Lo que estoy a punto de enseñar, no es algo de lo que comúnmente se habla. Muchos pastores lo hemos sufrido, pero no lo tratamos abiertamente. Estoy hablando de cómo muchas familias, ya sea por trabajo, llegan a una nueva ciudad, y se unen a una iglesia; o por otra razón, se encuentran tomando membresía en una iglesia diferente.
Hay ocasiones donde Dios mueve a un pastor de una iglesia a otra, y muchas veces hace eso también con los hermanos. Mientras que este artículo no es para resolver el dilema de cuándo y cómo es la mejor forma de cambiar de iglesia, sí tratará de cómo garantizar el que nunca crezcas en la siguiente iglesia a la que te estás uniendo.
El asunto del que hablaré hoy, ya lo he tratado repetidas veces con las familias que salen de nuestra iglesia, para que tengan éxito en la siguiente a la que van. En mi iglesia, quisiera pensar, que no hay nadie que se siente obligado a estar allí.
Toda mi iglesia sabe que tenemos una política de puerta abierta. Es decir, si alguien, un día quiere salir, no le haremos guerra, al contrario, haremos lo posible para que salgan de la forma más pacífica, honrando a Dios.
Si es por un problema, haré lo posible para enfrentarlo, para ver si tiene solución. Si alguien simplemente no me quiere, y desea irse, quiero tener la madurez para tratarlo de tal forma que si se va, deje una puerta abierta para que regresen si un día así sienten que Dios los está dirigiendo.
Existen varios comportamientos comunes en aquellos que nunca crecerán en ninguna iglesia. Por más que cambien, siempre encontrarán algo que está mal, e irán de un lugar a otro. Pero, ¿por qué esto sucede así? Les quisiera ofrecer lo que he podido observar y experimentar.
Lamentablemente, he fallado en ganar a cada familia que ha venido a nuestra iglesia desde otra. Siempre he dicho esto, la Iglesia Bautista de Hermosillo es una iglesia para todo pecador, pero no para todo cristiano. Dejen que les explique el porqué.
Al meditar en cada familia que no pude ganar, estas son las características que tienen, más o menos, en común.
1. NUNCA LOGRAN DESCONECTARSE DE SU IGLESIA PREVIA
Creo que esta es una de las más comunes. Vienen de una iglesia de la cual, de una forma u otra, no logran cortar por totalidad. Están en una iglesia físicamente, pero su corazón en otra. Eso hace las cosas muy inestables; teniendo que soportar un lugar, mientras que se desea otro.
Están en una iglesia físicamente, pero su corazón en otra
“El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.” Santiago 1:8
Es muy difícil amar un lugar si tu corazón no está allí. Y hasta que no estés bien afirmado, todas las fricciones pequeñas, que pudieran ser olvidadas, son bombas grandes de recordatorios de por qué deberías estar en la otra iglesia que tanto extrañas. Es muy difícil conducir un carro viendo hacia atrás. Estás destinado a chocar. De la misma forma, no puedes crecer bien en una iglesia y estar volteando hacia atrás.
De la misma forma, no puedes crecer bien en una iglesia y estar volteando hacia atrás.
Muchas veces he tenido que hablar con hermanos que se han ido de nuestra iglesia, que les amo, pero hacen mal al tratar de continuar viendo hacia nosotros. Lo hago, no por falta de amor hacia ellos, sino por amor a ellos. Reconozco que nunca crecerán en su nueva iglesia mientras que me ven a mí como su pastor; mientras siguen viendo hacia atrás. Nunca es fácil perder una familia, especialmente cuando sirven. Más ganas tengo yo de decirles que regresen, a decirles que se desconecten de nuestra iglesia. Pero yo sé que si ellos tienen que crecer y servir como se debe, no lo pueden hacer mientras sigan conectados a su iglesia antigua.
Será difícil que sean bien recibidos, si los hermanos de su nueva iglesia siempre los escuchan hablar sobre lo bueno que era su otra iglesia.
2. CONTINUAN RECIBIENDO CONSEJERÍA DEL PASTOR ANTINGUO
Esta es un área que cada pastor tendrá que cuidar. Muchos que han llegado a nuestra iglesia, y se han ido, es porque siguen siendo los mejores amigos de la familia pastoral antigua. He tenido pláticas, donde hermanos que ya tenían tiempo en mi iglesia, se referían a su antiguo pastor como “mi pastor”, en el presente. Yo no me considero una persona insegura, pero les confieso que cosas así me han movido un poco a ser indiferente, por no saber cómo manejar los sentimientos.
Regularmente, cuando escucho que están en consejería con otro pastor, es una señal clara para mí que les dé su espacio, ya que no me consideran el pastor de ellos. Y lo hago porque no me impondré a ninguna persona. Nunca debo de imponerme como el pastor, si así ellos no lo desean.
“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto;” 1 Pedro 5:2
Haré todo lo posible, pero sí es difícil mientras que tales hermanos sigan recibiendo consejería por otro lado. Siempre viven comparando lo que digo con lo que dice el otro pastor, y no es saludable hacer eso.
Siempre viven comparando lo que digo con lo que dice el otro pastor, y no es saludable hacer eso.
Para los hermanos que se han tenido que mudar, mi función de consejero termina en cuanto los hermanos se unen a otra iglesia. Y lo hago por amor a ellos. Muchos pastores continuamente se mantienen en contacto con familias que salieron de su iglesia, y eso no les permite crecer en la siguiente.
Entonces, los hermanos que fracasan en su nueva iglesia son los que regularmente no logran desconectarse de la antigua, y siguen recibiendo consejería de su antiguo pastor.
3. VIVEN EN CONSTANTE COMPARACIÓN CON SU ÚLTIMA IGLESIA
Yo soy el primero en decirles que cada iglesia tiene sus fortalezas y debilidades. Una de las cosas que siempre arruina toda felicidad es la comparación. La felicidad termina, cuando la comparación inicia. Esto es cierto en cada area de nuestras vidas. Perdemos toda felicidad cuando vivimos comparando.
La felicidad termina, cuando la comparación inicia.
No sé cuántas veces he escuchado: “mi otra iglesia era mejor, porque hacíamos las cosas de esta forma”. El hablar así es una manera de garantizar que las personas paulatinamente se alejen de ti, porque te verán como temporal, como alguien que no quiere estar allí.
Yo sé que cada debilidad y área en la que la mi iglesia es deficiente es por mi culpa. Dios sabe que quisiera ser un buen pastor, quisiera deshacerme de mis debilidades y ser mejor. No tengo forma de excusar cualquier debilidad que tengamos, excepto decir que Dios sabe que sí trato de hacer lo mejor de mi habilidad.
Sin embargo, una forma para garantizar que no durarás mucho tiempo en tu iglesia nueva, es siempre compararla negativamente a todo lo positivo que estaba en tu iglesia antigua. Es difícil amar el lugar donde Dios te ha puesto, si sigues viendo la otra iglesia como una iglesia mejor.
Es difícil amar el lugar donde Dios te ha puesto, si sigues viendo la otra iglesia como una iglesia mejor.
4. SIEMPRE ESTÁN COMPARANDO AL NUEVO PASTOR CON EL ANTIGUO
“Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. 12 Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. 13 ¿Acaso está dividido Cristo? ¿Fue crucificado Pablo por vosotros? ¿O fuisteis bautizados en el nombre de Pablo?” 1 Corintios 1:11-13
Yo noto este problema cuando las personas vienen de iglesias más chicas. Cuando una iglesia es más chica, el pastor puede tener tiempo cercano y personal con cada uno. Cada semana es un café con el pastor; las familias se juntan, y ya no tanto porque son pastor y oveja, sino porque se hacen amigos. Muchas iglesias no crecen, porque el pastor nunca quiebra ese molde, y cualquier familia nueva que llegue a la iglesia no se sentirá como parte del núcleo íntimo de la iglesia.
Cada pastor es diferente. Tenemos dones diferentes, personalidades diferentes. Nadie es igual. “Diferente” no necesariamente quiere decir “mejor”; solo diferente. Si quieres tener éxito en tu nueva iglesia, haz todo lo posible para no comparar a los pastores. Nunca podrás poner raíces.
“Diferente” no necesariamente quiere decir “mejor”; solo diferente.
Personalmente, he escuchado de todo. Desde: “Pastor ,no hay nadie como tú, extrañamos la iglesia, extrañamos tu predicación” (esos momentos por unos segundos me la creo, ja, ja, ja), pero también he escuchado: “Nunca serás como mi otro pastor, él sí nos amaba, él sí nos ponía atención; predicaba con amor y nos alimentaba bien”. En estos momentos, solo trato de recibir el golpe emocional. Sea lo que sea, siempre recuerdo lo que el pastor nos decía cuando estudiábamos en el seminario: “Tienes que tratar los halagos y las críticas como el chicle, lo masticas por un rato y luego lo escupes.”
“Tienes que tratar los halagos y las críticas como el chicle, lo masticas por un rato y luego lo escupes.”
Si crees que cada halago te hace orgulloso, si crees que con cada crítica te vuelves depresivo, aprende lo que puedas de cada uno.
Espero que esto le ayude en su caminar con el Señor. Si fue de bendición, compártalo para que otros también sean edificados.
