El matrimonio es un pacto sagrado diseñado por Dios, concebido como un viaje de amor, compromiso y unidad para toda la vida. La metáfora del viaje es una representación acertada del matrimonio, pues no alcanzamos nuestro destino final hasta llegar a la presencia de Dios. A lo largo de esta travesía, es natural hacer paradas en diferentes estaciones de la vida, momentos de crecimiento, desafíos y renovación. Sin embargo, mientras vivamos y estemos casados, el matrimonio seguirá siendo una jornada continua. Muchos creyeron que el matrimonio era el destino, cuando en realidad, sólo marcaba el inicio del verdadero camino. Como bien dijo el Pastor Chappell:
“Y cuando se refiere al viaje del matrimonio, el crecimiento es lo que más importa. Pienso que la mayoría de nosotros comenzamos el matrimonio con la idea de que ese momento en sí es el destino. Aunque no lo expresamos así, vemos nuestra boda con la expectativa subconsciente de que una vez que salgamos en nuestro carro rentado con latas titilando de la polvera, finalmente “hemos llegado”. De aquí en adelante, tomamos por sentado que seremos libres para disfrutar el increíble destino del “matrimonio” con nuestro cónyuge. Sin embargo, en el camino, tal vez hasta en la luna de miel, descubrimos que a pesar de lo maravilloso que el matrimonio puede ser, es más como un viaje que como un destino. En lugar de estar en una isla de dicha sin fin y placer interminable, es como un viaje largo en coche – el tipo de viaje donde está emocionado por el destino, le encantan los recuerdos adquiridos en el camino, y a veces se molesta con los detalles del viaje.” Paul Chappell
Si bien la vida matrimonial es un viaje, es fundamental entender que, para disfrutarlo plenamente, debemos aprender a convivir armoniosamente en el vehículo que nos transporta de una etapa a otra. Cultivar y nutrir una vida amorosa es la clave para hacer que el recorrido del matrimonio sea más placentero. No obstante, mantener un amor sólido y duradero requiere esfuerzo intencional, paciencia y, sobre todo, la guía de la Palabra de Dios.
Cultivar y nutrir una vida amorosa es la clave para hacer que el recorrido del matrimonio sea más placentero.
Lamentablemente, para muchos, el matrimonio se ha convertido en una experiencia difícil porque no han logrado hacer la transición de ser “competidores” a ser “compañeros y amantes”. Cuando una persona asume una actitud competitiva en la relación, se enfoca más en cambiar a su cónyuge o en tener siempre la razón, lo que desvía al matrimonio en la dirección equivocada. Esta dinámica es la causa de que tantos matrimonios sufran y pierdan la alegría que deberían tener. Gary Chapman lo explica de manera acertada:
“Miles de parejas están pasando apuros en sus matrimonios. Tal vez ustedes sean una de ellas. Quizá podrían escribir un libro titulado “Cómo estar casado y ser miserable”. Algunos de ustedes han estado casados durante cinco años y otros durante veinticinco años. Se casaron con las mismas grandes esperanzas con las que la mayoría de nosotros dijimos: “Acepto”. Nunca tuvieron la intención de ser miserables; de hecho, soñaron que en el matrimonio serían supremamente felices. Algunos de ustedes eran felices antes de casarse y esperaban que el matrimonio simplemente mejoraría su ya emocionante vida. Otros se casaron con una historia profundamente disfuncional. Su esperanza era que en el matrimonio finalmente descubrirían el significado y la felicidad.” Gary Chapman
Luego dijo:
“Ustedes sinceramente esperan que las cosas mejoren. Muchos de ustedes sienten que han tratado de lidiar con los problemas que les ha impedido a ustedes y a su cónyuge estar unidos en matrimonio. La mayoría se sienten desanimados con los resultados. Si han buscado asesoramiento, no ha sido muy productivo. Si han leído libros, los han leído solos, deseando que su cónyuge pudiera escuchar lo que el autor distante está diciendo, y que se sintiera impulsado a cambiar. Algunos de ustedes han probado el método tranquilo, sereno y directo de la confrontación amable. Su cónyuge ha respondido con silencio.” Gary Chapman
Esto refleja la situación desesperante en la que se encuentran muchas parejas. Sin embargo, la buena noticia es que siempre hay esperanza para mejorar un matrimonio. Siempre puede ser mejor si ambos están dispuestos a abrirse y hablar sobre lo que han evitado discutir. Pero esta vez, no se trata de quién tiene la razón, sino de comprender qué necesidad no se está satisfaciendo en su cónyuge y esforzarse por suplirla. Un matrimonio feliz no se logra sin esfuerzo; requiere compromiso y crecimiento constante. La Biblia nos ofrece muchas virtudes que nos ayudan a convertirnos en el cónyuge correcto, aquél que edifica y fortalece el matrimonio en lugar de debilitarlo.
La Biblia proporciona principios eternos para ayudar a las parejas a cultivar un amor profundo y duradero. Aquí hay lecciones bíblicas clave para fortalecer su matrimonio.
1. AME INCONDICIONALMENTE
Una de las instrucciones más profundas de las Escrituras con respecto al matrimonio, es que los esposos amen a sus esposas como Cristo ama a la iglesia.
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,” Efesios 5:25
“El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.”. 1 Corintios 13:4-7
El amor de Cristo es desinteresado, sacrificial e incondicional. De la misma manera, tanto esposos como esposas deben amarse sin condiciones ni expectativas. El verdadero amor no depende de los sentimientos, sino del compromiso y las acciones diarias.
Uno de los mayores desafíos en el matrimonio es la lista interminable de expectativas insatisfechas. Con demasiada frecuencia, juzgamos y tratamos con dureza a nuestro cónyuge porque, a nuestros ojos, siempre parecen quedarse cortos. Sin embargo, el amor genuino no se enfoca en lo que falta, sino en lo que se puede dar.
2. PRIORICE A SU CÓNYUGE
El matrimonio requiere un esfuerzo intencional para mantener la cercanía y fortalecer la relación. Dios lo diseñó para que dos personas dejen atrás sus vínculos pasados y formen una unión nueva e inseparable. Sin embargo, muchas parejas sólo prestan atención a su matrimonio cuando los problemas ya han tomado control.
A menudo, tratan su matrimonio como tratan su automóvil: notan los pequeños ruidos, sienten que algo no funciona bien, pero ignoran las señales de advertencia hasta que el vehículo finalmente se detiene por completo. En lugar de esperar una crisis, es fundamental invertir tiempo y esfuerzo constantemente para mantener el matrimonio en buen estado y evitar un colapso.
En lugar de esperar una crisis, es fundamental invertir tiempo y esfuerzo constantemente para mantener el matrimonio en buen estado y evitar un colapso.
Muchos sienten que su matrimonio no está en su mejor momento, pero no lo convierten en una prioridad hasta que el daño es tan profundo que los deja al borde del desastre. Cuanto más se pospone la solución, más difícil y costoso es repararlo. Priorizar el matrimonio antes de que los problemas se agraven es clave para mantener una relación saludable y fuerte.
“Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Génesis 2:24
“El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. 4 La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. 5 No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.” 1 Corintios 7:3-5
Esto significa hacer de su cónyuge una prioridad en todas las áreas de la vida: física, emocional y espiritual. Pasar tiempo de calidad juntos, mantener la intimidad y nutrir la relación son esenciales para un matrimonio próspero. Recuerden esto, es más fácil mantener una buena relación que recuperar una relación rota.
3. COMUNÍQUESE CON AMOR Y RESPETO
La comunicación eficaz es uno de los aspectos más importantes de un matrimonio fuerte. La forma en que los cónyuges se hablan entre sí puede fortalecer o destruir la relación.
“La blanda respuesta quita la ira; Mas la palabra áspera hace subir el furor.” Proverbios 15:1
“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.” Efesios 4:29
Aún me sigue sorprendiendo el nivel de palabras hirientes que muchas parejas se dicen con la intención de lastimarse. Es impactante ver que, incluso entre cristianos, el trato verbal puede ser tan dañino como el de aquellos que no conocen a Dios.
Lamentablemente, muchos no se dan cuenta de que el abuso verbal puede ser tan destructivo para una relación como el abuso físico. Las palabras pronunciadas en momentos de ira pueden dejar cicatrices profundas que nunca se borrarán por completo. Si hay alguien que debe proteger el matrimonio, son los propios cónyuges. Al final, comprenderán que nadie tiene el poder de dañar su matrimonio tanto como ellos mismos. Como bien dijo Gary Chapman:
“Hace tiempo que conocemos los efectos devastadores del abuso físico en una relación matrimonial (en el próximo capítulo se analizarán las respuestas a ese tipo de abuso). Ahora estamos empezando a comprender que el abuso verbal puede ser igualmente devastador. El abuso verbal destruye el respeto, la confianza, la admiración y la intimidad; todos ellos ingredientes clave de un matrimonio saludable. La mayoría de nosotros “perdemos el control” a veces y podemos decir palabras duras e hirientes, de las que luego nos arrepentimos. Pero si somos espiritual y emocionalmente maduros, reconocemos que se trata de una conducta inapropiada. Expresamos nuestro pesar y pedimos perdón a nuestro cónyuge, y la relación se cura.” Gary Chapman
Las parejas deben procurar escuchar más de lo que hablan, resolver los conflictos con amor y usar palabras que alienten en lugar de destruir. Respetar los pensamientos y sentimientos del otro fomenta una conexión emocional más profunda.
4. PERDONAR Y MOSTRAR GRACIA
Ningún matrimonio es perfecto, porque ninguna persona lo es. Los errores, los malentendidos y los sentimientos heridos son inevitables, pero el perdón es fundamental para mantener vivo y fuerte el amor. Cuando un cónyuge decide no perdonar al otro, está eligiendo permitir que la amargura se infiltre y destruya lo que ambos han construido. El perdón no sólo sana, sino que fortalece la relación, permitiendo que el amor siga creciendo a pesar de las imperfecciones.
Cuando un cónyuge decide no perdonar al otro, está eligiendo permitir que la amargura se infiltre y destruya lo que ambos han construido.
“soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” Colosenses 3:13
“Y ante todo, tened entre vosotros ferviente amor; porque el amor cubrirá multitud de pecados.” 1 Pedro 4:8
Guardar rencor sólo alimenta la amargura, mientras que el perdón trae sanación y paz. Así como Dios nos extiende Su gracia, los cónyuges deben practicar la misma gracia y paciencia el uno con el otro, permitiendo que la relación se fortalezca y crezca en amor y comprensión.
5. LUCHE POR TENER SALUD SEXUAL
En un mundo tan sexualizado, resulta sorprendente que muchos matrimonios, incluidos los cristianos, enfrenten tantas luchas en su vida sexual. Es lamentable, ya que Dios diseñó la relación sexual dentro del matrimonio no sólo para la procreación, sino también para que sea una fuente de placer y unión. La intimidad sexual es un regalo divino destinado a fortalecer el vínculo y la conexión entre los cónyuges.
La intimidad sexual es un regalo divino destinado a fortalecer el vínculo y la conexión entre los cónyuges
Es evidente que, si en un matrimonio no hay perdón ni muestras de amor, también faltará mucho para tener una vida sexual placentera. Muchas parejas sólo tienen relaciones por necesidad, no porque verdaderamente deseen encontrarse y disfrutar el uno del otro. Para algunos, la intimidad se convierte en una obligación para satisfacer a su cónyuge, pero al final se sienten vacíos y desconectados. Si no tuvieran relaciones sexuales, muchos no notarían diferencia, ya que la verdadera conexión y satisfacción emocional no están presentes.
Muchas parejas sólo tienen relaciones por necesidad, no porque verdaderamente deseen encontrarse y disfrutar el uno del otro.
Mucho tiene que ver con el estilo de relación dentro del matrimonio. Tanto el hombre como la mujer a menudo fallan en comprender cómo provocar y fomentar el deseo en su cónyuge para que ambos disfruten de la intimidad. Ambos tienen responsabilidad en crear un ambiente emocional y físico en el que el deseo se cultive de manera mutua. Si el hombre no sabe cómo estimular a su esposa o carece de la paciencia para ayudarla a estar lista, tanto física como emocionalmente, es probable que ella nunca se sienta plenamente involucrada. Esto puede llevar a una desconexión, donde él experimenta satisfacción mientras ella se queda sin sentir el mismo placer, lo que puede generar frustración y falta de intimidad en la relación.
Si el hombre no sabe cómo estimular a su esposa o carece de la paciencia para ayudarla a estar lista, tanto física como emocionalmente, es probable que ella nunca se sienta plenamente involucrada.
Si la mujer no entiende la importancia del ego de su esposo y no sabe cómo comunicarse con él de manera que exprese sus deseos de manera clara y atractiva, es más probable que él pierda el interés en la intimidad. Es crucial que ella le haga sentir deseado, no sólo físicamente, sino emocionalmente, para que él se sienta motivado a conectarse íntimamente. Si esto no sucede, es posible que él vea la cama sólo como un lugar para descansar, no para disfrutar de una experiencia compartida con su esposa. En lugar de sentir deseo y conexión, él podría comenzar a fantasear con la idea de tener una esposa que lo desee de manera activa, y se sentirá desmotivado si percibe que tiene que esforzarse mucho para recibir poco a cambio.
Si la mujer no entiende la importancia del ego de su esposo y no sabe cómo comunicarse con él de manera que exprese sus deseos de manera clara y atractiva, es más probable que él pierda el interés en la intimidad.
El resultado es que ambos se van a acostar, deseando tener intimidad, pero sin querer gastar energía en una relación en la que se debe forzar para obtener algo a cambio.
“pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido. 3 El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. 4 La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer. 5 No os neguéis el uno al otro, a no ser por algún tiempo de mutuo consentimiento, para ocuparos sosegadamente en la oración; y volved a juntaros en uno, para que no os tiente Satanás a causa de vuestra incontinencia.” 1 Corintios 7:2-5
Conclusión
Una vida amorosa sólida en el matrimonio no es automática: requiere amor, paciencia y un compromiso con los principios bíblicos. Al amar incondicionalmente, priorizar a su cónyuge, comunicarse eficazmente, perdonar libremente y luchar por una vida sexual saludable, las parejas pueden construir un matrimonio duradero y satisfactorio.
¡Que su matrimonio refleje el amor de Dios y sea de gloria para Él!
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