SIGUE INTENTANDO

Ya estamos casi al fin del año. Esto representa para mí, como pastor, semanas de planeación, oración y examen. Por un lado, tengo ante mí un año muy brillante en el cual todo es posible. Por otro, tengo un año casi terminado con todas las cosas que no se pudieron lograr. No hay nada que trate de apagar una nueva inspiración como un viejo fracaso.  Quizás te encuentres con el mismo sentimiento. Quieres soñar, pero la realidad de ayer te atrapa. 

No hay nada que trate de apagar una nueva inspiración como un viejo fracaso. 

Esta temporada por sí misma ya nos vuelve un poco melancólicos. El sol se oculta más temprano; nos sentimos un poco cansados, y para hacer peor las cosas, sentimos que no somos suficientes ya que se acercan las fechas de Navidad por el horizonte. Unos planean en qué gastar su dinero; otros están orando para que Dios provea. Por lo regular todos nos encontramos con sentimientos mixtos. 

Quizás su matrimonio no es todo lo que debe ser, y el hecho de haber intentado, y que nada haya sucedido, nubla el deseo de volverlo a intentar. Quizás eres pastor, y ves que tu iglesia no creció como querías. Quizás viste una falta de interés en tu congregación hacia varias cosas que planeaste. Puedes estar en este momento pensando: “¿Para qué planeo algo, si de todos modos los hermanos no van a estar interesados?”. 

1. MI LUCHA INTERNA 

En lo personal, tengo encima de mí lo que en nuestra iglesia llamamos “Domingo de Visión”. Este domingo es mi oportunidad de dar la visión del próximo año. Predico sobre el nuevo lema de la iglesia y sobre cosas que la iglesia puede anticipar en el año que va iniciando. Y al salir a predicar, me lleno de sentimientos encontrados.  

Me imagino que los hermanos se están burlando de mí por dentro. Me imagino que están pensando: “Otras vez allí va el pastor con sus planes locos, ¿que no ve que nada está funcionando?”. Pero aun con esto muy presente en mi mente, intento predicar cada mensaje con convicción en mi corazón; aunque también soy traicionado con inseguridad, al tratar de imaginarme lo que ellos piensan de lo que estoy presentando. Lo que llamamos “domingo de visión”, nace de una agonía por tener una visión fresca, porque por naturaleza, los fracasos del pasado nublan lo que debo anticipar para el siguiente año. 

Los fracasos del pasado nublan lo que debo anticipar para el siguiente año. 

Yo sé que cada uno tenemos nuestras áreas en las que debemos seguir intentando. Si es del Señor, debemos seguir intentando. La fe es creer que todas las piezas se unen en conjunto y su fin será una obra de de arte que solo Dios puede armar. Dios nos dará las oportunidades para que Él sea la única razón para hacer las cosas que hacemos. Y es allí donde creo que está mi problema, y si eres sincero, también el tuyo.

Yo quiero hacer las cosas para la gloria de Dios, pero también para el beneficio mío. Deja que sea un poco más sincero, ya que quiero que Dios use este artículo: cuando predico, quiero que Dios sea glorificado, pero luego batallo con el querer predicar de tal forma que la gente me quiera escuchar y quedarse en la iglesia. No todo el tiempo Dios es mi única razón por la que hago las cosas. Es una lucha que siempre tengo que confesarle a Dios para que me perdone. 

“Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” 1 Corintios 10:31

Y al entender esto, me doy cuenta de que todas mis luchas no tienen que ver con la aprobación de Dios (pues si hago lo que me pide la tendré), sino con todas las expectativas que yo buscaba al tratar de glorificar a Dios. 

Al preparar todo lo que hice para Dios, tenía una expectativa interna, que no le decía a nadie, no lo decía en voz alta, pero sí estaba muy dentro de mi corazón. Quería resultados visibles para todo lo que hacía para Dios. Sí quiero que Dios reciba la gloria, pero también quisiera que mi iglesia creciera. Sí, que Dios reciba la gloria, pero que existiera un beneficio externo para que me siga motivando a hacer “todo para la gloria de Dios”. ¿Ven el gran problema con esto? ¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Si Dios fuera la única razón por la que hago lo que hago, no me desanimara tanto el hecho que no vi los resultados que tanto quería. 

Ahora que fui transparente, espero que no piensen lo peor de mí. Pero los llevare en cómo muchos de ustedes, en su área, también cometen el mismo error. Quizás esa es la razón por la que Dios no ha dado el resultado que tanto buscamos. 

Si una esposa se sometiera a su esposo, solo para que Dios sea glorificado en su obediencia a Él, ella no parara de ser sumisa al ver la indiferencia de su esposo. Incluso, una esposa quizás diga: “voy a someterme, sí, para que Dios sea glorificado, pero también para que mi esposo me trate bien”. Cuando la esposa se somete y su esposo no responde como ella pensó, ella para de hacer lo correcto, porque no era “solo” para la gloria de Dios. Además, esto aplica igual a los esposos. 

2. NUESTRO PROBLEMA ES QUERER VER RESULTADOS RÁPIDOS

Muchas veces como cristianos hacemos el bien, y queremos resultados rápidos, y cuando no los vemos tiramos la toalla. Se nos olvida rápido el perseverar haciendo el bien. Pablo dijo:

No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.” Galatas 6:9

Para seguir haciendo el bien a largo plazo, es necesario que Dios sea nuestro único motivo, si no, esperamos la cosecha inmediata. Debemos hacer el bien porque es correcto hacer el bien, no porque el bien nos dará un beneficio a nosotros. 

Dios nos da año tras año oportunidades para darnos cuenta dónde se encuentra nuestra fe. Nos da oportunidades para ver si es cierto que creemos lo que decimos que creemos. Creerle a Dios cuando la vida es tranquila es fácil. Es cuando estamos en medio de la tormenta que se revela la verdadera naturaleza de nuestra fe. Necesitamos tener fe para seguir adelante; para seguir intentando, aunque la fe en esos momentos se vea como un caos.

Creerle a Dios cuando la vida es tranquila es fácil. Es cuando estamos en medio de la tormenta que se revela la verdadera naturaleza de nuestra fe

3. SIGUE INTENTANDO

Quizás usted también tiene un poco de reserva en intentarlo otra vez, sea lo que sea que esté haciendo. Sigue buscando trabajo, aunque pasen los días sin recibir una llamada. Sigue intentando, aunque el diagnóstico del doctor no sea favorable. Sigue intentando aunque la prueba de embarazo siga saliendo negativo. 

Sigue intentando, no solo porque buscas un resultado favorable, sino porque Dios es glorificado en que hagamos lo correcto, en que no perdamos fe. Él se glorifica cuando es la única razón que seguimos. Quizás debes orar: “Señor, voy a esta entrevista de trabajo. He tenido otras treinta, y ninguna me ha resultado como quiero. Pero Señor, no pierdo fe en que es tu voluntad que trabaje. Me siento ridículo yendo. Siento que aun esta entrevista no me va salir como quiero, pero lo voy a hacer para ti, porque tú quieres que lo haga, y si aun me dicen que no, quiero estar seguro de que tú estás feliz con mi vida”. Muchas veces he hecho oraciones similares, donde me siento ridículo pero lo hago porque yo se que Dios quiere que lo haga. 

Si sabes que es del Señor, sigue intentando de nuevo. No deje que lo que salió mal ayer, le robe la pasión de seguir hacia adelante para intentarlo otra vez. 

“Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.” Filipenses 3:13-14

4. COMIENZA A CONFIAR EN DIOS

No quiero que suene contradictorio lo que estoy apunto de decir en esta sección. No solo “debes intentar”. Si solo “intentas las cosas”, te encontrarás desanimado muy rápido. Creo que una de las claves para seguir intentando a largo plazo es reemplazar el “intentar” con el “confiar”. En otras palabras, sigo intentando porque estoy confiando en Dios. No es solo un intento de cumplir una meta, es seguir intentando cumplir algo que Dios puso en mi corazón. Y para seguir intentando, tengo que seguir confiando en Dios. 

Isaac no nació nueves meses después que Dios le prometió a Abraham y Sara que tendrían un hijo. Pasaron veinticinco años. José no llegó a una posición de poder una semana después que soñó su sueño. Pasaron veintitrés años. Y entre medio de su sueño y su cumplimiento, hubo muchas pruebas. Pero siguió hacia adelante, porque confió en Dios. 

“Echa sobre Jehová tu carga, y él te sustentará; No dejará para siempre caído al justo.” Salmos 55:22

5. SI ES DE DIOS LO QUE ESTÁS TRATANDO DE HACER, VALE LA PENA SEGUIR INTENTANDO

Quiero terminar con este pensamiento: muchos no ven sus sueños una realidad porque se dan por vencidos. No porque eran imposibles, sino porque se dieron por vencidos. Que bendición que Dios muchas veces permite que veamos lo que estábamos intentando hacer, una realidad. Nunca debemos de dejar de hacer el bien por la fe que tenemos, que a su debido tiempo segaremos si no desmayamos. Es esa fe que debe mantenernos fiel, haciendo el bien y orando, porque estamos con la esperanza de que Dios conteste y podremos ver materializarse lo que percibíamos que era la voluntad de Dios en nuestras vidas. Nos recuerda a lo que dice Hebreos 11:

“¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; 33 que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, 34 apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.” Hebreos 11:32-34

Pero también si es del Señor él es más que digno de que sigamos intentando, porque merece nuestro mejor esfuerzo, aunque nunca veamos aquello por lo que tanto luchamos. Dios merece que nunca perdamos fe en sus promesas. Él merece nuestro mejor servicio, aunque no consigamos resultados visibles. Esto también nos recuerda de la victoria de la fe en Hebreos 11:

“Y todos estos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido;” Hebreos 11:39

Al entrar a este próximo año, no pierdas fe. Sigue luchando por tu matrimonio, por tu ministerio, por tus hijos. Por cualquier cosa que no has visto materializarse. Sí, por la esperanza de que Dios nos dé el resultado que deseamos, pero también porque Dios es digno de que su pueblo siempre le crea. 

Espero que algo en este artículo haya sido de ayuda a su vida. Si así lo fue, compártalo a otros. 

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