CARACTERISTICAS DE UNA IGLESIA QUE ES CONTROLADA POR UNA FAMILIA – PARTE #2

Esta es la segunda parte sobre el tema de las características de una iglesia que está bajo el control de una familia. Si no has leído la primera parte, haz clic aquí.

En la primera parte vimos que, por lo general, las familias que intentan controlar la iglesia suelen ser familias grandes, con muchos parientes dentro de la misma congregación. También observamos que suele existir alguien muy influyente dentro de esa familia y que, cuando esta persona se queja o critica, afecta al resto de sus parientes. 

Asimismo, mencionamos que cuando surge un conflicto con un miembro de la familia, en realidad el pleito termina siendo con toda la familia. Finalmente, señalamos que, en muchos casos, estas personas llegan incluso a atreverse a decirle al pastor cómo debe predicar y qué temas debe abordar en sus mensajes.

Ahora, al continuar con las características de una iglesia que está controlada por una familia, compartiré otras señales que he podido identificar. A lo largo de mis viajes y al visitar diferentes iglesias, he tenido la oportunidad de aprender mucho de estas experiencias. Sigamos, entonces, con las siguientes características

1. TALES MIEMBROS DE LA FAMILIA LE HAN DICHO AL PASTOR: “ESTÁBAMOS AQUÍ ANTES DE QUE LLEGASTE, Y ESTAREMOS AQUÍ DESPUÉS DE QUE TE VAYAS”.

La realidad es que muchos pastores, al enfrentar la dificultad de pastorear una iglesia dominada por una familia grande y controladora, han escuchado estas palabras. Recuerdo que cuando era más joven se me abrió la oportunidad de tomar una iglesia. Esta iglesia había tenido varios pastores en muy poco tiempo. El Pastor Chappell me recomendó hablar con los diáconos de la congregación y decirles que, si Dios los guiaba a ponerme como pastor, ellos estarían rindiendo su posición como diáconos. Claro está, ellos no quisieron aceptar esto, porque significaba perder el control de la iglesia.

Una de las grandes pérdidas que sufren estas familias es la de un ambiente sano donde puedan crecer espiritualmente los hijos y demás parientes. Tarde o temprano, la misma familia termina dividida y peleada entre sí, porque una iglesia no puede tener muchas cabezas. Estas familias están más interesadas en ejercer poder y control que en buscar el crecimiento espiritual de la congregación. Como consecuencia, sus hijos crecen en una iglesia carnal, marcada por la contienda y el orgullo, perdiendo mucho más de lo que alguna vez creyeron ganar.

Estas familias están más interesadas en ejercer poder y control que en buscar el crecimiento espiritual de la congregación.

Lo cierto es que, tarde o temprano, cuando el pastor intenta hacer un cambio, lo desafían. Y en muchas ocasiones se atreven a decirle que tienen más peso en la iglesia, porque ya estaban allí antes de que él llegara y seguirán allí después de que él se vaya.

2. MUCHOS QUE QUIEREN SERVIR NO SE LES DA LA OPORTUNIDAD.

Esto sucede porque la familia dominante controla todo el sistema y no quiere rendir su posición. Familias que ejercen control en la iglesia, por lo general, son familias inseguras. Tienen miedo de perder poder y, por esa razón, procuran ocupar cada área posible para mantener bajo su control a los demás. 

Esta actitud no es nueva. En la Biblia encontramos a Diótrefes, de quien se dice: “a quien le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe” (3 Juan 9). Igual que él, hay familias “ebrias de poder” que terminan teniendo la misma actitud de rechazo y obstáculo para los demás.

Por eso, es muy difícil que una iglesia que vive bajo este sistema pueda alcanzar a nueva gente. Los nuevos creyentes o visitantes se convierten en una amenaza para la familia que está en control, porque representan un posible cambio. Al final, los conflictos internos terminan espantando a los que recién llegaban, quienes perciben que no hay unidad ni un ambiente de amor cristiano.

Cuando una iglesia se convierte en un “coto familiar de poder”, en lugar de un cuerpo donde cada miembro aporta según los dones que Dios le ha dado (1 Corintios 12:7), no solo se limita el crecimiento espiritual, sino que se pierde la misión principal de alcanzar a los perdidos y edificar a los creyentes.

3. TIENEN UNA LISTA LARGA DE PASTORES QUE NO HAN DURADO MUCHO TIEMPO.

Es común ver que las iglesias dominadas por una familia tienen un historial de pastores que renuncian rápidamente y se van. La fama de estas iglesias es que los pastores “no duran”. Siempre me ha parecido triste que sacrifiquen tanto con tal de retener el poder, al grado de operar la iglesia de manera tan antibíblica que terminan estorbando la obra de Dios y alejando a la nueva gente.

La Biblia enseña claramente que la iglesia debe seguir la autoridad del pastor (Hebreos 13:17). Sin embargo, en estas iglesias los papeles se invierten: los miembros de la familia poderosa quieren que el pastor se sujete a ellos. Nunca le permiten al siervo de Dios ser libre para seguir la visión que el Señor ha puesto en su corazón. En lugar de caminar bajo la dirección de Dios, terminan siguiendo las preferencias de la familia que domina.

Un hombre llamado por Dios al pastorado difícilmente debe rendir la autoridad que el Señor le ha dado para entregársela a personas carnales. Si un pastor lo hace, debe entender que no está operando bajo la autoridad de Dios, sino bajo la manipulación de los hombres. Y lo más serio es que un día ese pastor dará cuentas delante a Cristo por cómo dirigió la iglesia (Hebreos 13:17; 1 Pedro 5:2–4). En ese momento, no podrá excusarse diciendo: “La familia estaba en control”. La responsabilidad recae únicamente en él.

“Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria.” 1 Pedro 5:2-4 

El Señor demanda que los pastores cuiden de la grey de Dios con fidelidad y valentía, no que entreguen su autoridad a familias orgullosas que buscan controlar lo que no les pertenece. Una iglesia con un historial de pastores “de paso” refleja que en realidad no ha permitido a ninguno ejercer plenamente su ministerio, y esa falta de estabilidad espiritual siempre termina perjudicando a las nuevas generaciones.

Mientras que los pastores deben ser vistos como un regalo de Dios para la iglesia (Efesios 4:11), muchas congregaciones controladas por familias han perdido toda vergüenza. En lugar de valorar el ministerio pastoral, se ríen y hasta se mofan del hecho de que nunca han podido mantener a un pastor por mucho tiempo. ¡Qué pena, y qué mal testimonio para quienes dicen ser cristianos! 

En vez de enorgullecerse y presumir de que “ningún pastor dura aquí”, deberían arrepentirse y alinearse con el plan de Dios para la iglesia local. Si de verdad no están de acuerdo con el pastor y consideran que, por motivos bíblicos, no pueden someterse a su liderazgo, entonces están en plena libertad de buscar otra iglesia. Pero lo que no es correcto es quedarse dentro de la congregación solo para decirle al pastor cómo debe dirigir la iglesia o qué decisiones debe tomar. Eso no es sumisión bíblica, es rebelión disfrazada de espiritualidad.

Ahora bien, no estoy diciendo que los pastores son perfectos; ellos también son humanos y cometen errores. Pero tampoco los miembros son perfectos. La diferencia es que los pastores son los que Dios ha puesto en autoridad sobre la iglesia (Hebreos 13:17). Si los miembros no están felices con su liderazgo, lo más sabio es buscar edificar la iglesia mientras estén ahí, y en caso contrario, trasladarse a otro lugar donde puedan servir en paz, en lugar de quedarse para sembrar discordia. 

La Palabra de Dios es clara: “Seis cosas aborrece Jehová, y aun siete abomina su alma: … el que siembra discordia entre hermanos” (Proverbios 6:16,19). Lamentablemente, muchos creyentes se dejan usar por el mismo diablo para traer división dentro de la iglesia, todo bajo el argumento de “buscar lo mejor”. Sin embargo, lejos de edificar, destruyen. Daños profundos quedan en la unión de la iglesia, y muchas veces nuevas generaciones terminan desanimadas por el mal ejemplo. 

Una iglesia que entiende que su pastor es un regalo de Dios lo honra, lo respalda en oración y busca caminar en unidad. Una iglesia que se burla de no poder mantener pastores revela que ha perdido la visión bíblica y que se encuentra lejos del corazón de Cristo, quien es la Cabeza de la iglesia.

Hace algunos años, un amigo me pidió que predicara en su iglesia. Él estaba a punto de renunciar, porque estaba enfrentando precisamente la clase de problemas que estoy describiendo en este artículo. Me confesó que tenía temor de invitarme, ya que no pidió permiso a la iglesia para hacerlo, y en la condición en que se encontraba la congregación, cualquier cosa podía provocar un conflicto. Además, como yo iba a predicar sobre el tema del orden en la iglesia, él temía que algunos hermanos se atrevieran a insultarme o incluso a hacerme daño. 

Yo le dije que no se preocupara, que yo llevaría conmigo a varios hermanos de mi propia iglesia, por si acaso las cosas se ponían tensas. Aquella noche prediqué un mensaje titulado “Orden en la Iglesia”, en el cual expliqué bíblicamente la función del pastor y la correcta filosofía de la iglesia local según las Escrituras. 

Recuerdo que, al terminar el servicio, el comité de diáconos me estaba esperando para hablar conmigo. Claramente no estaban cómodos con el mensaje, pues exponía verdades que confrontaban directamente el sistema que ellos habían establecido en esa congregación. No obstante, mi responsabilidad era proclamar la Palabra de Dios sin temor, tal como Pablo le dijo a Timoteo: 

“Que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina”  2 Timoteo 4:2

Ese momento me recordó cuán serio es el llamado de un pastor o predicador: agradar a Dios y no a los hombres (Gálatas 1:10). Aunque hubo incomodidad, sé que era necesario predicar la verdad, porque una iglesia sin orden bíblica está condenada a caer en divisiones, pleitos y, eventualmente, en la ruina espiritual.

Se les notaba en la cara que no estaban muy felices con el mensaje que prediqué. Uno de ellos me dijo: “No hay nada de malo en su mensaje, incluso fue muy bíblico; sin embargo, no es el orden de nuestra iglesia, y nosotros hemos decidido hacer las cosas como ya nos hemos acostumbrado a hacerlas”. Yo le respondí: “¿No les importa que esté mal? Ustedes son la razón por la cual esta iglesia no ha crecido. El pastor ya está oficialmente renunciando, y a ustedes no les importa”.

Antes de irme, hablé con los dos individuos más influyentes y, a la vez, los que más problemas causaban en la iglesia. Les dije claramente: “Un día ustedes se van a pelear por el poder de esta iglesia”. Ellos me ignoraron, como si mis palabras no tuvieran peso, pero la realidad es que dos personas hambrientas de poder jamás podrán dirigir una iglesia conforme al plan de Dios.

Dicho y hecho. Pasaron unos dos años cuando volví a reunirme con uno de ellos, y para mi sorpresa me confesó que ya no se hablaban con el otro, a pesar de ser familia. Uno incluso decidió irse a otra iglesia después de un pleito entre ellos. Así es como funciona la carne cuando gobierna: divide, hiere y destruye.

El problema era que ellos querían manejar la iglesia como un negocio, en donde el pastor debía pedirles permiso básicamente para cualquier cosa que quisiera hacer en el ministerio. Eso es un desorden total. Conozco a otro amigo colaborador en el ministerio que también intentó pastorear allí, y no duró mucho tiempo.

¡Pobres hermanos de esa iglesia! Llegará el día en que estén delante de Jesucristo, y tendrán que rendir cuentas no solo por su orgullo y su rebeldía, sino también por todas las almas que se perdieron a causa de su estorbo y del mal testimonio que dieron. ¡Qué terrible será en aquel día escuchar al Señor decir: “Tropiezo fuiste para los más pequeños de mis hijos”!

4. LA IGLESIA VE AL PASTOR COMO UN EMPLEADO DE LA IGLESIA

Es verdaderamente triste cuando una iglesia menosprecia la posición del pastor. Cuando lo ven como un simple empleado, y no como un hombre llamado por Dios a predicar Su Palabra, se pierde el respeto debido al ministerio. Lo más lamentable es que, en muchos casos, los que actúan así son hermanos con más tiempo en el cristianismo, quienes deberían ser ejemplo y apoyo. 

He visto iglesias en las que algunos hermanos se comportan como si fueran los “jefes” del pastor. Recuerdo un caso en particular: en una iglesia donde prediqué, los miembros habían decidido dejar de diezmar para que el pastor sufriera necesidad y así se viera obligado a renunciar. 

¿Hasta dónde puede llegar la gente por su capricho de querer controlar? No sólo deciden deshonrar y desobedecer a Dios con sus bienes, sino que también usan la ofrenda como un arma de contienda. ¡El diezmo es del Señor, no de ellos! Retenerlo con la intención de perjudicar al siervo de Dios es algo digno de condenación. 

La Escritura nos advierte:

“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo;” Filipenses 2:3

Recuerdo que, en aquella ocasión, el pastor me compartió lo que estaba sufriendo. Lo tomé del hombro y le pregunté: “¿Confías en mí?” Él me respondió que sí. Entonces le dije: “Voy a predicar un mensaje, pero necesito que confíes, aunque al principio quizá te cause temor lo que escucharás.” Él aceptó. Esa noche prediqué con toda franqueza. Le dije a la iglesia que ni el mismo diablo querría ser miembro de una congregación con esa actitud. Señalé lo penoso de su comportamiento y les advertí que, si no se arrepentían, enfrentarían el juicio de Dios por retener el diezmo. 

Gracias a Dios, Su Espíritu obró poderosamente. Hubo muchas lágrimas, y varios hermanos fueron a pedir perdón a su pastor. Hace poco regresé a predicar allí, y me dio gran gozo ver al pastor fuerte, renovado y con una iglesia restaurada.

5. EN LA MAYORÍA DE LAS VECES LA IGLESIA NO ESTÁ CRECIENDO. 

Esta es una de las señales más obvias, quizás podríamos llamarle un síntoma de una enfermedad interna. Nadie quiere asistir a una iglesia donde se respira contienda. Si el ambiente es tenso, los hermanos disgustados con sus gestos y caras largas anuncian a todo el mundo que las cosas no andan bien. 

Al predicar el pastor, las familias que quieren controlar hacen muecas de escarnio, gestos desafiantes o actitudes de burla. La Palabra enseña que un corazón endurecido por el conflicto no puede gozar de la bendición de Dios: 

“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados;” Hebreos 12:15

La función misma de la iglesia se ve estorbada por las familias que buscan manipular. Son rápidas para culpar al pastor del estancamiento, sin reconocer que ellas mismas son la causa de que muchos no permanezcan. La Biblia advierte que el orgullo lleva a la ruina: 

“Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” Proverbios 16:18 

Cuando algunos miembros se dedican a divulgar chismes y desacuerdos, en lugar de edificar, destruyen la obra de Dios. Pablo confrontó esto en Corinto:

“Porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?” 1 Corintios 3:3

Las iglesias contenciosas se convierten en drenajes del cristianismo. Espiritualmente apestan, aunque los congregantes muchas veces se han acostumbrado tanto a su condición que no perciben su propio mal olor. Jesús mismo reprendió a los fariseos: 

“Guías ciegos, que strain el mosquito, y tragan el camello” Mateo 23:24

La Iglesia siempre ha tenido oposición externa. Sin embargo, lo más dañino es la oposición que viene de adentro. El libro de los Hechos muestra que la persecución externa no detuvo a la Iglesia, al contrario, la multiplicó: 

“Y los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio” Hechos 8:4

Lo que sí puede detener la obra es la carnalidad de los mismos miembros. La Escritura enseña claramente: 

“Si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros” Gálatas 5:15 

Por eso, ¿qué se puede esperar de miembros que no siguen el liderazgo del pastor? ¿Qué se puede esperar de quienes no fomentan la unidad ni buscan un mismo sentir?

La respuesta bíblica es clara: “Andarán dos juntos, si no estuvieren de acuerdo?” (Amós 3:3). Lo único que se puede esperar es que perjudiquen la obra de Dios y, consciente o inconscientemente, terminen aliándose con el diablo para hacerlo. 

Si perteneces a una iglesia donde una familia ha tomado el control, entiendo tu frustración. Pero en lugar de huir, te animo a ser un aliado de tu pastor. Fortalécelo, apóyalo, porque la Biblia enseña:

“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso” Hebreos 13:17

6. CUANDO EL PASTOR ESTÁ EN LA CULPA

Esta sección quizás sea de gran interés para varias familias que suelen querer controlar las iglesias. Si eres parte de una familia así y has aguantado leer este artículo hasta aquí, quizá pienses que por fin sentirás alivio. Sin embargo, mi propósito no es justificar el pecado de unos y condenar a otros, sino advertir y animar a los pastores a regresar a su llamado bíblico, y a la vez abrir los ojos de los hermanos para que sepan cómo ayudar al pastor, incluso si se encuentra en medio de oposición. 

Debemos tener cuidado con este tema, porque existen diferentes perspectivas y es fácil juzgar mal una situación. Por eso se requiere mucha oración, para no caer en desobediencia a Dios. La Biblia nos enseña:

“Si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios, el cual da a todos abundantemente” Santiago 1:5

Hay ocasiones en que un pastor puede estar operando fuera de su autoridad bíblica. Tristemente, existen pastores iracundos, abusivos o que imponen filosofías no bíblicas, ejerciendo dominio indebido sobre la grey. La Escritura lo advierte claramente: 

“No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey” 1 Pedro 5:3

He visto iglesias donde el pastor amenaza, controla y hasta impide que la gente busque otra congregación. Eso no es liderazgo espiritual, sino manipulación. En casos así, cuando un creyente está convencido de que el pastor no procede bíblicamente, lo más sabio es buscar otra iglesia. Pero aun entonces, la salida debe hacerse con respeto y sin sembrar división. 

La Biblia nunca otorga a la congregación la autoridad de despedir a un pastor por un simple voto popular. Lo único que la Escritura establece como causa de descalificación es cuando el pastor deja de cumplir con los requisitos de su ministerio, ya sea en el área moral o doctrinal. Por ejemplo, un pastor no puede caer en adulterio ni alterar la doctrina bíblica de la iglesia: 

“Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro;” 1 Timoteo 3:2-3 

Si ese no es el caso, entonces el miembro debe decidir: quedarse en unidad, o salir en paz, pero nunca quedarse para hacer guerra dentro de la iglesia. Recordemos que el pastor tiene la responsabilidad de guiar a la grey según la Palabra de Dios. Mientras no salga de los límites bíblicos, tiene autoridad para establecer visión, filosofía y dirección para la iglesia. La Biblia ordena: 

“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas” Hebreos 13:17

Un ejemplo práctico: así como los padres tienen autoridad en el hogar para establecer reglas de convivencia, aunque la Biblia no les diga a qué hora deben acostar a sus hijos, de igual manera un pastor puede poner orden en la iglesia sin salirse de la Palabra. Los hijos no pueden rebelarse contra su padre solo porque no les guste la hora de dormir, mientras no se les pida pecar. Igual sucede en la iglesia: la congregación debe sujetarse siempre que el pastor no pida algo contrario a la Escritura. 

Cada pastor debe tener la libertad de ejercer su liderazgo, siguiendo la dirección en la que cree que Dios lo está guiando. El deber de los miembros de la iglesia es apoyar y seguir a su pastor. En otros artículos hemos escrito sobre cómo y cuándo alguien debe salir de una iglesia. Sin embargo, aun cuando un pastor tome decisiones que no parezcan las más sabias o prudentes, no encontramos en la Biblia que la iglesia tenga autoridad para destituirlo simplemente por medio de un voto congregacional.

La realidad es que, si se juntan suficientes chismosos, estas personas pueden influir y cambiar la perspectiva que la iglesia tiene de su propio pastor. Puede tratarse de un pastor que está haciendo lo mejor posible y permanece fiel a su llamado delante de Dios, pero la gente carnal, a través de sus palabras, puede corromper el bien que se estaba logrando en la congregación.

“No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.” 1 Corintios 15:33

Si a la congregación se le permite, llegará a estar llena de divisiones que deshonran a Dios. Esto sucede cuando hay suficientes hermanos carnales que, en lugar de luchar a favor de la unidad de la iglesia, se oponen y provocan conflictos dentro de ella.

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. 11 Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.” 1 Corintios 1:10-11

“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, y no vianda; porque aún no erais capaces, ni sois capaces todavía, porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres? Porque diciendo el uno: Yo ciertamente soy de Pablo; y el otro: Yo soy de Apolos, ¿no sois carnales?” 1 Corintios 3:1-4

Es responsabilidad del pastor apacentar a la grey y dirigir la iglesia dentro de los límites de la Biblia. Mientras no actúe de forma antibíblica, él tiene el derecho y la autoridad de establecer la filosofía, la visión y la dirección de la iglesia. 

El pastor puede establecer normas prácticas o “políticas” sobre cómo se llevará a cabo la vida de la iglesia. Esto es muy parecido a la autoridad que la Biblia otorga a los padres en el hogar: se les da la responsabilidad de gobernar, pero no se les dicta cada detalle. De la misma manera, un pastor tiene autoridad para establecer reglas prácticas en la iglesia, siempre y cuando no contradigan la Palabra de Dios. Lo que nunca puede hacer —al igual que un padre— es ordenar algo que vaya directamente en contra de la voluntad de Dios, como robar o mentir.

“Respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres.” Hechos 5:29

Nuestra autoridad en cuanto a fe y práctica es la Biblia. Si no existe una contradicción con las Escrituras, la congregación debe seguir a su pastor o, en caso de no estar de acuerdo, buscar otra iglesia. Lo que no es la voluntad de Dios es que alguien permanezca en un lugar para hacer guerra. Eso no solo es una desgracia, sino que además provoca desobediencia y acarrea la disciplina de Dios sobre las personas que actúan así.

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