Hoy en día se habla mucho sobre la inteligencia emocional, un término que aparece frecuentemente en libros de autoayuda. Sin embargo, lo que quiero tratar en este momento es un tema un poco diferente: la madurez emocional. Puede sonar como un concepto psicológico, y quizá muchos prefieran evitarlo para no ser vistos como si estuvieran siguiendo las corrientes de este mundo. Pero quiero dejar claro que sí creo que existe una diferencia real entre una persona emocionalmente madura y una que no lo es.
¿Qué es la madurez emocional?
De una forma u otra, necesitamos tener una comprensión bíblica de este concepto. La Biblia trata directamente el tema de las emociones: nos muestra que las emociones son de Dios y también de los hombres. Dentro de sus páginas encontramos principios claros sobre cómo debemos manejar nuestra vida emocional. Con el tiempo, he visto que las personas que carecen de madurez emocional suelen enfrentar numerosos problemas interpersonales.
Entonces, ¿cómo podríamos definir la madurez emocional? Haré mi mejor esfuerzo para darles una definición sencilla:
La madurez emocional es (a) la capacidad de diferenciar e identificar correctamente las propias emociones, y (b) concederse la libertad de experimentar aquellas emociones que son apropiadas para una situación dada, sin pecar contra Dios.
En otras palabras, la Biblia me concede el derecho de enojarme, la ira es una emoción legítima, pero no me concede el derecho de pecar a causa de ella. Efesios 4:26 nos recuerda: “Airaos, pero no pequéis”. Así como Dios revela Sus emociones, siempre justas y en perfecta santidad, nosotros también tenemos emociones, pero, lamentablemente, a menudo las expresamos de manera pecaminosa. Nuestra ira rara vez es justa; nuestro coraje muchas veces nace de amargura, falta de perdón o orgullo herido.
Por eso, hablar de madurez emocional es muy importante. Quisiera ofrecer un poco de ayuda, especialmente para quienes hoy sufren por su inmadurez emocional, usando ejemplos de la vida real y la enseñanza bíblica, para que lleguemos juntos a un entendimiento básico sobre cuál debe ser nuestra meta como seres humanos redimidos.
Un problema poco atendido
Desafortunadamente, los evangélicos contemporáneos han prestado poca atención al desarrollo de una teología o antropología bíblica de las emociones. Cuando se habla de emociones, las voces dominantes suelen ser opiniones personales, prejuicios culturales o psicología popular. Peor aún, rara vez se cuestionan estas ideas o se comparan con la Biblia, como si las Escrituras guardaran silencio sobre este tema.
Experiencia personal en consejería
A lo largo de los años en el ministerio, Dios me ha permitido involucrarme en muchos casos de consejería. Recuerdo que, al principio, solía pedir unos días para orar, pensar y meditar antes de dar un consejo. Nunca he tenido temor de admitir que no sé algo, ni de buscar consejo cuando lo necesito.
Una de las cosas que he observado consistentemente es que ciertas características de inmadurez emocional aparecen una y otra vez, casi de forma predecible, en las vidas de aquellos que enfrentan grandes problemas interpersonales. La manera en que manejamos nuestras emociones puede marcar una enorme diferencia en nuestro matrimonio, en nuestro trabajo y en nuestras relaciones. Muchos han perdido familias, empleos y oportunidades debido a reacciones emocionales descontroladas, justificándose a sí mismos, sin darse cuenta de que ellos mismos fueron sus peores enemigos.
La Biblia y las emociones
La Biblia establece normas no solo para nuestro comportamiento y pensamientos, sino también para nuestras emociones y afectos.
- Pablo dijo a los corintios que su objetivo era trabajar para su gozo (2 Corintios 1:24).
- Pedro nos exhorta a echar todas nuestras ansiedades sobre el Señor (1 Pedro 5:7).
- A lo largo de las Escrituras, encontramos mandamientos como “No temas” y exhortaciones a regocijarnos en el Señor.
- Se nos llama a odiar lo que Dios odia (Salmo 97:10) y a servir con alegría y gozo de corazón (Deuteronomio 28:47).
Todo esto demuestra que Dios sí habla claramente sobre nuestras emociones, y tiene expectativas específicas sobre cómo deben ser expresadas. Hay reglamentos divinos sobre nuestro mundo interior, aunque esto choque con una cultura moderna que nos enseña a expresar sin filtro cualquier sentimiento o pensamiento.
Quisiera animarte a reflexionar sobre tu vida emocional. Tal vez puedas reconocer cómo, en más de una ocasión, tus emociones te han metido en problemas. Mi deseo es ofrecer un poco de luz sobre este tema, para ayudarte a minimizar el daño y a empezar a cultivar dominio propio, tal como Dios nos manda.
1. SOMOS PERONAS EMOCIONALES
Una parte fundamental de nuestra antropología bíblica es reconocer que Dios nos creó a Su imagen. Así como Dios tiene emociones, también nos dotó de la capacidad de sentir profundamente. Él nos hizo capaces de reaccionar y responder emocionalmente a todo lo que vivimos, dándonos la habilidad de experimentar sentimientos intensos como el coraje, la ira, la tristeza, la alegría, entre muchos otros. Somos seres humanos dotados de una amplia capacidad emocional.
Este artículo no pretende decir que debamos anular o negar nuestros sentimientos. Si no tuviéramos emociones, simplemente no seríamos humanos.
¿Qué son los sentimientos?
Podríamos definirlos como la percepción sensorial de un evento interno o externo, generalmente clasificados en categorías como: bueno/malo, agradable/desagradable, suave/áspero, duro/blando, caliente/frío. También podemos describirlos como la experiencia subjetiva y el reporte interno de una emoción, hasta el punto de que en el lenguaje cotidiano “sentimiento” y “emoción” son palabras que se usan casi de manera intercambiable.
Dios nos creó emocionales, y la Biblia da testimonio de esto.
La Palabra de Dios está llena de ejemplos de emociones humanas, algunas expresadas correctamente y otras de manera pecaminosa. A continuación, comparto una lista para ilustrarlo:
| Emoción | Ejemplo bíblico |
| Amor | David por Jonatán (2 Samuel 1:26); Jacob por Raquel (Génesis 29:18) |
| Alegría | El padre del hijo pródigo al ver a su hijo regresar (Lucas 15:22-24); David al traer el arca del pacto (2 Samuel 6:14-15) |
| Tristeza | Jesús lloró por Lázaro (Juan 11:35); Nehemías lloró al oír del estado de Jerusalén (Nehemías 1:4) |
| Ira | Moisés al ver el becerro de oro (Éxodo 32:19); Jesús expulsando a los mercaderes del templo (Mateo 21:12-13) |
| Temor | Pedro al caminar sobre el agua (Mateo 14:30); Elías huyendo de Jezabel (1 Reyes 19:3) |
| Esperanza | Abraham creyendo contra esperanza (Romanos 4:18); Job expresando su esperanza en medio del dolor (Job 19:25) |
| Culpa | David tras pecar con Betsabé (Salmo 51:1-4); Pedro tras negar a Jesús (Lucas 22:61-62) |
| Vergüenza | Adán y Eva después de pecar (Génesis 3:7-10) |
| Compasión | Jesús al ver a las multitudes (Mateo 9:36); José hacia sus hermanos (Génesis 45:1-2) |
| Celos | Caín contra Abel (Génesis 4:5-8); Saúl contra David (1 Samuel 18:7-9) |
| Gratitud | Pablo constantemente agradeciendo en sus cartas (Filipenses 1:3) |
| Paz | Esteban al ser apedreado, lleno de paz (Hechos 7:55-60) |
| Dolor | Jeremías, el “profeta llorón” (Jeremías 9:1) |
| Gozo espiritual | Pablo y Silas cantando himnos en la cárcel (Hechos 16:25) |
Sean positivas o negativas, estemos de acuerdo o no, estas emociones son reales y forman parte de nuestra existencia como seres creados a imagen de Dios. El Señor, al diseñarnos, nos concedió esta capacidad profunda de sentir —una parte esencial de lo que significa ser humano.
2. EL PECADO ARRUINA LAS EMOCIONES EN SU FORMA MÁS BÁSICA
Aunque todos los seres humanos tenemos emociones y sentimientos como parte de nuestra naturaleza creada por Dios, debemos reconocer una verdad fundamental: el pecado ha corrompido nuestras emociones.
El pecado no eliminó nuestra capacidad de sentir, pero sí ha hecho que muchas emociones se expresen de manera distorsionada.Por ejemplo, es normal sentir enojo ante situaciones injustas o dolorosas. Sin embargo, cuando el enojo se desborda y lleva a una persona a agarrar un bate y romper todo a su alrededor, estamos viendo cómo el pecado ha torcido una emoción legítima en una respuesta pecaminosa. El pecado facilita que nuestras emociones tomen control de nosotros de manera destructiva.
He escuchado muchas veces a personas justificar su mal comportamiento diciendo: “Así me hizo Dios, ni modo”. Sin darse cuenta, están reconociendo que son esclavos de su debilidad emocional, sin asumir su responsabilidad de madurar en esas áreas. Cuando comprendemos que el pecado ha dañado nuestra forma básica de sentir, podemos comenzar a identificar las áreas en las que debemos madurar. Si una persona no madura emocionalmente, siempre responderá de manera inmadura a los dolores inevitables de la vida.
Jesús ya nos advirtió que en este mundo tendríamos aflicciones (Juan 16:33). Job también nos recuerda que “el hombre nacido de mujer, corto de días, hastiado de sinsabores” (Job 14:1). Vivir en un mundo caído requiere madurez emocional, porque tarde o temprano enfrentaremos dolor. Y quiero aclarar: no estoy minimizando la importancia de la madurez espiritual. Asumo que quien lee esto entiende que la madurez espiritual es el fundamento que nos capacita para alcanzar también madurez emocional. Veremos más adelante cómo ambas están profundamente conectadas.
Sin embargo, es verdad que algunas personas, ya sea por personalidad o por su entorno, pueden mostrar una cierta madurez emocional incluso sin ser creyentes. Permíteme explicar: muchos padres modernos están criando a sus hijos como víctimas de sus emociones.
- Si el niño se estresa con un examen, los padres piden eliminar el examen.
- Si su hijo sufre porque alguien le hace burla, los padres arman escándalos para silenciar a quien le causó ese dolor.
- Si su hijo se siente herido porque alguien lo miró “feo”, los padres salen en defensa de sus emociones frágiles.
En lugar de enseñarles a enfrentar el dolor, a manejar la ansiedad o a perdonar, los padres refuerzan la debilidad emocional de sus hijos.
¿El resultado?
Estamos criando una generación de adultos:
- Inseguros,
- Incapaces de manejar el dolor,
- Vulnerables a la depresión y la ansiedad.
Cuando estos jóvenes llegan a la vida adulta, descubren que ya no están sus padres para protegerlos. Y ahora, sin la capacidad de enfrentar las dificultades de la vida, se hunden fácilmente en amargura, resentimiento y desesperanza.
Estas personas:
- Se van de las iglesias a la primera ofensa,
- Abandonan trabajos al primer conflicto,
- Destruyen sus matrimonios porque no saben cómo procesar el dolor y perdonar para no vivir en amargura.
Desde el principio, como nacidos en un mundo caído, todos tenemos debilidades. Pero si además crecemos en un ambiente tóxico, donde se fomenta la victimización y no la responsabilidad, los resultados pueden ser trágicos. Muchos hijos necesitan corrección firme, pero algunos padres confunden compasión con permisividad. Esa “compasión mal aplicada” produce jóvenes mimados, débiles ante los problemas.
Por eso, en muchas iglesias vemos personas profundamente heridas por asuntos pequeños, personas sin perseverancia, sin resiliencia. La Biblia nos pide que seamos pacientes hacia aquellos que son de poco ánimo. La Biblia nos instruye claramente al respecto:
“También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos.” 1 Tesalonicenses 5:14
Cuando una crianza inadecuada se combina con la naturaleza pecaminosa del ser humano, el resultado puede ser catastrófico en la manera como se enfrentan los problemas de la vida. La Escritura nos enseña que debemos estar en control de nuestras emociones. No se nos deja a merced de ellas, sino que somos llamados a tomar decisiones correctivas:
“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”Efesios 4:31-32
Hoy en día escuchamos frases como:
- “No puedo perdonar”,
- “No pude controlarme”,
- “Está fuera de mi control”.
Pero esas excusas contradicen directamente la Palabra de Dios. Si la Biblia nos manda a no mentir, es porque tenemos el poder de escoger no mentir. Si nos manda a deshacernos de la amargura, es porque somos capaces de dejarla atrás. Para obedecer estos mandamientos, necesitamos madurez espiritual y madurez emocional.
No hay acto más espiritual que perdonar, y no hay mayor libertad emocional que la que experimenta una persona que deja ir el rencor. En conclusión, Dios nos creó con la capacidad de sentir, pero el pecado distorsiona nuestras emociones:
- El enojo legítimo puede convertirse en ira pecaminosa,
- Una herida puede transformarse en amargura,
- El amor fraternal puede degenerar en adulterio.
Aunque fuimos creados emocionalmente capaces, somos responsables de que nuestras emociones estén sujetas a la Palabra de Dios.Nuestra madurez espiritual y emocional será clave para vivir una vida victoriosa, libre y fructífera en medio de un mundo roto.
3. ¿CÓMO SE VE LA MADUREZ EMOCIONAL?
Quiero ser cuidadoso y, de la manera más breve posible, explicar cómo se manifiesta la madurez emocional. Reconozco que un solo artículo no podrá abarcar cada aspecto de la compleja naturaleza humana desde una perspectiva teológica. Mi propósito aquí es simplemente arrojar algo de luz sobre este tema y ofrecer un poco de dirección. El estudio del comportamiento humano y de las causas y efectos emocionales es un campo sumamente amplio.
¿Alguna vez has visto a alguien y has pensado: “Esta persona necesita crecer y madurar”? Quizás también hayas notado rasgos como egoísmo o inseguridad evidentes. A veces, observamos el comportamiento de otros y nos desesperamos, porque parecen actuar como niños. Y, siendo honestos, es posible que alguien piense lo mismo de nosotros en algún momento.
En lugar de ver estos comportamientos únicamente como un fallo de carácter, deberíamos entender que, muchas veces, son fruto de una falta de madurez emocional en su formación. Es más útil considerar a esas personas como emocionalmente inmaduras. Esto implica que no podemos simplemente exigirles que cambien su comportamiento, sino que debemos tratar de ayudarles a madurar en cada ocasión que tengamos la oportunidad de corregir una emoción inmadura. Sería tan absurdo como decirle a un niño pequeño: “¡Madura de una vez!” Eso no ayuda; sólo causa daño.
Además, debemos entender que estos comportamientos inmaduros no siempre son constantes, sino que suelen ser episódicos, ocultos tras una fachada de conducta aprendida. Una persona puede aparentar estabilidad, pero internamente ser emocionalmente reactiva, temerosa, insegura, autoprotectiva, acusadora, o llena de ira. Aunque su vida diaria parezca estable, eventualmente habrá momentos en los que sus emociones se desborden.
Todos hemos fallado alguna vez en controlar nuestras emociones. Sin embargo, aquí me refiero a aquellas personas que fallan continuamente, siendo gobernadas por emociones pecaminosas. Es legítimo sentir enojo, alegría, tristeza y amor. Pero jamás debemos permitir que alguna emoción nos domine, ya que ello puede llevarnos al pecado. Un caminar sólido con el Señor fortalece nuestro mundo interior, y esta fuerza espiritual influye directamente sobre nuestras emociones y nuestras acciones.
Si no pensamos de manera bíblica, nuestras emociones serán fácilmente distorsionadas por el pecado. Por ejemplo, si creemos que merecemos lo mejor, estamos albergando un pensamiento antibíblico. Esa expectativa falsa alimentará emociones ligadas a la frustración y, eventualmente, podría desembocar en depresión, pues la realidad rara vez satisface ese falso sentido de derecho. Algo tan pequeño como una expectativa no bíblica puede tener consecuencias emocionales devastadoras.
Antes de decir que no podemos controlar nuestros sentimientos, esos sentimientos que arruinan nuestros días y dañan nuestras relaciones, incluso en nuestros matrimonios, recordemos lo que dice la Escritura:
“Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”2 Timoteo 1:7
“Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca.” Colosenses 3:8
A continuación, quiero mencionar tres manifestaciones clave de la madurez emocional, ilustradas de forma sencilla:
Una Persona Emocionalmente Madura Puede Sosegar su Ira
La ira es una emoción que todos experimentamos. Sin embargo, no saber manejarla y ser constantemente dominado por ella revela inmadurez emocional y un andar en la carne. La Biblia nos enseña:
“El necio da rienda suelta a toda su ira, mas el sabio al fin la sosiega.”Proverbios 29:11
Hay quienes viven siendo gobernados por su enojo. Son víctimas de sí mismos, porque han rendido su voluntad a la emoción más intensa del momento. Pero como cristianos, estamos llamados a someter cada emoción pecaminosa, no a ser esclavizados por ellas. Rendirse a las emociones conduce inevitablemente al pecado.
Una Persona Emocionalmente Madura Sabe Manejar Desacuerdos
Los desacuerdos son inevitables en la vida. Pretender que nunca los tendremos es irreal. No obstante, una persona emocionalmente madura sabe navegar los desacuerdos sin tomarlos de manera personal o permitir que le roben la paz.
Muchos pequeños desacuerdos, por falta de madurez emocional, se han convertido en guerras familiares interminables. La Biblia nos exhorta:
“Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse; porque la ira del hombre no obra la justicia de Dios.”Santiago 1:19-20
Una Persona Emocionalmente Madura Sabe Perdonar
El perdón no depende del tamaño de la ofensa, sino de nuestra capacidad de soltar el deseo de venganza. Una persona inmadura emocionalmente queda atrapada en el dolor de la ofensa, lo que la lleva a aislarse, vivir en vergüenza, y ser esclava del rencor. Muchos pasan horas diarias repasando las ofensas que han sufrido, alimentando su dolor, haciéndolo cada vez más difícil de superar. La Escritura nos enseña:
“No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.
No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.”Romanos 12:17-19
Formando Hijos Emocionalmente Maduros
Estas lecciones son esenciales para enseñar a nuestros hijos. Ellos deben aprender a controlar su ira, manejar desacuerdos y perdonar, porque la vida está llena de conflictos y ofensas.
Desde pequeños, he tenido muchas conversaciones con mis hijos acerca de perdonar a quienes los han herido. Aunque como padre me duele verlos sufrir, me dolería aún más verlos incapaces de vivir bien en este mundo. Los he guiado a orar por aquellos que los han lastimado, ayudándolos a madurar emocionalmente. La Biblia nos recuerda:
“Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.” Proverbios 16:32
“Como ciudad derribada y sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.”Proverbios 25:28
Conclusión
Espero que este artículo haya sido de ayuda para reflexionar sobre nuestra madurez emocional. Quizás haya arrojado algo de luz sobre tu situación actual o la de alguien cercano. La meta de este escrito es ayudarnos a todos a manejar los problemas de la vida de una manera emocionalmente madura.
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¡Dios te bendiga!
