La vida cristiana está llena de mandamientos difíciles de comprender, pero que nos fueron dados para nuestro bien. Perdonar es uno de esos mandamientos. Humanamente todos estamos interconectados relacionalmente con otras personas. Somos seres sociales con nuestra propia forma de ser. Cada uno de nosotros vemos una misma cosa y la percibimos diferente, la sentimos diferente. Los sentimientos que tenemos hacia un evento no necesariamente son correctos, sin embargo es algo que sentimos. Muchas veces podemos dejar que lo que sentimos y lo que percibimos, nuble nuestro mejor juicio.
Muchas veces podemos dejar que lo que sentimos y lo que percibimos, nuble nuestro mejor juicio.
Ya pueden ver a lo que voy. Muchos de nuestros malos entendidos son problemas de percepción y sentimientos. No obstante, existen muchos eventos dolorosos en los que alguien traiciona nuestro amor, nuestra amistad o nuestra confianza. Todo esto crea dentro de nosotros un sentimiento que fácilmente se desarrolla en amargura contra la persona por quien nos hemos sentido ofendidos.
A través de los años no sólo he tenido que enfrentar lo que estoy a punto de aconsejar, sino también he visto lo que el diablo hace con personas que simplemente deciden ser caprichosas y vivir en sus corajes. Creo que perdonar es uno de los mandamientos más complicados, y también trae serias consecuencias a aquellos que deciden no hacerlo.
Quizás usted al leer esto no se considera una persona que ha sido afectada por no perdonar a alguien que le ofendió. Quizás usted vive siempre auto justificando su derecho de vivir en coraje o resentimiento por algo que le hicieron. Sin duda pudo haber sido algo muy doloroso. Creo que extender perdón a alguien a quien nosotros sentimos que no merece perdón, nos hace parecer más a Cristo que cuando amamos a aquellos que nos aman. Jesus dijo:
“Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos?” Mateo 5:46
Lo difícil de este versículo es que todos hemos fallado. Reconocemos nuestro deber pero muchas veces nuestro coraje y auto justificación nubla los claros mandamientos de Dios. No sé cuántas veces he estado en consejería y cuando hablo del perdón, personas han sido rápidas en responder algo así “no siento las ganas de perdonar”, “no puedo olvidar lo que me hizo”, “me cae mal y no hay nada que pueda hacer para que me caiga bien”. Usted pudiera poner lo que regularmente responde a la razón de por qué no quiere perdonar.
Sin embargo siempre seremos traicionados entre nuestra teología, esto es, lo que conocemos que la Biblia enseña y nuestro corazón, que continuamente traiciona nuestro mejor juicio. Por un lado conocemos Mateo 5:46 y por otro lado sentimos lo que sentimos por la acción dolorosa de la persona a quien no queremos perdonar. Veamos los siguientes principios para poder comprender más lo que Dios quiere que hagamos.
1. NO IMPORTA LO QUE LE HICIERON, SE LE MANDA PERDONAR.
Entiendo que muchas veces nosotros creemos que entre más doloroso fue lo que nos hicieron más derecho tenemos en retener nuestro coraje, pero Dios nunca nos dice tal cosa. Incluso Él es el supremo ejemplo en perdonar lo que es imperdonable. Cuando Él colgó en la cruz, vio a la gente que lo acababa de golpear, quienes le arrancaron la barba, lo vendaron y le escupieron, le dieron latigazos y lo crucificaron. Jesús tenía la capacidad de desaparecer con un sólo pensamiento a todas aquellas personas que le hicieron eso, pero esto fue lo que Jesús le pidió al Padre:
“Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.” Lucas 22:34
Jamás me han hecho todo lo que le hicieron a Jesús. Es por eso que nosotros tenemos que reflexionar bien cómo nos comportamos. Muchas veces he tenido que confesarle a Dios y pedir perdón por tener resentimiento, y aunque muchas veces me quisiera justificar pienso en esto y caigo en convicción, que no me han hecho nada en comparación a lo que le hicieron a Jesús. Y específicamente la Biblia nos manda que perdonemos como Jesús perdonó.
“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” Efesios 4:32
Esto quiere decir que es posible que usted y yo perdonemos como Cristo también nos perdonó.
2. PERDONAR ES UN ASUNTO DE LA VOLUNTAD.
Perdonar no es un asunto de sentimientos sino un asunto de la voluntad, muy similar a una responsabilidad que podamos tener en la vida. No todo el tiempo tenemos las ganas de trabajar pero decidimos, aún a pesar del sentimiento, proceder y cumplir con nuestra responsabilidad. Es decir, nuestra voluntad gana sobre el sentimiento de no hacer nada.
Perdonar no es un asunto de sentimientos sino un asunto de la voluntad.
Cuando alguien nos lastima, por esencia lo primero que buscamos es venganza. Queremos causar que la persona que nos lastimó sienta el mismo dolor que nosotros sentimos. Perdonar a alguien es ejercitar la voluntad de cancelarles el adeudo que acaban de crear en nuestras vidas. Generalmente vemos a todas las personas que nos lastimaron como deudores hacia nosotros. Ellos nos deben porque nos han lastimado. Perdonar es decidir conscientemente soltar esa deuda, por eso no existe tal cosa de perdonar y olvidar. Yo puedo recordar hasta las más mínimas ofensas que gente me ha hecho, pero al recordarlas no me lleno de resentimiento ni de coraje porque he tomado la decisión consciente de dejarlos libres de la deuda que tienen conmigo. He descubierto que la vida es mucho más feliz así, que vivir con una lista innumerable de ofensas que causan que muchos vivan enojados con todo mundo.
Generalmente vemos a todas las personas que nos lastimaron como deudores hacia nosotros
Cuando yo me pongo ropa estoy usando mi voluntad para llevar a mi cuerpo a tomar una acción. La voluntad es algo muy importante, porque cuando uno pierde la voluntad por una emoción, corre el riesgo de ser muy destructivo. Enojarse no es pecado, y eso nos lo dice la Biblia:
“Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,” Efesios 4:26
El problema no es con el enojo; el problema es cuando el enojo domina la voluntad. Es posible estar enojado y en control, pero de la misma forma es posible perder el control por el enojo. Eso tiene que ver con la voluntad. La diferencia entre enojarse y no pecar, y enojarse y perder control es lo que hace a una persona iracunda. Es cuando perdemos nuestra voluntad al mar de emociones, que somos conducidos a diferentes acciones incorrectas.
El problema no es con el enojo; el problema es cuando el enojo domina la voluntad.
“El hombre iracundo levanta contiendas, Y el furioso muchas veces peca.” Proverbios 29:22
Lo mismo vemos con las ofensas. El sentimiento de ser ofendido o lastimado es normal al ser humano. Es posible que cuando alguien le lastime esto sea algo que sienta profundamente en su corazón. Los sentimientos serán muy reales, las frustraciones pueden ser numerosas, pero tarde o temprano el cristiano con el poder del Espíritu Santo de Dios, puede lograr dejar a un lado todo y continuar su vida normal. Lamentablemente existen otros que son de voluntad débil; estas personas parecen ser fuertes, por fuera se ven personas duras y gente mal entiende lo que está pasando. Una persona que se enoja rápidamente o que siempre vive a la defensiva no es una persona con voluntad fuerte, mas bien es una persona que ha sido dominada por sus emociones por lo cual su voluntad es débil. El fuerte es el que tiene dominio propio, el débil es quien es controlado por sus emociones.
El fuerte es el que tiene dominio propio, el débil es quien es controlado por sus emociones.
Por lo cual el perdón es un acto de voluntad no un acto de la emoción.
“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.” Efesios 4:31
La razón que la Biblia nos ordena esto es porque estamos en pleno control de nuestra voluntad para hacerlo. Decidir no perdonar es tomar la decisión de ser una persona llena de amargura. El no quitarse la amargura, el enojo, la ira y la gritería es tomar la decisión consciente de rendir la voluntad a estas emociones. Cuando ve a alguien que pierde control y quiebra las cosas porque está enojado, tal persona no es fuerte, sino una persona sumamente débil que rindió su voluntad a sus emociones.
Podemos ver a gente débil por todos lados, ellos cargan listas de ofensas; siempre cargan en su corazón nombres de personas que les han ofendido. Viven con espíritu de víctima porque han rendido su voluntad a sus emociones. La percepción de ellos es que quieren vivir en un mundo perfecto en el cual nadie les lastime o los ofenda. En ese ambiente ellos serán de los mejores cristianos, porque nadie los pondrá en una situación en la que tengan que ejercer dominio propio o control de sus emociones.
3. RINDA SU VOLUNTAD A DIOS.
Rendir su voluntad a Dios es una expresión que se usa bastante en los círculos cristianos. Muchas veces personas lo entienden como un rendimiento para servir a Dios con sus vidas, pero rendir su voluntad a Dios significa que quizás su voluntad quiere hacer algo contrario a lo que Dios desea, y tiene que rendir la voluntad propia para hacer la voluntad de Dios. En el caso de perdonar a alguien a quien no quiere perdonar porque su voluntad ha sido debilitada por sus emociones, es trascendental que rinda su voluntad a la voluntad de Dios.
Quizás el primer paso para poder perdonar a alguien que no quiere perdonar, es pedir perdón por carecer de una actitud que Cristo quiere que tenga. La acción de ir a Dios en oración y pedirle perdón comienza a ablandar el corazón. No sé cuántas veces he ido a Dios y le he dicho “Señor, perdóname porque no me he comportado como tú quieres que yo me comporte; he permitido que la ira controle mi juicio y entre más permito esto en mi vida menos me parezco a ti, perdóname”.
La razón por la que aquellos que confiesan sus pecados alcanzan misericordia es porque están admitiendo su culpa. Sería muy fácil solamente apuntar el dedo a la persona que me ofendió y justificarme, pero la Biblia claramente me ordena que debo perdonar, y no perdonar es estar en desobediencia con Dios. Quizás éste es su día para ser libre de todos los corajes y amarguras que ha estado cargando por mucho tiempo. El primer paso es ir y presentarse ante Dios, pedirle perdón, y rendirse a Su voluntad.
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” Romanos 12:1
Tenemos que presentar nuestros cuerpos en sacrificio vivo, y no podemos presentarnos como sacrificio vivo si estamos en amargura por no querer perdonar a alguien más. Si llegamos una vez más a la pregunta ¿cómo puedo perdonar a alguien si no me nace perdonarle? Recuerde que perdonar es un asunto de la voluntad; recuerde que la única persona que es afectada al no perdonar es usted, y recuerde que para lograr esto tiene que rendir su voluntad a Dios, ya que su voluntad va a querer hacer las obras de la carne, pero debe rendirla para hacer la voluntad de Dios.
Aquellos que son de voluntad fuerte se rendirán a Cristo y podrán controlar sus emociones por medio de su voluntad. Aquellos que son débiles terminarán siendo víctimas de todas sus emociones por lo cual vivirán con mente de víctimas. Gente lastimada lastima a otros y fácilmente son lastimados, pero personas que rinden su voluntad a Dios tendrán la gracia de Dios y la ayuda del Espíritu Santo para poder perdonar correctamente.
Gente lastimada lastima a otros y fácilmente son lastimados
Espero que esto haya sido de ayuda el día de hoy y que le haya ayudado en algo con lo que quizás ha estado batallando.
“soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” Colosenses 3:13
