El tiempo de noviazgo es uno de los momentos más emocionantes en la vida de un joven. Es un tiempo de conocer a alguien especial, de soñar juntos, de hacer planes y de imaginar un futuro en común. Pero también es un tiempo donde las emociones pueden jugar en contra si no somos sabios.
Lamentablemente, no es raro ver matrimonios cristianos atravesar crisis profundas. Pero la mayoría de esas dificultades no comenzaron después de casarse, muchas se originaron desde el noviazgo. Fueron el resultado de un noviazgo mal manejado, donde se ignoraron señales de advertencia que estaban a la vista. Tristemente, muchos jóvenes se arriesgan demasiado al cerrar los ojos a las luces rojas que ya están viendo en su relación. Ignorar esos problemas hoy, puede convertirse en un dolor mucho mayor mañana.
Tristemente, muchos jóvenes se arriesgan demasiado al cerrar los ojos a las luces rojas que ya están viendo en su relación.
Antes de comprometerte al matrimonio, quiero animarte a considerar estas tres preguntas importantes. No son para desanimarte, sino para ayudarte a construir un futuro sólido, centrado en la sabiduría de Dios y no en emociones pasajeras.
Puedes esforzarte al máximo y hacer las cosas según tu mejor criterio, pero al final del día, los mejores resultados no vienen de nuestra habilidad, sino de nuestra obediencia a Dios. Es Él quien sabe cómo edificar un matrimonio sólido y duradero. Por eso, es mucho mejor dejarte guiar por Su Palabra y confiar en Sus caminos.
“Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guardia.” Salmo 127:1
El verdadero fundamento de un buen matrimonio no está en lo mucho que tú puedas hacer, ni en tu esfuerzo, ni en tu estrategia, sino en lo que Dios hace cuando decides dejarte guiar por Él. Dios edifica hogares firmes y bendecidos cuando Sus hijos caminan en obediencia a Su Palabra. No se trata de pedirle a Dios que bendiga lo que hacemos a nuestra manera, sino de vivir dentro de Su voluntad.
Dios edifica hogares firmes y bendecidos cuando Sus hijos caminan en obediencia a Su Palabra.
Muchos quieren que Dios edifique su matrimonio mientras ellos viven apartados de Sus principios. Pero lo que a veces olvidamos es que nosotros mismos somos la herramienta que Dios usa para edificar un hogar. No podemos construir sobre la arena y luego pedirle a Dios que lo convierta en roca. Jesús fue claro: los que edifican su casa sobre la roca son aquellos que escuchan Su Palabra y la obedecen.
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.” Mateo 7:24
Dios no te va a decir directamente con quién casarte. Él no te enviará una voz del cielo ni un mensaje secreto. Lo que sí hizo fue dejarnos en Su Palabra la descripción clara de las cualidades de un verdadero creyente, de un hombre o una mujer que vive en obediencia a Él. Dios espera que tengas la fe suficiente para confiar en Sus principios, y que pongas tus ojos en alguien que refleje las cualidades que Él ha establecido.
Dios espera que tengas la fe suficiente para confiar en Sus principios, y que pongas tus ojos en alguien que refleje las cualidades que Él ha establecido.
De todos los consejos que se pudieran dar sobre el matrimonio, hoy quiero dejarte solo tres preguntas fundamentales. Son preguntas simples, pero muy importantes. Tal vez piensas que ya las tienes respondidas, pero si no las has contestado con sinceridad y profundidad, lo más probable es que esas preguntas ignoradas se conviertan en los problemas más grandes después del matrimonio.
1. ¿TU NOVIO O NOVIA TIENE LAS CUALDIADES DE UNA PERSONA QUE PODRÁ CUMPLIR CON SU DEBER COMO CONYUGUE?
El matrimonio no es solo un sentimiento bonito, es un compromiso de por vida. Muchos jóvenes en el noviazgo ven defectos evidentes en su pareja, pero se engañan pensando: “Cuando nos casemos, eso va a cambiar”. No te engañes. El matrimonio no tiene un poder mágico para transformar el carácter de alguien. Si ahora es irresponsable, egoísta, perezoso, o tiene mal carácter, lo más probable es que en el matrimonio eso se intensifique.
Si esa persona con la que estás considerando casarte hoy carece de cualidades básicas y visibles de un verdadero creyente, por ejemplo, no es fiel en la iglesia, no tiene un testimonio piadoso, no es conocida por vivir para Dios, es muy probable que así siga siendo después del matrimonio. No estoy diciendo que Dios no pueda cambiar a alguien, claro que Dios tiene poder para transformar cualquier vida, pero hay algo que debes entender: Dios no te está prometiendo a ti que eso necesariamente va a suceder.
Casarte esperando que después esa persona cambie, o pensando que tú lo vas a cambiar, es entrar a un matrimonio con una fe mal dirigida. Eso no es fe en Dios; eso es ignorar la realidad que tienes enfrente. Dios nos llama a ser sabios, no a ser necios con nuestras decisiones.
Si después te encuentras viviendo en medio de una gran decepción porque tu matrimonio no es lo que esperabas, será porque no respondiste con sinceridad las preguntas importantes antes de comprometerte, o porque decidiste ignorar señales claras que Dios ya te estaba mostrando.
Las luces rojas no son casualidad. Son advertencias de la gracia de Dios para protegerte antes de que sea demasiado tarde. No busques perfección, pero sí busca señales claras de madurez espiritual, responsabilidad y amor genuino por Dios y por ti.
“El avisado ve el mal y se esconde; Mas los simples pasan y llevan el daño.” Proverbios 27:12
2. ¿ESTÁS CONCIENTE QUE NO PUEDES CAMBIAR LO LOS DEFECTOS QUE CONOCES DE TU NOVIO(A)?
Uno de los errores más comunes en el noviazgo es pensar que “yo lo/la voy a cambiar”. Es cierto que Dios puede transformar a una persona, pero eso es obra del Espíritu Santo, no del cónyuge.
Antes de casarte debes preguntarte: ¿Podría vivir con esta persona tal como es hoy, si nunca cambiara? Si la respuesta es no, entonces no estás listo para dar ese paso. Recuerda: el matrimonio no es un proyecto de rehabilitación. Es un pacto de amor, aceptación y compromiso.
El matrimonio no es un proyecto de rehabilitación.
3. ¿ESTAN DE ACUERDO EN LOS VALORES QUE QUIEREN VIVIR COMO MATRIMONIO?
No basta con que se gusten o se amen. Muchos jóvenes se enamoran de una idea más que de la realidad. Hablan mucho de emociones, pero poco de vida práctica.
¿Han hablado de cómo quieren manejar el dinero?
¿De cuántos hijos quisieran tener?
¿De qué lugar tendrá Dios en su hogar?
¿De qué valores quieren vivir como familia?
¿Del rol del esposo y la esposa en el matrimonio?
Si nunca han hablado de estos temas, entonces no están enamorados de una realidad, están enamorados de un sueño. No se están preparando para un matrimonio real, sino para una ilusión.
Es importante que, en el noviazgo, hablen con sinceridad sobre los valores que quieren vivir como pareja. ¿Están comprometidos a ser fieles a la iglesia? ¿Planean servir juntos en algún ministerio? ¿Qué haría que dejaran de congregarse o de servir a Cristo? ¿Qué lugar tendrá Dios en su hogar, en su tiempo, y en sus decisiones?
Estas son preguntas esenciales que no se pueden ignorar. No basta con decir “nos amamos” si no han hablado de lo que realmente significa caminar juntos en obediencia a Dios. El amor verdadero no solo sueña bonito, planifica con sabiduría y establece prioridades claras.
Un noviazgo que no conversa de estas cosas está construyendo sobre emociones, no sobre convicciones.
“¿Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” Amós 3:3
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