PRINCIPIOS PARA SEGUIR ADELANTE COMO FAMILIA

Mi esposa y yo tenemos 20 años en el ministerio sirviendo a Dios de tiempo completo. Pastoreé una iglesia en el norte de California y luego continuamos nuestra jornada como misioneros y llegamos a la ciudad de Hermosillo, Sonora. En el pasar de los años, hemos visto toda clase de transiciones, en específico a hermanos que han dejado el ministerio, aquellos que han decidido que ya no era algo para ellos. Una de las razones que el ministerio puede sentirse más pesado es por la condición en la que se encuentra la familia. La esposa y los hijos son clave para poder continuar sirviendo al Señor felizmente. 

Estaba en una conferencia de pastores y un pastor me preguntó qué es lo que yo pensaba que era la clave para seguir sirviendo al Señor de una forma feliz. El punto de vista del pastor que me preguntó era que yo y mi familia nos mirábamos felices. Gracias a Dios que este hermano no se ha dado cuenta de todas las pláticas y momentos en la privacidad de nuestra casa que hemos tenido que tratar (jajaja). Pero, ya en forma seria, gracias a Dios sí disfrutamos servir al Señor, y hasta ahorita mis hijos también. De ninguna forma quiero decir que somos perfectos. Hemos enfrentado momentos difíciles, pláticas para resolver problemas, temporadas de desánimo y otras cosas. 

Estamos a punto de cumplir 14 años aquí en Hermosillo desde que comenzamos la Iglesia Bautista de Hermosillo. Y quizás este artículo sea más para pastores y sus familias, pero creo que también habrá principios que apliquen de una forma general a cualquiera que lo lea. Cada vez que llegamos a nuestro aniversario es un momento difícil para mí, porque es un tiempo de reflexionar sobre la verdad que ya se cumplió un año más y hay tantas cosas que aun faltan. Me doy cuenta del avance que hemos hecho y me doy cuenta del avance que no se hizo, y por mi personalidad me pesa más el avance que no se hizo y puede ser desalentador reflexionar y pensar que deberíamos haber alcanzado más personas. Todas estas cosas me pesan a mí porque como pastor de la iglesia asumo la responsabilidad.

Lo que sí quisiera compartir brevemente son cosas que hacemos para tratar de aliviar más nuestra jornada ministerial. Cada año aprendo algo nuevo y quizás esta lista vaya creciendo a medida que también vaya creciendo yo con el tiempo. Cada vez que maduro un poco más veo las cosas de otro punto de vista. Pero con el conocimiento que tengo hasta hoy, que además es muy limitado, éstas son las cosas que hacemos y creo que nos han ayudado en 20 años de ministerio. 

1. MANTENER EL MATRIMONIO FUERTE

Creo que ésta es la línea de ataque más fuerte para toda familia ministerial. El diablo tratará de hacer todo lo posible para estar como una cuña en la relación marital. Si el diablo logra su objetivo a lo largo del tiempo, el matrimonio comienza a ponerse más apático, con menos amor y con menos sentimiento de satisfacción dentro del matrimonio. Esto abre la puerta a muchas tentaciones y lo menos que un predicador quiere tener es tentación en su vida laboral. Uno tiene que estar listo para combatir las artimañas del diablo, las cuales se tendrán que pelear. Pablo dijo:

“Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.” Efesios 6:1

El diablo tendrá un arsenal para dirigir hacia el matrimonio. La forma que mi esposa y yo hemos luchado para proteger nuestro matrimonio ha sido haciendo tiempo para el matrimonio. Trato todo lo posible de seguir nutriendo el amor que tengo para mi esposa. Quiero que ella siempre esté segura que es más amada que la iglesia que pastoreo. Han habido ocasiones que me he tenido que desconectar del ministerio para poder conectarme con mi esposa y asegurar bien el matrimonio. Trato de hacer tiempo para que siga el fuego que un día nos unió y que siga ardiendo dentro de nosotros. Hemos tomado días juntos, trato de tener citas con ella, y asegurar que sigo alimentando la relación. Tener un matrimonio fuerte hace que el viaje ministerial sea más divertido y más disfrutado. 

No podemos estar tan ocupados que no nutramos bien el matrimonio. No es problema del ministerio o de su trabajo, muchas veces es un mal manejo del tiempo, y uno tiene que hacer de su matrimonio una prioridad. Tienen que seguir trabajando en la búsqueda uno del otro. Nunca debe terminar la conquista de ganar el corazón de su cónyuge.

2. SER SINCERO EN CASA

Otra área de ataque que enfrentamos es la condición de nuestro hogar, incluyendo a nuestros hijos. Esto ha sido una de las batallas más grandes que creo que todos enfrentamos. Tengo cinco hijos y cada uno es muy diferente. Cada uno tiene sus fuerzas y sus debilidades. Unos son más nobles, otros más duros. Sin embargo Dios me dio cinco hijos que él quiere que cuide de parte de Él. Reconozco que principalmente mis hijos son del Señor y yo soy mayordomo de ellos.

“He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre.” Salmos 127:3

Hace años tuve que decidir que yo no puedo ser un pastor en mi casa. Mis hijos necesitan un padre. He tenido que aprender a desconectarme de mi posición ministerial y abrazar plenamente mi responsabilidad paternal. Años atrás tuve que decidir también que jamás trataría de presentarle a mis hijos un hombre perfecto, lo que sí decidí es mejor mostrarles un hombre sincero. Ésa es la lucha diaria. Sabía que si intentaría ser rígido y dogmático en la línea de la perfección esto transformaría a mi hogar en una prisión de la cual mis hijos jamás pudieran disfrutar. 

Cuando he cometido errores les pido perdón, he tenido largas pláticas con cada uno de ellos al hacerme preguntas, ¡y han sido muchas preguntas! Pero he tratado de tener el diálogo abierto de padre e hijos. Aún siguen jóvenes y no sé qué será de la vida de mis hijos. Espero en Dios que sepan decidir bien para que sus vidas sean bendecidas, porque yo no soy el dueño de sus almas y ellos tendrán que conocer a Dios personalmente para que tengan una fe personal. Mi oración es que decidan seguir al Dios que les he estado presentando mientras que han vivido en nuestra casa. 

De una forma práctica nunca he presentado a mis hijos ante la iglesia como seres perfectos, por el contrario, trato de proteger a mis hijos dándoles a conocer a la iglesia que nunca esperen perfección de ellos. He comunicado ante la iglesia que yo trataría con mis hijos en el momento que ellos hagan algo mal. He escuchado de pastores que le dicen a la congregación que no se metan con sus hijos porque sus hijos son intocables y eso creo que en lugar de proteger a los hijos los hacemos blanco más fuerte ante la congregación. 

Nunca he permitido que alguien espere más de mis hijos sólo porque son hijos de Pastor, ni tampoco yo he querido darles ese peso a mis hijos. Dios me ha llamado a mí, y mis hijos son mis hijos. No hay nada especial en ellos así que la responsabilidad de ellos es ser jóvenes normales como cualquier joven de la iglesia, y si cometen un error nunca se les debería de aplicar el “y eso que es hijo de Pastor”. 

Muchos hijos de familias ministeriales sufren no tanto por sus padres, sino por la presión que tienen de ser algo más allá de ser joven y normal. A mis hijos les he quitado eso. Cuando hacen el mal mi acercamiento a ellos es tratar de corregir el mal; no tanto corregir el mal porque me han puesto en vergüenza como pastor. Si no tenemos cuidado podemos mostrar a nuestros hijos que la razón por la que estamos tratando con ellos es por la vergüenza que han causado, no tanto por lo que ellos hicieron. Ellos pueden quedar con un sentimiento de que es hipocresía. Protejamos bien la vida de nuestros hijos, debemos cuidarlos y darles un buen ejemplo.

3. NO TRAER BASURA A LA CASA.

Cuando hablo de basura hablo de cualquier cosa que pueda robarnos de nuestra armonía familiar. Cuando he sido lastimado o criticado por otras familias del iglesia jamás he llevado esto a mi casa. No he querido que mis hijos escuchen lo que otros podrán decir de mí. He tenido que tener la fuerza de retener lágrimas o dificultades en mi corazón y no desahogar esas tristezas o corajes en mi hogar. Muchas veces he tenido que aprender a proteger a mi esposa de tales ataques. Trato de compartirle sólo lo necesario. La Biblia nos recuerda de algo muy importante, espero que tenga sentido. 

“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. 10 Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.” Eclesiastés 4:9-10

La razón que dos son mejores que uno es porque cuando uno cae el otro lo puede levantar. En cuanto a las críticas y los dolores, si yo trajera cada basura a mi casa no hubiera nadie que nos levantara. Estuvieran todos igual que yo, dolidos y frustrados. Entonces muchas cosas las mantengo para mí mismo, para que la alegría de mis hijos y la alegría de mi esposa puedan levantarme a mí. Si les contara cada cosa que dicen de mí, ellos también serían afectados junto conmigo. Una familia en la cual todos se sienten desanimados, donde todos se sienten señalados, donde todos se sienten desalentados, será una familia a punto de estallar.

Han habido ocasiones en las que otros ministros han criticado tanto nuestro ministerio como también mi persona. Ya sea por celos o por no comprender un método que estamos empleando en nuestra iglesia, las críticas han apuntado. Siempre trato de alejar estas cosas de mi hogar. No me imagino ser parte de un hogar en el que un pastor continuamente trae sus pleitos personales a su propia casa. He tratado de mantener a mis hijos lo más ignorante posible de todas las divisiones y las cosas malas de nuestro movimiento. Si un pastor que me ha criticado saluda a mis hijos, es muy probable que mis hijos con una sonrisa le saluden de regreso porque ellos no saben lo que han dicho de mí, o la crítica que tengan hacia mi persona. 

Muchos padres no comprenden el daño que le causan a sus hijos al traer basura a sus hogares. La forma que me he dado cuenta que alguien está ofendido conmigo es por el silencio de todos los que están en esa familia. Todos llegan serios, todos actúan de la misma forma y la única razón que toda una familia esté igual es porque se llevaron a cabo pláticas que no se deberían haber tenido. He tenido diferencias con hermanos y me ha traído tanta alegría que sus hijos vienen y me saludan con una sonrisa y con mucho amor; tengo que reconocer la madurez de tal familia que aunque tuvieron una diferencia conmigo, sus hijos nunca escucharon de esto. Bendecirá a muchos hijos que los padres tengan la madurez de mantener la basura fuera del hogar. 

Muchos padres no comprenden el daño que le causan a sus hijos al traer basura a sus hogares.

Si unos padres se la llevan hablando mal de otras familias o de personas con las que están en conflicto, sus hijos serán contaminados y afectará la forma que perciben a otros. Por eso es que muchos hijos de pastores o de ministros terminan odiando el ministerio, porque tenían a un padre que siempre traía toda la basura a su casa. 

4. MANTENER LA VISIÓN ENFOCADA

Quizás la cuarta cosa que nos ha ayudado como familia a seguir adelante es mantener en claro nuestro objetivo. Los desánimos siempre existirán. Los problemas siempre estarán. Nadie puede cruzar esta vida sin tener un momento de desánimo. Un principio que aprendí hace varios años atrás, el cual considero importante para sobre vivir las temporadas bajas de la vida es: Su visión tiene que ser más grande que su desánimo. Si sucede lo contrario y el desánimo es más grande que la visión, es cuando tirar la toalla es inevitable.

Su visión tiene que ser más grande que su desánimo

Nuestra visión debe ayudarnos a enfocarnos en esos momentos cuando perdamos nuestra brújula. Entre más grande se siente el problema más obscura y nublada se siente la vida. Es más difícil enfocar la visión si no la puedes ver. Hace años atrás entré a una temporada muy difícil. Enfrenté una situación en mi vida en la que me encontraba sumamente decepcionado. La decepción es difícil de combatir cuando no hay nadie quien te ayude a enfocar. Me encontraba sin ganas de predicar, sabía que no lo estaría haciendo con el espíritu correcto. Me sentía decepcionado con la iglesia, y con el resultado de dónde se encontraba como ministerio. Tenía los ojos en todos lados excepto en Jesús.

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.” Hebreos 12:1-2

Para correr bien la carrera necesitamos tener nuestros ojos puestos en Jesús. Él nunca nos decepciona, Él nunca nos falla y Él es la razón principal de por qué estamos en la carrera. Cuando las cosas no resultan como piensas que deben salir, pon tus ojos en Jesús. Cuando alguien te decepciona al punto que cambia tu temperamento y no sabes qué hacer, pon tus ojos en Jesús. Es importante enfocarnos para que nuestro ánimo no termine y así podamos continuar. 

Para correr bien la carrera necesitamos tener nuestros ojos puestos en Jesús.

“Considerad a aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, para que vuestro ánimo no se canse hasta desmayar.” Hebreos 12:3

En estos momentos difíciles no sólo es importante enfocar tus ojos en Jesús, sino también es importante enfocar tus ojos en la visión de la vida. Debemos tener una visión ministerial pero también una visión de vida. Por ejemplo, cuando yo llegue al fin de mi vida, qué es lo que va a ser más importante para mí? Al estar junto a personas que están en su lecho de muerte, me he dado cuenta que no les importan mucho sus negocios. No les importan las noticias. No me imagino que en mi lecho de muerte esté preocupado sobre la asistencia de la iglesia. Lo que sí me va a importar es el estado y la condición de mi vida y la de mi familia.

Cuando la vida parece venir encima, es importante también saber por qué estamos en la lucha. El autor de Hebreos llama la atención a la nube de testigos. Creo que la nube de testigos son los héroes de la fe que se mencionaron en el capítulo 11 de Hebreos; pero yo nunca vi a Enoc, a Noé o a David. Mi nube de testigos que sí conozco son Magdalena, Luis, Sofía, Benjamín, Ana y Camila. Ellos son los que componen la totalidad de mi familia inmediata; y cuando soy tentado a tirar la toalla, veo a mi familia como aquellos testigos que están en el estadio echándome porras, gritándome que puedo seguir adelante, y por esta nube de testigos muchas veces he recobrado ánimo. Nehemías, a los que edificaban el muro los enfocó precisamente en sus familias. Querían dejar de edificar, el escombro era mucho y Nehemías los enfocó al por qué deberían seguir luchando.

Cuando la vida parece venir encima, es importante también saber por qué estamos en la lucha.

“Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas.” Nehemías 4:14

Me he puesto a pensar, cómo puedo rendirme hoy sabiendo que mi esposa a mi lado ha tenido que pagar un precio también. Cómo podría rendirme hoy sabiendo que como equipo nuestra familia ha seguido hasta adelante. Y al pensar en estas cosas y enfocarme en la verdadera razón de por qué lucho, cobro ánimo y continúo. Verdaderamente es pelear por nuestros hermanos, por nuestros hijos, por nuestras hijas y por nuestra esposa. Es por nuestra casa por lo que continuamos. 

No sé en qué etapa de la vida se encuentran. Sólo les comparto éstas cuatro áreas que para mí han hecho una diferencia. Sé que podría haber agregado otras cosas pero éstas son las que resaltan en mí en este momento. Espero que quizás una de ellas les brinde ánimo y enfoque. Todos estamos tratando de correr nuestra carrera y queremos terminarla fielmente.

Leave a comment