La verdad es que todos soñamos con un matrimonio placentero, el matrimonio ideal, ese que otros envidiarían por lo sano, fuerte y feliz que parece. Pero hay una pregunta que debe ser contestada: ¿Por qué fracasan tantos matrimonios? No me refiero solo al divorcio legal. Estoy hablando de esos matrimonios donde, aunque viven bajo el mismo techo, emocionalmente están divorciados. Viven juntos… pero distantes. Comparten la casa… pero no el corazón.
Es cierto, todo matrimonio enfrenta momentos difíciles. Así que no estoy hablando de aquellas parejas que están pasando por una temporada difícil, pero que en general disfrutan su matrimonio y luchan por él. Me refiero a esos casos donde lo bueno es la excepción y la norma es la frialdad, la tensión, el conflicto o la indiferencia. Hay matrimonios donde hay días buenos… pero la mayoría del tiempo, es un campo de guerra o un pacto silencioso de ignorarse para evitar discutir.
Hay matrimonios donde hay días buenos… pero la mayoría del tiempo, es un campo de guerra o un pacto silencioso de ignorarse para evitar discutir.
La mayoría de las personas aprenden sobre el matrimonio a partir de fuentes ilegítimas: la televisión, sus amigos o el hogar en el que crecieron. Si creciste en un hogar funcional, eso puede ser de ayuda. Pero muchos no lo hicieron. Por eso, el hogar disfuncional, combinado con la influencia de los medios y amistades mal informadas, forma una perspectiva distorsionada del pacto del matrimonio.
Este es un factor muy importante que, de una forma u otra, afecta profundamente el modelo de matrimonio que las personas adoptan y lo que esperan de él. Y si se tiene un concepto equivocado desde el principio, es fácil tomar decisiones equivocadas, actuar de forma desordenada, y eventualmente llegar al fracaso matrimonial.
Lo difícil ha sido observar matrimonios cristianos con tantas dificultades internas. No estoy hablando solamente de los matrimonios que llevan años —hablo también de los que apenas inician y ya están al borde del colapso. Alguien tiene que admitir que algo está sucediendo, incluso entre los jóvenes que crecieron en hogares cristianos, asistieron a la iglesia fielmente y, en teoría, hicieron las cosas “bien”. ¿Por qué está ocurriendo esto?
Alguien tiene que admitir que algo está sucediendo, incluso entre los jóvenes que crecieron en hogares cristianos, asistieron a la iglesia fielmente y, en teoría, hicieron las cosas “bien”.
Desde mi punto de vista, muchos de los problemas que enfrentan los matrimonios jóvenes cristianos podrían haberse evitado si se hubieran manejado correctamente en la etapa del cortejo. Cuando se lleva un noviazgo fuera del diseño de Dios —basado en emociones, atracción física, impulsos, dependencia emocional o presión social—, es muy probable que eso dé lugar a un matrimonio quebrantado desde sus cimientos.
Es como querer construir una casa en terreno inestable. Puedes tener buenos materiales, pero si los cimientos están mal puestos, con el primer temblor, una discusión fuerte, problemas financieros, celos o inmadurez, la estructura comenzará a agrietarse. La única forma de tener un matrimonio firme y duradero no es simplemente “casarse en la iglesia”, o “casarse con un cristiano”, sino vivir la vida cristiana de verdad, desde antes del matrimonio. Obedecer la palabra de Dios es transcendental para edificar una vida o un matrimonio.
“Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.” Mateo 7:24
“Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;27 y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina” Mateo 7:26-27
Andar en el Espíritu, como dice Gálatas 5, es la única garantía de que no se obrará conforme a las obras de la carne. Las obras de la carne como los celos, las contiendas, la ira, el egoísmo, la fornicación, la idolatría del “yo”, y tantas otras, están destinadas a destruir cualquier relación humana, especialmente el matrimonio, que es la relación más sagrada y vulnerable entre dos personas.
Quisiera compartirles varios puntos que considero fundamentales para conversar y reflexionar antes de dar el paso hacia el matrimonio. Creo sinceramente que muchos de los problemas que enfrentan los jóvenes en sus matrimonios hoy en día, podrían evitarse si se trataran estos temas con seriedad durante el cortejo. Si estás en una relación con propósito —un cortejo cristiano, estos puntos deben abordarse en diferentes etapas de la relación. Algunos temas son más apropiados para tratar al principio, cuando se está conociendo la compatibilidad espiritual y emocional. Otros temas deben hablarse más adelante, cuando la relación se vuelve más seria y se considera un compromiso formal hacia el matrimonio.
1. ¿ESTÁN COMPROMETIDOS A LA OBEDIENCIA A LA PALABRA DE DIOS?
Este es el punto más importante en todo tema relacionado con el matrimonio. Si ambos están comprometidos a obedecer a Dios, entonces se someterán a Su voluntad, incluso cuando sería más fácil actuar en la carne de forma destructiva. El compromiso de obedecer a Dios es más importante que el compromiso de amarse. Una alianza con Dios es más sólida y duradera que una simple declaración de amor. ¿Por qué? Porque cuando el sentimiento se desvanezca, y pasará, serán el carácter y la integridad cristiana los que sostendrán el compromiso de seguir amando, perdonando y buscando el bien del cónyuge, en lugar del bien propio.
El compromiso de obedecer a Dios es más importante que el compromiso de amarse.
Un ejemplo bíblico es José en Egipto. La importancia de amar a Dios por encima de todo y tener convicciones personales se ve reflejada claramente en él. Estando lejos de su familia, de su tierra, sin que nadie lo vigilara, José siguió viviendo bajo la convicción de agradar a Dios. Tuvo una gran tentación: la esposa de su amo quiso seducirlo, pero no cayó. No fue su familia quien lo detuvo. No había otros judíos que lo observaran. Fue su conciencia delante de Dios lo que lo sostuvo.
“No hay otro mayor que yo en esta casa, y ninguna cosa me ha reservado sino a ti, por cuanto tú eres su mujer; ¿cómo, pues, haría yo este grande mal, y pecaría contra Dios? 10 Hablando ella a José cada día, y no escuchándola él para acostarse al lado de ella, para estar con ella, 11 aconteció que entró él un día en casa para hacer su oficio, y no había nadie de los de casa allí. 12 Y ella lo asió por su ropa, diciendo: Duerme conmigo. Entonces él dejó su ropa en las manos de ella, y huyó y salió.” Génesis 39:9-12
José huyó, literalmente, de la tentación. Eso es carácter cristiano.
Observa el carácter, no solo el rostro.
Cada persona debe observar cuidadosamente el carácter espiritual de quien está conociendo. ¿Es un buen cristiano? ¿Hay evidencia de que ama a Dios? Porque la verdad es esta: para tener un matrimonio fuerte necesitas mucho más que una cara bonita o una buena química emocional. Eso desaparece muy rápido cuando estás en medio de una temporada de conflictos y ajustes en el matrimonio.
Si estás en un cortejo, tienes que mover tus mariposas del estómago y reemplazarlas con sabiduría de Dios. No conocerás verdaderamente a alguien hasta que te cases, pero sí puedes observar los pequeños detalles:
¿Es fiel a la iglesia? ¿Sirve con alegría?
¿Tiene una relación sana con su pastor y con otros hermanos?
¿O es indiferente, excusándose por no ser un cristiano comprometido?
¿Se la pasa quejándose de otros, justificando su falta de entrega espiritual por culpa de terceros?
Estas son preguntas vitales, porque te darán una ventana al futuro. Recuerda: tú también, algún día, vas a causar dolor, frustración o desilusión a tu cónyuge, y si esa persona no ha aprendido a manejar conflictos espiritualmente antes de casarse, ¿por qué esperarías que reaccione bien cuando el problema seas tú?
Un joven caprichoso contra sus padres se convierte fácilmente en un esposo caprichoso. Una joven rencorosa con su autoridad puede volverse una esposa difícil de tratar. Estos son temas de carácter cristiano, no solo de compatibilidad.
Un joven caprichoso contra sus padres se convierte fácilmente en un esposo caprichoso.
Evalúa también cómo maneja los problemas: si es impulsivo, emocional, reactivo o manipulador, eso es una señal de que necesita madurar. La forma en que una persona trata a sus padres es muchas veces un reflejo claro de cómo tratará a su cónyuge.
Una forma segura de destruir un matrimonio antes de que comience es ignorar por completo el compromiso que él o ella tiene hacia Dios. No te engañes: no tendrás un matrimonio fuerte solo porque “se siente bonito” o porque hay una buena química emocional. Los sentimientos no construyen un matrimonio duradero.
Lo que verdaderamente hace un matrimonio sólido y hermoso es el compromiso y la entrega mutua, y eso solo se sostiene cuando ambos cónyuges están comprometidos con Dios. Dos cristianos que buscan complacer a Dios inevitablemente buscarán complacerse el uno al otro con amor, respeto y servicio.
Es el temor de Dios lo que genera el carácter necesario para perdonar, ceder, amar y perseverar, aun en los días difíciles.
2. ¿EN QUÉ TIPO DE HOGAR CRECIERON?
Creo firmemente en el poder del Evangelio para transformar vidas (2 Co 5:17); sin embargo, cuando las heridas del pasado no se tratan bíblicamente, tarde o temprano reaparecen en el presente. Por eso conviene preguntar: ¿en qué ambiente familiar creció la persona con la que podrías casarte?
No se trata de tenerla bajo lupa, ni de etiquetarla para siempre, sino de comprender los patrones que podrían manifestarse en un futuro matrimonio. Todos aprendemos de primera mano cómo funcionan los hogares observando el matrimonio de nuestros padres. Algunos tuvieron buenos ejemplos; otros, ninguno. Muchos crecimos con padres que ni siquiera conocían al Señor ni contaban con la dirección del Espíritu Santo.
Todos aprendemos de primera mano cómo funcionan los hogares observando el matrimonio de nuestros padres.
La clave, entonces, no es tanto de dónde venimos, sino a dónde vamos y si nuestros patrones y convicciones ahora se alinean con la Palabra de Dios. Cuando la Biblia señala un problema, también muestra el camino para resolverlo:
La clave, entonces, no es tanto de dónde venimos, sino a dónde vamos y si nuestros patrones y convicciones ahora se alinean con la Palabra de Dios.
“Lámpara es a mis pies tu palabra, Y lumbrera a mi camino.” Salmos 119:105
“Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos. 23 Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, este es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. 24 Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. 25 Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, este será bienaventurado en lo que hace.” Santiago 1:22-25
Quien creció en un hogar sin unión familiar tendrá que esforzarse, por gracia, para cultivar cercanía y comunicación. Quien vio explosiones de ira necesitará aprender dominio propio (Pr 16:32) antes de formar su propia casa.
“Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte; Y el que se enseñorea de su espíritu, que el que toma una ciudad.” Proverbios 16:32
Una forma segura de arruinar tu matrimonio es excusarte en tu crianza y negarte a romper la cadena, aun sabiendo que Cristo te da el poder para hacerlo (Jn 8:36).
“Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” Juan 8:36
POR ESO, AL CONOCER A ALGUIEN CON MIRAS AL MATRIMONIO:
1. Examina honestamente sus patrones familiares.
Cuando consideras a alguien para el matrimonio, no basta con saber que es cristiano o que sirve en la iglesia. También es sabio detenerse y observar los patrones que ha heredado o aprendido en su hogar. La Biblia nos enseña que lo que vemos en nuestro entorno familiar tiene un gran impacto en nuestras vidas (Éxodo 20:5-6; Proverbios 22:6). Aunque la gracia de Dios nos transforma, es un proceso que requiere honestidad, confrontación espiritual y disposición a cambiar.
Algunos ejemplos de patrones familiares que deben examinarse:
¿Cómo se resolvían los conflictos en su casa? ¿A gritos, con amenazas, en silencio o con humildad y perdón?
¿Cómo se trataban entre sí los padres? ¿Había respeto mutuo, violencia verbal, indiferencia o cariño genuino?
¿Había una vida espiritual activa? ¿Se leía la Biblia, se oraba juntos, se hablaba de Dios? ¿O era un hogar secular, superficial o religioso sin transformación?
¿Cómo veían el dinero, el trabajo, el servicio, la autoridad, la iglesia, el perdón?
Muchos comportamientos hoy tienen raíces en el ayer. Por eso, es importante que ambos hablen de su crianza sin vergüenza, pero con humildad. Esto no es para condenar a sus padres ni para justificar errores, sino para entender qué molde formó su carácter y si ese molde ha sido quebrado y rehecho por la Palabra de Dios.
“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Romanos 12:2
No tengas miedo de profundizar. Es mejor tener conversaciones difíciles antes de casarse que enfrentar consecuencias dolorosas después.
“Con sabiduría se edificará la casa, Y con prudencia se afirmará;” Proverbios 24:3
La respuesta a esta examinación de patrones te dará una buena idea de qué lleva cada uno en el corazón. Aún más importante, te ayudará a reconocer en qué áreas se necesita más atención, más oración y más honestidad. No creas que el amor lo cambiará todo. No ser honesto respecto a los patrones familiares puede causarte muchos problemas en el futuro, ya sea porque tú necesitas tomar acción para cambiar patrones pecaminosos en tu vida, o porque la persona que te interesa debe comenzar a trabajar en esas áreas.
No ser honesto respecto a los patrones familiares puede causarte muchos problemas en el futuro…
2. Busca evidencia de gracia y cambio real.
Si todavía se repite lo mismo que vivió en casa —ira, manipulación, apatía espiritual, entiende que muy probablemente eso continuará en el matrimonio a menos que haya un arrepentimiento genuino y un discipulado intencional.
3. Reconoce que sólo Dios cambia el corazón.
No entres en la relación esperando “convertirte” en el agente de transformación de tu pareja. Esa es obra exclusiva del Señor (Jer 17:9; Ez 36:26).
“Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?” Jeremías 17:9
“Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.” Ezequiel 36:26
Ignorar estas señales y suponer que “desaparecerán” por arte de magia es una forma rápida de destruir tu futuro hogar. Sé honesto, ora, pide consejo sabio y permite que la verdad del Evangelio dirija cada paso.
3. ¿EXISTE UN PROBLEMA MORAL EN TU VIDA?
Esta tercera pregunta de autoexaminación es muy importante y muchas veces suele ser menospreciada. Si quieres proteger tu futuro matrimonio, este es uno de los temas delicados que deben ser atendidos antes del matrimonio. La solución a un problema de inmoralidad no es el matrimonio. Muchos piensan que, si ya están viviendo en fornicación o teniendo relaciones sexuales, lo mejor que pueden hacer es simplemente casarse. Y aunque la Biblia dice que “mejor es casarse que estarse quemando” (1 Cor. 7:9), eso no significa que el matrimonio resolverá el problema del corazón.
La solución a un problema de inmoralidad no es el matrimonio.
Si uno de los dos tiene un problema con la pornografía, el matrimonio no va a solucionarlo. Tal vez al principio haya una “calma” superficial, como si se pusiera un curita espiritual, pero tarde o temprano las semillas de la inmoralidad comenzarán a dar fruto dentro del matrimonio. La única forma segura de tratar con la inmoralidad es permitir que Dios restaure tu vida moral antes de casarte.
No quiero que me malinterpretes. Quizás estás leyendo esto y ya has cruzado líneas morales con tu novio o tu novia. Quiero animarte, desde ya, a detener esa relación sexual y buscar ayuda espiritual. La meta de todo cristiano es la pureza. Muchos de nosotros fuimos salvos después de haber perdido la virginidad, pero eso no significa que no podamos vivir una vida pura. La pureza no se define solo por el pasado, sino por cómo vivimos hoy. Cualquier cristiano, sin importar su historia, puede vivir en pureza delante de Dios.
La pureza no se define solo por el pasado, sino por cómo vivimos hoy.
No te imaginas lo importante que es casarse en pureza. Es decir, que tanto el hombre como la mujer lleguen al altar limpios de pecados sexuales. Tener relaciones sexuales antes del matrimonio no prepara el terreno para una relación sana, solo enmascara problemas más profundos que, tarde o temprano, saldrán a la luz.
Tener relaciones sexuales antes del matrimonio no prepara el terreno para una relación sana, solo enmascara problemas más profundos que, tarde o temprano, saldrán a la luz.
La fornicación, como todo pecado sexual, es adictiva y suele manifestarse con más fuerza en momentos de conflicto matrimonial. Una vida moralmente sana hoy te dará más fuerzas y mejores herramientas para resistir las tentaciones que vendrán en el futuro. Protege tu corazón. Huye de la fornicación, como nos manda la Palabra de Dios (1 Cor. 6:18). Arrepiéntete de todo pecado inmoral y busca a alguien que te ayude a caminar en restauración y pureza.
“Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; mas el que fornica, contra su propio cuerpo peca.” 1 Corintios 6:18
Una forma segura de arruinar tu futuro matrimonio es ignorar este principio. Pensar que el matrimonio resolverá tus luchas morales es un error grave. Es mejor que enfrenten estos temas ahora, que esperar a que la fornicación se transforme en adulterio. Y cuando eso sucede, las consecuencias son devastadoras y muy dolorosas.
4. ¿QUÉ EXPECTATIVAS TIENES DEL MATRIMONIO?
Rara vez dos jóvenes tienen expectativas claras y realistas antes de entrar al matrimonio. De forma natural, todos nos imaginamos algo sobre cómo será. Tal vez pensemos que el matrimonio será de una manera o de otra. Lo cierto es que las emociones del noviazgo tienden a nublar el razonamiento, especialmente cuando se trata de la realidad del matrimonio.
No quiero pintar un cuadro negativo del matrimonio. Yo disfruto estar casado y, muchas veces, lamento ver a otros sufrir en su soltería. No me puedo imaginar no estar casado. Para quienes disfrutamos nuestro matrimonio, no tenemos temor en decir que se necesita mucho esfuerzo para mantenerlo a flote. Esa es una de las realidades que todo joven que está considerando casarse debe tener en cuenta.
Tener un matrimonio feliz no es fácil. Cuando dos pecadores deciden vivir juntos, surgirán conflictos. Cada ser humano es egoísta por naturaleza. Todos creemos tener la razón. Todos defendemos nuestros puntos de vista. Todos tenemos sentimientos, ideas, carácter… y podría seguir la lista. El punto es que, una vez casados y dejando a un lado las emociones del noviazgo, la vida cotidiana es lo que muchas veces sabotea un matrimonio. Algunos pensaban que todo sería romántico y eufórico cada día. Pero nada los preparó para la rutina. Nada los preparó para la monotonía que muchas veces se presenta. Y si no se tiene cuidado, uno puede comenzar a sentirse insatisfecho y pensar: “Yo pensé que estar casado sería algo más emocionante”.
Cuando dos pecadores deciden vivir juntos, surgirán conflictos.
Además de esto, muchos entran al matrimonio con expectativas irreales. Por ejemplo, una joven puede pensar: “Cuando nos casemos, mi esposo se dedicará todos los días a hacerme feliz”. O incluso más: “Es su trabajo vivir para mi felicidad”. Aunque es cierto que un esposo debe esforzarse por hacer feliz a su esposa, él no es Dios. No puede sostener emocionalmente a su esposa en todo momento. Ella también tendrá que aprender a ser feliz, independientemente de su esposo, por su relación con Dios.
Un joven puede pensar: “Mi esposa será experta en limpieza y me cocinará todo lo que quiera. Siempre estará sonriente y respetará todas mis decisiones.” Puede imaginar que su esposa lo estará esperando cada día, viviendo para servirle, siempre diciendo “sí, señor” a todo lo que él quiera. Quizá hasta crea que ella siempre va a querer tener relaciones sexuales en cualquier momento, sin darse cuenta de que esto es el resultado de una relación saludable y cultivada con amor, comunicación y respeto.
Sea cual sea el caso, ambos deben luchar por tener expectativas realistas. Ambos son humanos, imperfectos, y ambos necesitarán seguir creciendo en gracia y madurez. No esperes que tu futuro cónyuge sea como Dios en tu vida. Solo hay un Dios, y no será tu esposo o tu esposa. No le atribuyas características divinas. Si no se comunican, no pueden adivinarse los pensamientos. Si no hablas, tu pareja no sabrá cómo te sientes. La realidad es que la comunicación será clave para mantener tu futuro matrimonio sano.
No sabotees tu matrimonio antes de comenzarlo con expectativas irreales. Puedes entrar al matrimonio y sentirte profundamente insatisfecho o infeliz simplemente porque tus expectativas estaban completamente fuera de lugar.
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