En toda iglesia, y en casi cualquier círculo de amistades, tarde o temprano aparecen dos personajes que llaman mucho la atención. Su presencia no siempre es obvia al principio, pero con el tiempo se hacen notar por su forma de hablar, por cómo se acercan, y por cómo logran arrastrarte a conversaciones que nunca debiste tener.
Uno de ellos se gana tu confianza compartiendo “información exclusiva” sobre otros. El otro simplemente no sabe respetar límites: se mete en conversaciones ajenas, opina sin ser invitado, y vive entrometiéndose en asuntos que no le competen. Ambos son hábiles para hacerte sentir que eres un amigo especial, mientras que por detrás siembran divisiones, confusión y traición.
El primero es el chismoso, cuya “atracción” está en el morbo de lo que dice. El segundo es el mitotero, quien ama el escándalo y siempre quiere estar en el centro del conflicto, aunque no tenga nada que ver con él. Son peligrosos porque aparentan cercanía, pero sus acciones debilitan la unidad del cuerpo de Cristo. No debemos subestimar su influencia: lo que parece inofensivo o entretenido puede convertirse en un veneno que destruye amistades, arruina testimonios y enfría el amor entre hermanos.
Al sentarme a escribir este articulo quede con la intriga de tratar de describir correctamente a estos dos enemigos. Ya que puede sonar que son muy similares.
1. EL CHISMOSO
El chismoso es aquella persona que habla de otros sin necesidad, compartiendo información que no edifica ni construye. Puede ser verdadera o falsa, pero en ambos casos está mal, porque el propósito no es ayudar, sino exponer, criticar o entretener. Su motivación muchas veces es el morbo: siente placer al saber cosas que los demás no saben, y aún más placer al contarlas. A veces, el chisme nace de una crítica disfrazada de “preocupación espiritual”; otras veces, simplemente de un deseo carnal de tener de qué hablar.
El chismoso es aquella persona que habla de otros sin necesidad, compartiendo información que no edifica ni construye.
El chismoso rara vez se preocupa por el daño que causa con sus palabras. Su enfoque no es la restauración, sino la divulgación. A veces se excusa diciendo: “Es la verdad”, como si eso lo justificara. Pero la Biblia es clara:
“El chismoso revela el secreto; mas el de espíritu fiel lo guarda todo” Proverbios 11:13
El hecho de que algo sea verdad no significa que debe decirse. Alguien dijo: “¡nunca oramos por las personas de las que chismeamos, y nunca chismeamos sobre las personas por las que oramos! Porque la oración es un gran impedimento.”
En la iglesia, el chisme destruye la confianza entre hermanos. Mata amistades, levanta sospechas, y muchas veces daña reputaciones que han tardado años en formarse. El chismoso actúa como un traidor silencioso: se hace pasar por confiable, pero apenas te das la vuelta, tu nombre está en su boca.
La Escritura nos llama a tener cuidado:
“El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos.” Proverbios 16:28
“No andarás chismeando entre tu pueblo.” Levítico 19:16
El chisme es pecado. No importa cuán inofensivo parezca, siempre lleva consigo una carga de destrucción. El creyente maduro debe aprender a refrenar su lengua, a guardar confidencias, y a hablar solo cuando sea necesario y para edificación. Como dice Efesios
“Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación.” Efesios 4:29
Dos manifestaciones claras del chismoso en la Biblia son los murmuradores y los calumniadores. La Palabra de Dios nos advierte seriamente contra quienes se dejan arrastrar por estas conductas destructivas. Tanto la murmuración como la calumnia no solo dañan profundamente las relaciones personales, sino que también envenenan el ambiente espiritual de la iglesia o de cualquier círculo de amistad donde se fomentan estas actitudes. Son comportamientos que revelan corazones que aún no se han rendido plenamente al Señor y que siguen actuando más guiados por la carne que por el Espíritu.
Tanto la murmuración como la calumnia no solo dañan profundamente las relaciones personales…
LA MURMURACIÓN
“Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos, cuya boca habla cosas infladas, adulando a las personas para sacar provecho.”Judas 1:16
En este versículo, Judas denuncia a personas dentro de la comunidad que estaban causando divisiones. Murmurar implica hablar mal de otros a espaldas, quejarse constantemente y criticar sin edificación. Este espíritu es destructivo porque no busca corregir con amor, sino desahogar amargura o manipular la opinión de otros.
Los murmuradores mencionados por Judas no están interesados en la verdad ni en la unidad del cuerpo de Cristo. Su motivación es egoísta: “andan según sus propios deseos”, y manipulan a otros con palabras lisonjeras. Este comportamiento aún hoy se encuentra en personas que, bajo una apariencia piadosa, siembran discordia en la iglesia.
LA CALUMNIA
“Sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno;” 2 Timoteo 3:3
Pablo le advierte a Timoteo sobre los hombres de los postreros días, quienes tendrían un carácter corrupto. Entre ellos se mencionan los “calumniadores”, personas que difaman a otros, levantando falsos testimonios o exagerando hechos con la intención de dañar.
La palabra usada en griego para “calumniadores” es diabolos, que también es uno de los nombres de Satanás, “el acusador”. Esto es muy significativo: cuando alguien calumnia, actúa bajo el mismo espíritu del diablo. Por eso, el calumniador no solo hiere a otros, sino que también se pone en oposición directa a Dios y Su obra.
Pocas amistades sobrevivirían si cada uno supiera lo que su amigo dice de él a sus espaldas. La calumnia suele iniciar con una pequeña conversación informal, disfrazada de preocupación o sinceridad, pero cargada de intenciones incorrectas. Comienza cuando alguien decide compartir información, sea cierta o falsa, con el fin de manchar la imagen de otro, generalmente sin estar presente para defenderse. Este acto, aunque parezca inofensivo, tiene un efecto devastador: siembra desconfianza, crea divisiones y alimenta el orgullo y la envidia. La calumnia, una vez dicha, es difícil de detener, y su eco termina lastimando no solo a la persona señalada, sino también a quienes escuchan y permiten que sus corazones se contaminen. Es una cadena de dolor que podría haberse evitado con prudencia, temor de Dios y verdadero amor al prójimo.
Ten mucho cuidado con las amistades que constantemente te comparten información sobre otros. Sé cauteloso con aquellos que hablan mal a espaldas de las personas, y especialmente con quienes, cada vez que se acercan a alguien, terminan en conflicto con esa persona. Los patrones de comportamiento suelen repetirse. Tanto el chismoso como el mitotero tienden a rotar de amistad en amistad, porque, tarde o temprano, las personas descubren quiénes son realmente y terminan alejándose de ellos.
2. EL MITOTERO
El mitotero no es simplemente un chismoso; su conducta va mucho más allá. Es una persona entremetida, escandalosa o alborotadora, que constantemente se involucra en asuntos que no le pertenecen. No se limita a compartir información, sino que disfruta estar en medio de todo conflicto, drama o división. Su presencia suele ser común donde hay pleitos o tensiones, porque le gusta estar en el “mitote”, es decir, en el centro del alboroto. Lo más preocupante es que muchas veces ni siquiera necesita hechos verídicos para involucrarse; le basta con la emoción de sentirse parte de lo que sucede. En ocasiones, provoca problemas solo por sentirse importante o por entretenerse con la desgracia ajena.
Este tipo de persona puede combinar los rasgos del chismoso, el murmurador, el intrigante y el revoltoso. Su influencia en un grupo, una familia o una iglesia puede ser sumamente destructiva, ya que promueve la desconfianza, siembra discordia y divide lo que Dios quiere mantener unido. La Biblia condena claramente este tipo de comportamiento, y exhorta a los creyentes a rechazarlo y a velar por un espíritu de unidad, paz y amor.
“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos. 18 Porque tales personas no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a sus propios vientres, y con suaves palabras y lisonjas engañan los corazones de los ingenuos.” Romanos 16:17–18
Coré en Numeros 16, Datán y Abiram se levantaron contra Moisés y comenzaron a arrastrar a otros en su “mitote” espiritual. No estaban conformes con la autoridad que Dios había establecido y causaron división entre el pueblo. Despertaron quejas, sembraron dudas, y provocaron la ira de Dios. Fueron consumidos como advertencia a todos los que promueven discordias en el pueblo de Dios.
Muchos en las iglesias se comportan como Coré. Se entrometen en asuntos que no les conciernen y hacen comentarios cuyo único propósito es generar quejas y sembrar dudas. Sus palabras están diseñadas para poner en tela de juicio el carácter de otros.”
Diótrefes, quien amaba tener el primer lugar (3 Juan 1:9–10), es un claro ejemplo de alguien que se entromete donde no ha sido llamado. El apóstol Juan lo denuncia por hablar mal de los apóstoles y por expulsar de la iglesia a quienes no se sometían a su liderazgo. Diótrefes representa al típico mitotero dentro de la iglesia: busca el control, difama y divide con tal de mantener su influencia. Aunque usaba un lenguaje espiritual, su corazón estaba lejos de Dios.
¿Cómo reconocer a un mitotero?
- Siempre está presente cuando hay un conflicto.
- Cambia frecuentemente de amistades porque rompe relaciones.
- Sabe todo de todos… excepto lo que debe saber de sí mismo.
- Disfraza sus intromisiones como preocupación espiritual.
- Su presencia destruye la paz y el enfoque espiritual del grupo.
¿Qué dice Dios de esto?
“Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: […] el que siembra discordia entre hermanos.” Proverbios 6:16,19
Dios nos llama a ser pacificadores, no provocadores; a edificar, no destruir; a ser puros de corazón, no alborotadores. El mitotero contamina el ambiente espiritual, desvía el enfoque de la Palabra y destruye lo que otros han edificado con sacrificio.
3. ¿QUE PODEMOS HACER?
Lo que tenemos que hacer es fácil; lo difícil es querer hacerlo. A todos nosotros, en cierta forma, nos atrae el chisme. Pero eso no significa que no sea pecado. Tampoco significa que sea correcto. Lo que sí revela es que muchas veces queremos saber algo de alguien que los deje en una mala luz. Hay una especie de fascinación por conocer información íntima y maliciosa. Para muchos, eso provee una sensación de alivio, porque en su percepción, otros parecen ser peores que ellos.
Lo que tenemos que hacer es fácil; lo difícil es querer hacerlo. A todos nosotros, en cierta forma, nos atrae el chisme.
La realidad es que tendremos que luchar fuertemente contra nuestra propia carne para poner a los mitoteros y a los chismosos en su lugar. Siempre debemos actuar como cristianos hacia ellos, pero debes saber que es peligroso dejarte seducir por un chismoso. Primero se gana tu confianza, te hace sentir que son amigos cercanos, y después de abrirle tu corazón, toda la información que compartiste tarde o temprano será repetida ante otros oídos. Una de las señales más claras de los chismosos y mitoteros es que nunca tienen amistades estables. Siempre están envueltos en conflictos, y quienes se acercan a ellos, eventualmente se alejan. Porque aunque todos luchamos contra esa debilidad hacia el chisme, muchos cristianos optan por pelear contra sí mismos y se apartan de quienes alimentan ese aspecto carnal.
Una de las señales más claras de los chismosos y mitoteros es que nunca tienen amistades estables.
Cuando decides separarte de alguien tóxico que arruina tu caminar con Dios con sus conversaciones que no lo honran, esa persona se sentirá ofendida e intentará hacerte sentir que tú eres el problema.
Los chismosos y los mitoteros tienen la tendencia de separar otras amistades.
“El hombre perverso levanta contienda, Y el chismoso aparta a los mejores amigos.” Proverbios 16:28
Los chismosos son inseguros y tienden a creer que todos son como ellos. Por eso siempre sospechan que otros hablan mal de ellos. Sufren de auto-martirio. Para ellos, toda diferencia personal se interpreta como un ataque directo. Ven a los demás a través del filtro de su propia maldad.
John Maxwell, en su libro Cómo ganarse a la gente, describe este fenómeno con lo que él llama el Principio de la Lente: “Quiénes somos determina cómo vemos a los demás.” Quien siempre habla mal de otros asume que todos hacen lo mismo. Por eso, cuando alguien es prudente y no comparte información, el chismoso sospecha que miente o esconde algo.
La forma más baja de relacionarse con otros es intentar acercarse a través de hablar mal de alguien más. Es una estrategia para conseguir información exclusiva y ganar la confianza de otros, pero es profundamente destructiva.
Muchas veces, cuando amistades se rompen por causa del chisme, algunos no me lo dicen directamente. Saben que predico fuertemente en contra de eso y, aunque se alejan de los chismosos, sienten pena por haber sido parte del círculo. Lo noto cuando de repente se enfría una relación. Personas que eran grandes amigos se distancian. Y es que ellos mismos son su mayor obstáculo para mantener relaciones sanas que glorifiquen a Dios y no formen parte del drenaje de información dentro de la iglesia.
¿Qué debemos hacer si al leer esto alguien viene a tu mente?
GUARDA TU DISTANCIA
Aléjate con amor. Eso no significa que no ames, sino que tu amor está basado en la verdad y no en un simple sentimiento. El verdadero amor se basa en la verdad. Puedes amar a alguien y al mismo tiempo decidir apartarte de él por tu amor a Dios. El amor no es lo que la gente quiere decir que es, el amor se basa en la verdad. Puedo amar a una persona y, al mismo tiempo, decidir apartarme de ella. Tengo el deber de amar a Dios por encima de cualquier relación. Si una amistad me está alejando de Él, entonces, por amor a Dios, debo separarme. Mi relación con Dios vale más que cualquier otra..
“El que anda en chismes descubre el secreto; No te entremetas, pues, con el suelto de lengua.” Proverbios 20:19
Sé que puede dar temor quedarte sin amigos, especialmente si tus amistades se han basado en este tipo de conversaciones. Pero reconoce que Dios no está en eso. Si una amistad te está alejando de Dios, es tu deber apartarte. En toda la Biblia, Dios habla del chismoso de forma negativa. De todos los mandamientos cívicos que pudo haberle dado a Israel, uno de ellos fue sobre el chisme:
“No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová.” Leviticos 19:16
Aléjate de esa amistad y ora fervientemente a Dios para que cualquier información que compartiste al abrir tu corazón no sea divulgada. Aunque es probable que sí lo sea, pídele a Dios que esa persona se arrepienta y sea prudente con lo que dice. Recuerda que esa persona ya te habló de conflictos que tiene con otros, aunque tú no tenías nada que ver con el asunto. Abrió su boca para contarte información ajena, desde su perspectiva personal, sobre contiendas con otros hermanos.
Una señal clara de inmadurez espiritual es contarle a alguien que no está involucrado los problemas que uno tiene con otros, especialmente cuando todos son parte de la misma iglesia. Esa inmadurez impide ver que, al compartir esa información, se puede provocar que el oyente desarrolle una mala percepción hacia la otra persona. Eso es peligroso, porque solo se escucha un lado de la historia. La Biblia nos advierte:
“Al que responde palabra antes de oír, Le es fatuidad y oprobio.” Proverbios 18:13
Lo mejor que puedes hacer es apartarte, porque probablemente no tendrás la fuerza para resistir las artimañas del chismoso o del mitotero. Recuerda que quienes llevan años en esta conducta se han vuelto expertos: saben cómo disfrazar el chisme de espiritualidad, cómo manipular las palabras y cómo hacerte sentir especial por confiarte información. Te harán creer que ahora eres un amigo íntimo porque comparten secretos contigo. Pero aunque te cueste, aléjate. Hazlo por tu propio bien.
CORRIJE
La Biblia deja claro que dos personas no pueden andar juntas si no están de acuerdo. La única razón por la que tú y el chismoso se han hecho buenos amigos es porque has escuchado toda la basura que te ha compartido sobre otros. Te has involucrado en problemas ajenos, has tomado partido en asuntos que no te corresponden, y sin darte cuenta, has llegado a estar de acuerdo con esa persona.
Si desde el principio le hubieras dicho que no te compartiera información que no tiene nada que ver contigo, esa persona se habría alejado. Pero la razón por la que sigue a tu lado es porque te considera terreno fértil para depositar toda esa basura ajena. Charles Spurgeon dijo:
“Aborrece a esas sirvientas entrometidas y chismosas que solo provocan contiendas. Quienes traen chismes también los llevan, y no hay duda de que esas personas salen de tu casa contando todo lo que oyen de tus labios, adornado con muchas invenciones propias. Recuerda que, así como el que recibe es tan culpable como el ladrón, también el que escucha el escándalo comparte la culpa del mismo. Si no hubiera oídos dispuestos a escuchar, no existirían lenguas dispuestas a difamar.” Charles Spurgeon
Antes de que esa persona cambie tu percepción sobre alguien más, y antes de que te metas en el mundo de conflictos del chismoso, detén la conversación en seco. Di algo como: ‘Hermana, a mí no me cuentes esto. No tiene nada que ver conmigo, y yo tengo buena relación con la otra persona. Prefiero no escuchar nada negativo sobre ella. Si hay un problema, arréglalo tú directamente con ella, pero no me involucres’.
Al decir esto, probablemente la separación se dará sola, ya que esa persona se sentirá ofendida. Es común que juegue con las palabras para hacerte sentir culpable, como si hubieras malinterpretado sus intenciones. El chismoso suele dar vuelta a la situación por la vergüenza que siente, e intentará hacerte pensar que tú eres quien está en el error.
Por eso, guarda tu corazón y tu alma. Y la única manera de hacerlo es corrigiendo con firmeza a quien te está llevando a tener una percepción negativa de otro por medio de información ajena.
“El hipócrita con la boca daña a su prójimo; Mas los justos son librados con la sabiduría.” Proverbios 11:9
“El que anda en chismes descubre el secreto; Mas el de espíritu fiel lo guarda todo.” Proverbios 11:13
PIDE PERDON A DIOS
Como establecimos, no existiría el chismoso si no hubiera alguien dispuesto a escuchar. Para sentirte limpio delante de Dios, necesitas restaurar tu relación con Él. Pídele perdón por haber participado, incluso si solo escuchaste. Ruega a Dios que te ayude a apartarte de personas que pueden alejarte de Él. Pídele perdón también por haber hablado mal de otros, si ese fue el caso.
Aunque tu única participación haya sido prestar oído, el chismoso ya te hizo partícipe de su pecado. Hay algo muy poderoso en presentarse ante Dios y confesar que estás de acuerdo con lo que Él dice sobre el chisme. Charles Spurgeon lo expresó de forma contundente:
“Si no hubiera oyentes complacidos con los malos comentarios, se acabaría el negocio de difundirlos.” Charles Spurgeon
Pide perdón a Dios, cualquiera que haya sido su involucramiento con el chismoso y los chismes.
“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9
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