Vivimos en tiempos muy peculiares. No solo dentro del cristianismo en general, sino también dentro de los círculos de los bautistas fundamentales. Desde que fui salvo en 1996, he visto cómo han cambiado muchas cosas: rostros, posturas, métodos y hasta el espíritu con el que se hacen las cosas. Con estos cambios también han venido guerras internas y divisiones dentro de nuestro compañerismo.
No escribo este artículo para avivar más la contienda, sino con el deseo sincero de arrojar un poco de luz en medio de tanta confusión. Tal vez estas líneas puedan ser de ayuda a algún predicador joven que, desde las esquinas, observa los pleitos, disputas y divisiones, muchas de ellas innecesarias, que se dan entre quienes deberíamos caminar juntos en el mismo espíritu.
Soy un predicador relativamente joven, y tengo una profunda admiración por los hombres de Dios del pasado y por el legado que hemos recibido de ellos. Valoro profundamente esas raíces, ese cimiento conservador que ha marcado nuestra fe y práctica.
Al mismo tiempo, me interesan muchas cosas nuevas, pero siempre trato de evaluarlas a la luz de principios sólidos y bíblicos. Sin embargo, he notado con preocupación que muchos de mi generación se han desconectado por completo de ese fundamento conservador. En muchos casos, han reaccionado de forma extrema, abandonando todo lo que se considera “antiguo” y abrazando toda clase de ideas y métodos, no por convicción bíblica, sino como respuesta emocional a las malas experiencias del pasado.
me interesan muchas cosas nuevas, pero siempre trato de evaluarlas a la luz de principios sólidos y bíblicos.
Creo que muchas de mis luchas actuales se deben a que me encuentro entre dos generaciones. Por un lado, entiendo a aquellos que miran con sospecha nuestro movimiento, ya sea por errores pasados o por actitudes rígidas que en ocasiones han dañado más que edificado. Pero, por otro lado, también me frustra ver a muchos que abrazan todo lo nuevo sin discernimiento, sin evaluar con seriedad el consejo del pasado ni considerar el fundamento sobre el cual hemos edificado.
Hasta el día de hoy, hemos aprendido, especialmente al observar a los neo-evangélicos, que cuando se comienza a ceder “un poquito”, tarde o temprano se termina negando completamente la doctrina. Lo que muchos consideran como simples “cambios superficiales”, como el estilo de vestimenta, la música o la predicación, en realidad son el inicio de un camino que, sin una brújula bíblica clara, termina alejando a la iglesia de su identidad y misión original. De repente, la iglesia deja de ser reconocible, no solo en su forma, sino en su fondo.
Charles Spurgeon, al ver surgir el modernismo dentro de la Unión Bautista de Londres, se levantó con valentía para dar la voz de alerta ante todo lo que estaba ocurriendo. Este conflicto llegó a conocerse como “La Controversia del Declive” (The Down-Grade Controversy, en inglés). En medio de ese contexto, Spurgeon declaró con firmeza:
“Se ha levantado una nueva religión que no es más cristianismo que lo que la tiza es queso. Esta religión, desprovista de honestidad moral, pretende ser la antigua fe con algunas mejoras, y bajo ese pretexto, usurpa los púlpitos que fueron erigidos para la predicación del evangelio. Se explora la Expiación, se ridiculiza la inspiración de las Escrituras, se rebaja al Espíritu Santo hasta convertirlo en una simple influencia, el castigo del pecado se convierte en una ficción, y la resurrección en un mito. ¡Y aun así, estos enemigos de nuestra fe esperan que los llamemos hermanos y mantengamos una confederación con ellos!” Charles Spurgeon (Downgrade Contraversy, August 1887, Charles Spurgeon, pagina 17)
Yo valoro profundamente la unidad entre creyentes y el levantarnos juntos para defender la verdad. Sin duda, cada vez aprecio más la predicación y la convicción con la que se servía a Dios en el pasado, en contraste con la dilución doctrinal y espiritual que tristemente se ve en muchas iglesias hoy en día. Me duele ver cómo, en algunas iglesias bautistas, hasta los pastores han dejado de usar la Biblia física y ahora prefieren predicar desde su celular. Sé y entiendo perfectamente que la Palabra de Dios tiene el mismo poder, ya sea leída desde un libro o desde una pantalla. No se trata de santificar el papel por encima del contenido. Mi tristeza es otra: lo que a simple vista parece un cambio pequeño, termina afectando profundamente la cultura espiritual de una iglesia.
Yo valoro profundamente la unidad entre creyentes y el levantarnos juntos para defender la verdad.
En lugar de cultivar una generación con un amor profundo por las Escrituras, estamos produciendo creyentes que ni siquiera memorizan el orden de los libros de la Biblia, porque ya todo está a un clic de distancia. Y lo que es peor: al usar el celular para “leer la Biblia”, también se aprovecha para contestar mensajes, revisar redes o distraerse durante la predicación. Lo que comenzó como un cambio menor, e incluso conveniente— está produciendo una generación con menor reverencia, menor atención y menor fervor por las cosas de Dios. Vuelvo a decirlo: no es que el cambio en sí sea pecaminoso, pero sus efectos a largo plazo son evidentes, especialmente en el corazón de la próxima generación.
Hoy nos encontramos en muchas encrucijadas ministeriales. Por un lado, hay quienes son conservadores y están luchando por encontrar maneras de ser relevantes sin comprometer sus convicciones. Por otro lado, hay quienes apenas mantienen algo de conservadurismo y han llegado a creer que la relevancia ministerial lo es todo, como si fuera el único camino para alcanzar a esta generación. El problema es que, en ese afán por ser “culturales”, muchas iglesias han perdido su identidad. Se parecen tanto al mundo que ya no se distinguen como lo que deberían ser: iglesias santificadas, apartadas, diferentes. En vez de reflejar el carácter santo de Dios, reflejan las modas del momento. Y eso, lejos de atraer verdadera conversión, produce confusión espiritual.
El problema es que, en ese afán por ser “culturales”, muchas iglesias han perdido su identidad.
Debo aclarar que no estoy en contra de todo lo nuevo. Más adelante compartiré un poco de mi propio testimonio, pero como mencioné anteriormente, me encuentro en medio de dos generaciones: para algunos, soy demasiado liberal; para otros, extremadamente conservador. Es precisamente por eso que escribo este artículo: para compartir mi experiencia personal y tratar de ser de ayuda a otros predicadores jóvenes que se sienten tentados a desconectarse por completo del conservadurismo bautista. No escribo desde una posición de crítica amarga, sino desde una carga pastoral, con el deseo sincero de que no abandonemos el fundamento bíblico que ha sostenido a nuestras iglesias por generaciones.
1. ENTIENDO LO QUE SE SIENTE SER RECHAZADO
Es curioso, pero lo he visto repetirse muchas veces: Muchos jóvenes predicadores, al sentirse rechazados o incomprendidos por otros dentro del movimiento, reaccionan emocionalmente y terminan rechazando todo el movimiento por completo. En lugar de procesar la crítica con madurez, caen en el error de desechar todo lo bueno que han recibido, solo por las fallas de unos cuantos.
Creo firmemente que los predicadores debemos desarrollar una madurez emocional más sólida. No podemos permitirnos quedarnos decepcionados simplemente porque alguien que no nos comprende nos ha criticado. Esa clase de heridas no deben ser la razón por la cual abandonamos convicciones.
los predicadores debemos desarrollar una madurez emocional más sólida.
Desde que llegué a Hermosillo, me encontré inmediatamente con varios obstáculos y movimientos que eran completamente nuevos para mí. Había institutos con distintas banderas, posturas y líneas de pensamiento que, en muchos casos, estaban en oposición unos con otros. También había pastores divididos en diferentes círculos de compañerismo.
Cuando comenzamos nuestra iglesia, fui atacado por todos lados. Recuerdo que hicimos un esfuerzo por tener invitaciones bien diseñadas, a todo color, con buena presentación, no por vanidad, sino porque queríamos que fueran agradables y efectivas al momento de invitar a otros. Sin embargo, para algunos, eso fue motivo suficiente para ofenderse. Algunos decían que esas invitaciones “eran liberales” simplemente porque no eran blanco y negro o fotocopiadas. Me parecía increíble que el estilo de una invitación pudiera ser considerado una marca doctrinal para definir si uno era verdaderamente bautista fundamental o no. Parece que, para algunos, si no se veía chueca, desgastada o gratuita, no calificaba como fundamentalista. 😅 Ya entenderán mi sentir con esto. Una vez, durante una cena con otros pastores que asistían a la graduación de un instituto aquí en Hermosillo, uno de ellos se me acercó y me preguntó:
—¿Usted es el pastor Luis Montaño?
—Sí, mucho gusto —le respondí.
—¿Me permite ver una invitación de su iglesia?
—Claro, con gusto.
Cuando se la entregué, la miró con cierto desdén y me dijo:
—¿Y usted cree que esto es ser bautista fundamental?
Yo, curioso, le pedí ver una invitación de su iglesia. Su folleto tenía dos colores: una imagen dramática de una persona ardiendo en el infierno al frente, y todo lo demás en blanco y negro, con los datos de su iglesia atrás puesta por una estampa.
Entonces le hice una simple pregunta:
—Pastor, ¿por qué su invitación es más bíblica o más fundamental que la mía?
Lo pensé jaqueado. Se quedó pensativo unos segundos y finalmente respondió:
—Es que nosotros no usamos invitaciones como esta…
Y no pude evitar contestarle con una sonrisa:
—¿Y quién lo nombró a usted “el dios de las invitaciones”?
Se notó frustrado. No pudo sostener su argumento y simplemente se alejó.
Para la generación débil de hoy, todo esto sería suficiente para hacer que alguien se aleje y diga que todos los fundamentalistas son amargados y se desconectan del movimiento. Pero las críticas hacia mí no se quedaron ahí. En nuestra ciudad hay un instituto donde la mayoría de sus maestros, que son también predicadores, me acusaban de ser liberal. Tanto que casi me convencí de eso. Al investigar un poco sobre ese instituto, descubrí que en realidad ellos funcionan como una organización Paraeclesiástica: no están sujetos ni bajo autoridad de una iglesia local. El instituto flota como su propia autoridad autónoma. Esto me pareció muy extraño, porque como bautistas creemos firmemente que ningún ministerio puede existir fuera de la autoridad de una iglesia local.
La crítica principal hacia nuestra iglesia era la música: ellos no aceptaban que usáramos guitarra y cantáramos canciones que no fueran exclusivamente del himnario Majestuoso. Al estudiar más a fondo, el instituto se asemejaba a una religión: controlaba todas las iglesias donde sus maestros eran pastores y dictaba cómo debían funcionar. Era algo muy extraño para nosotros que decimos ser iglesias independientes.
La mayoría de las iglesias afiliadas a ese instituto cantan música muy conservadora, casi sacrosanta; suenan como si estuvieran en una ópera. Y aunque se escucha bonito, para ellos eso era todo. Si tu música se parecía a la suya, entonces eras un verdadero bautista fundamental. Pero al observar esas iglesias con más de 30 años de existencia, muchas apenas sobreviven. Los pastores están divididos entre atender a sus iglesias y cumplir con las exigencias del instituto.
Sí, su música es más conservadora, pero la mayoría de sus miembros no mostraban convicciones claras en la vestimenta ni en otros aspectos de la vida cristiana. Usan distintas versiones de la Biblia y aunque tienen música conservadora, no podría decir que esas iglesias están activamente ganando almas. Los únicos que salen a tocar puertas y compartir el evangelio son los estudiantes del instituto, quienes lo hacen por obligación.
No entiendo cómo alguien que pastorea una congregación de 50 personas puede justificar pasar todo el día enseñando en un instituto. Si fue llamado a ser pastor, debe atender a su iglesia y buscar ganar más almas para que la congregación crezca. Pero creo que muchos obtienen más gratificación al ser maestros del instituto que al cuidar una iglesia que avanza. Estos pastores son sinceros y aman al Señor, pero creo que su enfoque esta mal ubicado.
A mí me fue fácil ignorar la crítica de que era un “liberal” por tener rondalla o usar guitarra, porque sabía que nuestra iglesia era fuerte en la ganancia de almas. El problema es que el celo excesivo por un aspecto específico de la música, que para ellos era lo más importante, los llevó a ser negligentes en otras áreas clave de sus propias iglesias locales.
El problema es que el celo excesivo por un aspecto específico de la música, que para ellos era lo más importante, los llevó a ser negligentes en otras áreas clave de sus propias iglesias locales.
Cuando nosotros llegamos, todo se hacía en conjunto: conferencias, actividades, eventos… todos participaban como si fueran una sola entidad. Pero al comenzar nuestra iglesia, decidimos hacer todo por separado, como debe ser una iglesia local: autónoma, independiente y bajo el liderazgo de su propio pastor. Me da mucho gusto ver que recientemente algunos ya han empezado a tener sus propias conferencias también. Tal vez fue necesario que alguien tomara la iniciativa.
Durante ese tiempo, tuve que aprender a estar en paz con sus críticas hacia nuestro uso de la guitarra, sabiendo que nosotros jamás aceptaríamos muchas de las cosas que ellos toleran en sus iglesias. Bodas con hermanas mal vestidas en el altar, quinceañeras con trajes completamente mundanos, fiestas llenas de música secular… y todo eso dentro de congregaciones que dicen ser conservadoras. Además, muchos de ellos tienen personas sirviendo en la iglesia que no muestran testimonio en público, ni tienen participación en ganar almas. Sirven, sí, pero sin evangelizar, sin salir a tocar puertas, sin compartir de Cristo. Entonces, ¿cuál es realmente el estándar que están defendiendo?
Por otro lado, también fui criticado por otros que sí creen en la iglesia local y en una forma conservadora de vivir. Pero la crítica de ellos era hacia mi estilo de predicar. Para muchos de ellos, les parecía ofensivo que yo invirtiera tanto tiempo en preparar mis mensajes. Según ellos, lo más “fundamental” era predicar desde una hoja pequeña, con unos cuantos puntos escritos a mano. Para ellos, si uno usa una computadora, imprime sus notas o predica desde una tableta, eso ya es sospechoso.
Una vez, un predicador —que ahora es amigo— me dijo: “Seguro tú eres de esos que tiene muchas notas en sus bosquejos de sermones”.
Le respondí: “Soy culpable”.
Y me dijo: “Estoy seguro de que pasas horas estudiando”, como si estudiar fuera algo antibíblico.
Sacó una hoja doblada que tenía guardada en su Biblia, y me la mostró: tenía tres puntos escritos a mano, con algunas referencias bíblicas. Yo le respondí: “Gloria a Dios. Yo no soy tan inteligente como tú. Yo estudio porque no sé tanto como tú sabes. Quizás no soy tan disciplinado como tú, pero si no tuviera mis notas, me desviaría hacia muchos otros temas sin conexión con el mensaje principal. Las necesito para ser fiel al texto”.
Después le pregunté: “¿Por qué crees que es más bíblico tener una hojita escrita a mano, que usar bosquejos bien preparados como los míos?”
Él intentó darme su opinión, pero le dije:
“No te estoy pidiendo tu opinión, sino preguntando por qué crees que lo tuyo es más bíblico que lo mío”.
Entonces reflexionó y dijo:“Pues no tiene nada que ver con lo bíblico… simplemente es mi preferencia”.
Le respondí: “¡Exactamente!”.
Le expliqué: “Yo quiero asegurarme de estar alimentando a mi congregación con predicaciones frescas, bien estudiadas y bien organizadas. Temo que, si yo predicara como tú, estaría repitiendo los mismos temas una y otra vez. Por eso disciplino mi estudio y mi bosquejo de otra manera”.
Otros también me han criticado por predicar en series. Para ellos, lo “más bíblico” es estar un sábado estresado, tratando de averiguar qué predicar, en vez de planear con anticipación y predicar de forma ordenada y con secuencia. En un pequeño debate que tuve con un pastor que me criticó precisamente por eso —por predicar en series— le dije: “Pastor, yo puedo orar con tiempo y pedir al Espíritu Santo que me guíe, y creo con todo mi corazón que Dios es capaz de guiarme con anticipación, sin que eso signifique que solo me puede hablar el sábado por la tarde, cuando uno ya está desesperado por ver qué va a predicar al día siguiente”.
También le dije: “A mí me gusta anunciar a la iglesia lo que vamos a estar aprendiendo. Así los hermanos pueden invitar a sus familiares o amigos, sabiendo de antemano cuál es el tema de la predicación”.
Luego le comenté: “Es muy probable que tú termines predicando constantemente contra los que te están haciendo enojar, porque son ellos los que tendrás en la mente el sábado por la noche. Y en lugar de alimentar a toda la congregación, te enfocas en señalar a unos cuantos que te están lastimando”.
Cuando comenzamos la Iglesia Bautista Hermosillo, usábamos un proyector para mostrar los cantos y también mis apuntes del bosquejo. Por supuesto, para muchos eso ya era señal de que yo era liberal. Gracias a Dios no les hice caso, porque ahora todas esas iglesias que me criticaban por usar un proyector… también usan proyector o pantalla.
El punto de todo esto es este: debemos tener la madurez para soportar los desacuerdos que otros tengan con nosotros. Si eres un predicador joven, aprende a digerir la crítica. Esto no significa que todos los que son bautistas fundamentales sean iguales. Si hay algo que no te gusta, edifica una iglesia que marque la diferencia y bendiga a los demás con su ejemplo. Lo que no deberías estar haciendo es quedarte en la decepción, al punto de vivir siempre tratando de salir del movimiento… simplemente porque estás enojado con él.
“para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error,” Efesios 4:14
“soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” Colosenses 3:13
“Pero tú sé sobrio en todo, soporta las aflicciones, haz obra de evangelista, cumple tu ministerio.” 2 Timoteo 4:5
2. ENTIENDO UN POCO MEJOR EL BENEFICIO DE SEGUIR EN LA BATALLA
Una de las cosas que más aprecio al ver hacia atrás es que mantuve mis ojos en Jesús. No permití que personas me desviaran de las convicciones que Dios me había dado, aunque confieso que sí pasé momentos en los que me sentía solo, sin una amistad verdadera.
“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe…”Hebreos 12:2
Pero hoy, al mirar atrás, doy gracias a Dios por todas las puertas que Él ha abierto para que yo pueda servirle. Le agradezco que, en Su gracia, me haya permitido predicar en diferentes conferencias, participar en consejería y ministrar a otros. No tomo a la ligera ninguna oportunidad que Dios me concede; estoy profundamente agradecido por la confianza que Él ha depositado en mí.
“Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio.”1 Timoteo 1:12
Si yo hubiera hecho caso a todos mis críticos, tal vez habría terminado como muchos de ellos: frustrado, amargado, lleno de contiendas y divisiones en mi iglesia. Es cierto lo que se dice: “las iglesias adoptan el espíritu de su pastor.” Un pastor contencioso tendrá una iglesia llena de contiendas.
“Pero evita cuestiones necias, genealogías, contenciones y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho…”Tito 3:9-11
“No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos; no sea que aprendas sus maneras, y tomes lazo para tu alma.”Proverbios 22:24-25
Por eso, mi consejo es: mantente fiel a Dios. No cierres tu corazón al consejo de un mentor piadoso. Sé enseñable. Rodéate de hombres de Dios que te amen lo suficiente para corregirte.
“Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; mas en la multitud de consejeros hay seguridad.”Proverbios 11:14
“Fieles son las heridas del que ama; pero importunos los besos del que aborrece.”Proverbios 27:6
Y también: no le prestes oído a toda crítica. Tarde o temprano, nuestro ministerio será nuestro mejor sermón. El mejor sermón que un predicador puede predicar no está en el púlpito, sino en su familia y en su iglesia local. En lugar de pelear en la carne, dejemos que nuestro fruto hable por sí mismo.
“Por sus frutos los conoceréis.”Mateo 7:16
no le prestes oído a toda crítica. Tarde o temprano, nuestro ministerio será nuestro mejor sermón.
“Manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles… glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.”1 Pedro 2:12
No caigas en el error de hacer todo simplemente conforme a lo que alguien a quien estimas haría. No debemos caer en la idolatría de copiar a un hombre que admiramos. He conocido predicadores que antes de aceptar algo, primero investigan si su predicador favorito lo acepta. Si su mentor está en contra, ellos también lo están. Si su mentor lo aprueba, entonces ellos lo aprueban… incluso si se trata de una canción que antes llamaban liberal, hasta que la escuchan en su iglesia favorita y ahora ya todo está bien.
“Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo?”1 Corintios 1:12-13
Debemos servir a Dios conforme al contexto de nuestra iglesia local. No creemos en un “papa bautista”. Cada iglesia es independiente una de otra. La doctrina no cambia, pero las prácticas pueden diferir dependiendo del lugar, la cultura y las decisiones del pastor que Dios ha puesto allí.
Yo no tengo autoridad, ni pretendo tenerla, sobre ninguna otra iglesia. He visitado iglesias donde no estoy de acuerdo con todo, pero como no es mi iglesia, no me creo el policía de las iglesias. Observo con respeto y doy el beneficio de la duda al pastor, quien está guiando a su iglesia local. Puede haber un contexto que yo no entiendo. Quizás Dios le ha guiado de forma diferente.
“¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.” Romanos 14:4
Tampoco hago que mis preferencias sean la regla para el compañerismo. Nosotros, por ejemplo, aún usamos corbatas para salir a evangelizar, incluso los sábados bajo el calor. Otras iglesias ya usan camisas tipo polo. No es algo por lo cual voy a contender. Tampoco creo que soy más espiritual que ellos por eso. Esa es una decisión pastoral que yo he tomado para mantener una línea de presentación más formal entre nuestros jóvenes.
Nuestros jóvenes han recibido atención, preguntas y visitas gracias a su testimonio visual cuando salen bien presentados a evangelizar. Diferentes contextos, diferentes razones. Nadie es el jefe de todas las iglesias. Sólo Cristo es la cabeza de la iglesia.
“Cristo es cabeza de la iglesia…” Efesios 5:23
3. HAZ TODO PARA DIOS.
Es importante que Jesús sea nuestro único motivante. Verdaderamente, solo debe importarnos escuchar un día de sus labios: “Bien, buen siervo y fiel” (Mateo 25:21). Pero no vamos a lograr eso si vivimos sirviendo al hombre. Todo lo que hago como pastor debe ser para agradar a mi Salvador, no a un predicador humano, por muy respetado que sea.
Por ejemplo, tengo buenas amistades pastorales que han decidido cancelar sus servicios dominicales por la noche. Cada uno lo hizo por razones distintas. No es pecado tener solo un servicio el domingo. Pero en el contexto de nuestra iglesia, nosotros seguimos viendo una buena respuesta en los servicios vespertinos, con un 75% a 80% de asistencia regular en la tarde. Si yo cancelara ese servicio, no sería por falta de interés del pueblo, sino por flojera mía como predicador. ¡Y esa no sería una razón válida!.
Yo no soy muy rápido en seguir lo que se hace popular, especialmente cuando muchos lo hacen por tendencia, no por convicción. Me emociona ver que la gente quiere regresar en la tarde para escuchar más predicación. Creo que eso es mucho mejor que quedarse en casa viendo una película en Netflix.
“Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente.” Romanos 14:5
Cada pastor tiene que ser guiado por Dios en el contexto de su iglesia local. Tampoco hagas todo en base a lo que se hacía en el colegio bíblico del cual te graduaste. Muchos están más comprometidos con su instituto que con Dios. Si un día te encuentras siendo objeto de crítica por otro pastor, no reacciones con enojo. Examina la crítica. Aprende si hay algo cierto en ella. Pero ten cuidado con permitir que alguien que te cela dicte tus decisiones pastorales.
Hay una dinámica dolorosamente real en el ministerio:
Cuando tu iglesia empieza, otros predicadores te ignorarán
Cuando crece al mismo nivel que la de ellos, te tolerarán
Pero cuando Dios bendice y tu iglesia crece más que la de ellos, te criticarán.
“Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.” Gálatas 1:10
No es tiempo de decepcionarnos por las imperfecciones que creemos ver en nuestro movimiento. Más bien, pongámonos a trabajar y enfoquémonos en ganar almas, para que nuestro ministerio sea de bendición a muchos. Quizás no todos estemos de acuerdo en todo, pero eso está bien. Dios no nos llamó a ser gemelos, nos llamó a ser hermanos en Cristo.
Romanos 14:1 nos recuerda a no contender por “opiniones dudosas”. Y también, Romanos 12:18 nos exhorta: “Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres.”
Busca la unidad. Y si algún día ves necesario separarte de otro hermano, hazlo de tal forma que honres a Dios:
No dividas.
No causes contienda a propósito.
No critiques a ese predicador con otros predicadores.
Simplemente apártate en paz, y sigue sirviendo a Dios fielmente.
“Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen…” 2 Timoteo 2:24-25
Recuerda: No todos tienen que hacer las cosas como tú las haces. Pero sí todos debemos servir a Cristo con pureza de corazón y con la intención de glorificarle a Él.
Espero que este artículo haya sido de ayuda para ti. De ninguna manera deseo añadir contienda, ni mucho menos echarle más leña al fuego. Mi intención ha sido traer una perspectiva positiva frente a cosas negativas que suceden, y sobre todo, animarte a seguir firme en el servicio al Señor. Con frecuencia recibo llamadas o mensajes con preguntas sobre el ministerio, o converso con predicadores jóvenes que se sienten decepcionados. Quise escribir estas palabras para fortalecer a mis hermanos y animarles a continuar fieles.
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