de formas que solo Él puede orquestar. Este domingo pasado, una hora antes de que iniciara una de las clases que enseño, mi computadora decidió no funcionar. En cualquier otro día, esto no hubiera sido un problema; pero cuando las notas (que me tomaron horas hacer) con las que voy a predicar el sermón vespertino están en esa computadora, es otra cosa. 

Al principio quise pretender que estaba todo bajo control. Solo tenía que reiniciar mi computadora, pero, después de cuatro reinicios, comencé a sudar frio. Estaba a media hora de que otra de mis clases comenzara. Recuerdo que solo le dije a mi esposa: “no me hables, tengo que bosquejar un sermón nuevo.” 

La ironía de esto es que durante la escuela dominical inicié una serie titulada “Bajo presión”. Esta serie es para saber qué hacer cuando la vida nos pone en este estado. Lo chistoso es que me rehusaba a hacer caso de la lección que di en esa escuela dominical. Ahora solo me río de mí mismo. Bosquejé otro mensaje, pero aún mi mente estaba fuera de control. Enseñé la clase siguiente como alguien que hace su trabajo, pero mi mente estaba en el servicio que seguía después, y no me sentía preparado. Me sentí fuera de lugar. Quería meter mi cabeza en el suelo como avestruz.  Tuve ganas de pedirle a uno de mis asistentes que predique, ya que eso me quitaría el peso encima. 

Solo como nota importante: a mis asistentes les digo que siempre tengan un mensaje listo por cualquier emergencia en la cual no pueda predicar. Y yo pensaba que esta era la emergencia. 

Acabada la clase, restaban 12 minutos antes del servicio vespertino. Pensé que estaba libre, pero dos hermanas se quedaron atrás para hacerme preguntas. Mientras hablaba con ellas, sentía cada segundo que pasaba en el bombeo de la sangre en una de mis venas que se encuentra enseguida de mi ojo derecho. Trate de contestar lo más rápido posible. Para cuando terminé, faltaban ocho minutos. 

Abrí las notas que tenía escritas a mano, y pude poner el último punto de ese mensaje. Ya estaba por salir de la oficina, pero quise usar los últimos 3 minutos que tenía para reflexionar y estar seguro de que Cristo estaba conmigo. Por mi personalidad, eventos como estos son difíciles. Me gusta estar preparado para predicar. Me gusta tener el sentimiento de que fui diligente con lo que Dios me ha puesto hacer. Nunca he querido menospreciar la oportunidad de predicar y mucho menos hacerlo de tal forma que dé la impresión de que no se me hace algo importante. 

Antes de salir a predicar, hubo ciertas verdades que aprendí, que quizás puedan ser de bendición a usted también. Un día todo va a salir mal, y quizás, estos recordatorios pueden ser de ayuda. 

1. PUEDE DESCANSAR EN QUE NO FUE POR NEGLIGENCIA. 

Si lo que pasó hubiera sido porque fallé en planear o estudiar, me sintiera culpable. Como el desidioso que deja todo a último momento, luego se frustra porque dejó todo a último momento, y después se siente mal porque hizo un mal trabajo, por dejar todo a último momento. En mi caso, ya tenía casi todo mi sermón terminado. Desde varios días atrás, ya estaba orando y preparando el mensaje. Por lo cual, cuando todo se comienza a ir abajo, le di gracias a Dios de que mi conciencia estaba limpia, ya que esto estaba fuera de mí control y no fue mi culpa mía. 

2. DIOS NOS RECUERDA QUIÉN ESTÁ EN CONTROL. 

Dios me sacó de mi vida predecible a un caos, para poder recordar en quién he creído. Las frustraciones más grandes son aquellas de las cuales perdemos control. Es porque pensamos que tenemos el control, que los días “fuera de control” son tan frustrantes. Dios bendice al diligente, y Dios bendice cuando alguien se prepara. Pero existen tiempos donde Él quiere interrumpir nuestros planes para que pongamos nuestro enfoque en Él. 

“El corazón del hombre piensa su camino; Mas Jehová endereza sus pasos.” Proverbios 16:9 

Mientras que trabaja con la frustración del momento, día, o semana que ha “salido mal”, asegúrese no desquitarse con quienes le rodean. Si no estamos lidiando con la frustración a la manera de Dios, eventualmente atacaremos a quienes nos rodean; a menudo a los que más amamos. Seremos tentados en sacar la frustración con aquellos que no tienen nada que ver con el asunto. 

3. PARE DE ESCUCHAR A SU PROPIO CORAZÓN Y COMIENCE A ORAR.

Nuestros pensamientos son traicioneros, desalentadores, y negativos. Especialmente cuando todo se viene abajo. En los minutos que me puse a orar antes de salir a predicar, pude entender en mi corazón lo que Dios estaba tratando de hacer. No creo haber predicado un buen mensaje, ya que después, viendo mi bosquejo, pensé en tantas cosas que pudiera haber hecho mejor. Pero precisamente cuando todo comienza a salir mal, nosotros tendemos a empeorar las cosas por la forma en que respondemos. Es en estos momentos de frustración, cuando nuestros corazones y nuestra mente comienzan a acelerarse con ansiedad por el tiempo perdido, enojo por lo que salió mal, y desesperanza por las circunstancias. No es una cuestión de si nuestras mentes comenzarán con estos patrones de pensamiento, sin duda lo harán, pero estos pensamientos deben ser cambiados por otros. Para poder remplazar pensamientos de ansiedad por pensamientos de fe, se necesita oración y la gracia de Dios. 

“Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros.” 1 Pedro 5:7

Al reflexionar sobre el domingo en la tarde, puedo decir que Dios me recordó estas tres verdades. Si usted está pasando por algo, algo que salió de su control, Dios está tratando de recordarle otra cosa. Pare de darle vueltas en su mente, y comience a buscar la mente de Dios. Yo me sentí un poco mal, si de por sí batallo para predicar en mis mejores momentos, ahora cuando hago un bosquejo rápido ¿cómo me saldrá? Pero ese no era el punto. Tengo que estar dispuesto a verme ridículo si eso es lo que Dios quiere, con tal de que tenga su poder en mi vida. Él se encargará del resto. Él hará lo que yo no puedo. Confíe en Dios hoy.

Leave a comment