Recientemente, escuché que un conocido cayó en adulterio, y una vez más los escándalos abundan alrededor de la caída de un pastor. Este tipo de noticias siempre despiertan atención, comentarios y reacciones, porque el tema del adulterio en el ministerio es profundamente escandaloso y doloroso. No solo afecta al líder, sino también a su familia, a la iglesia y al testimonio del evangelio. El propósito de este artículo no es alimentar el morbo ni el juicio, sino traer equilibrio, claridad y una perspectiva bíblica en medio de tanta confusión que suele levantarse cuando un pastor cae en pecado.
Tengo más de 23 años en el ministerio, y en ese tiempo me ha tocado ver un poco de todo. He sido testigo de victorias, restauraciones, fracasos y heridas profundas. Y algo que he aprendido es que todos estamos llamados a aprender aun de las fallas de otros, antes de levantar el dedo en crítica. Mi deseo con este artículo no es señalar, sino edificar. Quiero ayudar a que cada persona que lo lea pueda crecer espiritualmente, aun si ha conocido personalmente a un pastor que ha caído en inmoralidad. Porque, tristemente, entre más carnal es una persona, más tiende a enorgullecerse al escuchar la caída de alguien más. Pero entre más conocemos lo que la Biblia dice de nosotros mismos, más conscientes somos de la gracia de Dios que nos ha sostenido hasta hoy.
tristemente, entre más carnal es una persona, más tiende a enorgullecerse al escuchar la caída de alguien más
Muchas veces escuchamos comentarios que están basados más en opiniones personales que en la verdad de las Escrituras. Entre menos entendimiento hay sobre cómo una persona llega a caer en adulterio, más fácil resulta generalizar, simplificar el problema y juzgar con ligereza. Con frecuencia, llenos de orgullo y arrogancia, algunos se apresuran a lanzar piedras sin considerar su propia fragilidad espiritual. Se habla sin misericordia, sin oración y sin temor de Dios.
Mi primera experiencia sobre cómo debemos tratar la caída de un hombre de Dios la viví a los 18 años. En ese tiempo, un asistente de pastor en la Iglesia Bautista de Lancaster cayó en pecado. Recuerdo que un grupo de hombres estábamos reunidos cuando el pastor se paró detrás del púlpito, anunció lo sucedido y leyó varios pasajes de la Escritura. Luego nos pidió que todos nos arrodilláramos para orar, pidiendo a Dios que protegiera nuestros corazones y nuestras vidas para no caer en ese mismo pecado. Nos exhortó a dar gracias por la gracia de Dios en nuestras vidas, y nos dijo con mucha humildad: “Todo ser humano, si no cuida su corazón, puede caer”.
“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.” 1 Corintios 10:12
Nunca imaginé cuánto marcaría esa experiencia mi manera de pensar sobre el adulterio, especialmente cuando involucra a pastores. Hasta el día de hoy, cada vez que escucho que un siervo de Dios ha caído, mi primera reacción no es criticar, sino orar. Doy gracias a Dios porque, hasta ahora, su gracia me ha sostenido. Cuando uno reconoce lo frágil que es, se vuelve difícil lanzar piedras con orgullo. La conciencia de nuestra debilidad nos lleva a la humildad.
Con este artículo quiero compartir algunos pensamientos sinceros y bíblicos sobre este tema. Sé que levantará desacuerdos entre colegas, opiniones diferentes y quizá incluso incomodidad. También sé que despertará interés y conversación. Sin embargo, mi intención no es causar división, sino traer luz, equilibrio y una forma correcta de pensar sobre una realidad que, lamentablemente, ocurre con frecuencia en el mundo cristiano. Mi oración es que este escrito nos ayude a responder con verdad, gracia, responsabilidad y temor de Dios.
1. LA CAÍDA DE PASTORES NO SOLO SUCEDE ENTRE BAUTISTAS FUNDAMENTALES
Si hay algo que, humanamente hablando, tiende a moverme a la carne, es ver cómo, cuando un pastor bautista fundamental cae en pecado, inmediatamente aparece un grupo de personas ignorantes que afirman que su caída se debió simplemente a que era “fundamentalista”. Para muchos, el problema no fue el pecado del corazón, sino la doctrina, las convicciones o el movimiento al que pertenecía. Quiero darles el beneficio de la duda y pensar que, tal vez, solo conocen ese círculo ministerial y por eso hablan de esa manera. Sin embargo, esa conclusión está muy lejos de la verdad.
Las caídas morales no están ligadas a un grupo específico del cristianismo. Pastores de todas las denominaciones caen en pecado de manera constante. Nadie tiene el monopolio de la santidad, ni tampoco de la debilidad humana. Por eso debemos tener cuidado de no generalizar el adulterio ni convertirlo en una bandera para atacar a un grupo en particular.
Las caídas morales no están ligadas a un grupo específico del cristianismo.
Muchos jóvenes, que ya están molestos con los bautistas fundamentales, reaccionan de inmediato diciendo que la razón por la que algunos pastores caen es porque viven bajo muchas reglas y son “fariseos”. En otras palabras, afirman que los fundamentalistas se enfocan solo en una vida externa, sin cuidar la vida interna. Y aunque es cierto que todo pecado comienza con el descuido del corazón, esa realidad no es exclusiva de un movimiento. Esa verdad se aplica a cualquier persona, sin importar su afiliación denominacional. Todo pecado es resultado de una vida espiritual descuidada.
Aquí surge una pregunta importante que debe responderse bíblicamente: ¿por qué cayó David en adulterio? La Escritura dice que era un hombre conforme al corazón de Dios. No era bautista fundamental, no era fariseo, no estaba bajo un sistema legalista. Era un siervo de Dios que amaba al Señor. Nadie podría argumentar seriamente que cayó porque tenía demasiadas reglas. Sin embargo, cayó porque descuidó su comunión con Dios, su vigilancia espiritual y su disciplina personal.
Esto nos recuerda que todo ser humano está llamado a cuidar su vida interior. No importa quién sea, qué cargo tenga o a qué denominación pertenezca. Cualquiera que descuide su alma terminará haciendo cosas contrarias a sus valores cristianos.
“Tú, pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.” 2 Timoteo 2:1
También hemos visto cómo pastores de iglesias liberales han caído en adulterio. Y sería fácil, desde nuestro lado, decir que su caída se debió a que no tenían estándares de santidad ni reglas claras. Pero hacer eso sería cometer el mismo error que cometen quienes atacan a los bautistas fundamentales. Cambiaríamos de bando, pero seguiríamos pecando con el mismo espíritu de juicio.
Conocí a un pastor que salió del movimiento bautista fundamental y comenzó a hacer videos atacándolo constantemente, acusándolo de fariseísmo. Criticaba a los predicadores que habían caído en pecado y afirmaba que nosotros no entendíamos correctamente la gracia de Dios. Decía que ahora, fuera de nuestros círculos, había aprendido a vivir en verdadera libertad. Incluso quitó la palabra “Bautista” del nombre de su iglesia, buscando distanciarse completamente del movimiento.
Lo trágico es que, mientras enseñaba que ahora comprendía mejor la gracia y que las reglas eran la causa de la caída de muchos pastores, él mismo estaba viviendo en inmoralidad. Compartía a su esposa con su asistente y se involucraba con otras mujeres. Es algo profundamente irónico: pretendía darnos lecciones sobre la gracia mientras vivía en pecado abierto. Una cosa es caer y reconocer que se ha fallado; otra muy distinta es una vida inmoral a esos grados donde varios están involucrados.
“Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos; 16 como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios. 17 Honrad a todos. Amad a los hermanos. Temed a Dios. Honrad al rey.” 1 Pedro 2:15-17
Podría mencionar una lista de autores y líderes conocidos, fuera del movimiento bautista fundamental, que también han caído en adulterio. Recientemente, un autor reconocido en el área de la consejería bíblica confesó públicamente una relación ilícita. Sin embargo, este artículo no busca señalar nombres ni alimentar el chisme. Mi propósito es mostrar que la inmoralidad trasciende cualquier denominación.
La razón por la que esto sucede es sencilla: hay pecadores en todos los círculos del cristianismo. Y donde hay pecadores, habrá pecado. Lo encontramos en los grupos más conservadores, como también en los más liberales, donde muchas veces la inmodestia y la falta de reverencia se exhiben abiertamente desde las plataformas. Dondequiera que hay seres humanos, hay depravación.
Por eso, cada creyente, y especialmente cada pastor, debe aprender a luchar diariamente contra su carne, a velar por su corazón y a depender de la gracia de Dios, si quiere mantenerse lejos del pecado.
“ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” Romanos 6:13
2. EL ADULTERIO TIENE RAZONES COMUNES
Antes de que alguien lo diga, sé que muchos resumen todo con una sola frase: “Se alejó de Dios y cayó en pecado, y punto”. Y aunque eso es cierto en esencia, después de más de 23 años en el ministerio y de haber aconsejado a alrededor de 35 matrimonios afectados por el adulterio, he aprendido que casi nunca sucede de manera repentina. La caída suele ser el resultado de un proceso lento, silencioso y peligroso.
he aprendido que casi nunca sucede de manera repentina. La caída suele ser el resultado de un proceso lento, silencioso y peligroso.
Comprender estas razones no es justificar el pecado, sino aprender a prevenirlo. Muchas veces, por solo tirar la piedra, no nos damos cuenta de que nosotros mismos podríamos estar caminando por el mismo sendero. Por eso es necesario analizar con honestidad los patrones que se repiten, especialmente en la vida pastoral, aunque muchos de estos principios también aplican a cualquier matrimonio cristiano.
DESCUIDO DE SU VIDA DEVOCIONAL
Este debe ser el primer punto. La tendencia de muchos hombres de Dios es leer la Biblia solo para predicarla. La Palabra se convierte en material de sermón, pero deja de ser alimento personal. Eso es un gran peligro espiritual.
Dios nos llama a nutrir nuestro hombre interior, no solo a preparar mensajes. Cuando vivimos bajo presión constante, terminamos usando la Biblia como manual de trabajo, en lugar de permitir que transforme nuestro corazón.
Antes de que exista una caída pública, ya hubo una caída privada. Hubo tolerancia al pecado, descuido en la oración y frialdad espiritual. Mantener las devociones frescas es una lucha diaria para todo pastor. Alejarse de la Palabra y de la oración es, en esencia, intentar servir a Dios sin depender de Dios.
“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza.” Efesios 6:10
“Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” Mateo 26:41
SOBRECARGA DE TRABAJO
Confieso que dudé si incluir este punto, porque algunos se ofenden cuando se habla de descanso pastoral. Es cierto: hay pastores que necesitan trabajar más. Pero también es cierto que muchos caen porque trabajan demasiado y descuidan su vida espiritual.
Sirven a Dios en vacío. Predican, visitan, administran, pero internamente están agotados. Ya no disfrutan su comunión con Dios. Dios estableció el principio del descanso desde la creación, no porque Él lo necesitara, sino para enseñarnos a nosotros.
Aún Dios nos mostró este principio al descansar al séptimo día, no porque Dios necesite descanso, sino que quería darnos un ejemplo a nosotros.
Jesús mismo buscaba tiempos de reposo.
“Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer.” Marcos 6:31
Cuando una persona vive en fatiga constante, su resistencia espiritual se debilita. El cansancio prolongado vuelve vulnerable el corazón.
“El alma sin ciencia no es buena, Y aquel que se apresura con los pies, peca.” Proverbios 19:2
DESCUIDO DE SU MATRIMONIO
Dios me ha permitido estar en consejería con varios matrimonios pastorales, y es sorprendente el nivel de deterioro que existe en algunos de ellos. No es fácil ser predicador cuando tu esposa no está de acuerdo contigo, no confía plenamente en tu liderazgo o no conoce realmente tu corazón. Muchos matrimonios ministeriales se vuelven tóxicos porque aprenden a “sobrevivir” con el problema en lugar de enfrentarlo y resolverlo. Aprenden a convivir con la herida, pero no a sanarla.
En conversaciones con varios matrimonios pastorales, conocí casos en los que la esposa nunca estaba en el auditorio para escuchar a su esposo predicar. No era por falta de tiempo, sino porque guardaba resentimiento y no podía escucharlo sin dolor. Por eso prefería mantenerse ocupada en el ministerio de niños u otras áreas. Incluso, un pastor me confesó que sentía que predicaba mejor cuando su esposa no estaba presente. Estas cosas no deberían ser así en un matrimonio que sirve al Señor. Revelan una desconexión emocional y espiritual que, si no se atiende, puede convertirse en una puerta peligrosa para la tentación.
Cuando un matrimonio ha llegado a este nivel de deterioro, ambos abren la puerta a la tentación. El pastor puede comenzar a ser atraído por hermanas que siempre afirman sus decisiones, admiran su predicación y muestran un corazón aparentemente dispuesto a servir. Poco a poco, en su mente surge el pensamiento: “Cómo quisiera que mi esposa fuera tan espiritual como esta hermana”. Sin darse cuenta, comienza a idealizar a alguien que realmente no conoce en su vida diaria. Todo eso es un engaño, porque esa persona no vive con él, no enfrenta sus luchas, ni comparte sus cargas. La tentación comienza con una fantasía que se forma en la mente.
De la misma manera, una esposa de pastor puede ser tentada por la atención que recibe de algún hermano que siempre está dispuesto a ayudarla, a escucharla y a facilitarle las cosas. Ese hombre muestra interés, servicio y cuidado, y poco a poco ella puede pensar: “Cómo quisiera que mi esposo fuera así conmigo”. Una vez más, esa comparación nace de una ilusión, no de la realidad. Y nuevamente, la fantasía que se cultiva en el corazón empieza a abrir las puertas a la tentación y al pecado.
“sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.” Santiago 1:14
Todo pastor debe hacer lo posible por nutrir su propio matrimonio. Debe luchar intencionalmente para que su relación conyugal sea viva, cercana y llena de amor. También debe cuidar su intimidad con su esposa, porque cuando estas áreas no están sanas, se abre una puerta peligrosa a la tentación. Un matrimonio fuerte no se construye por accidente; requiere esfuerzo, tiempo, sacrificio y prioridad. Pero ese esfuerzo es una inversión espiritual que protege tanto la familia como el ministerio.
“Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella,” Efesios 5:25
Todo pastor debe hacer lo posible por nutrir su propio matrimonio.
En algunas ocasiones será necesario tomar un tiempo sabático o reducir temporalmente las responsabilidades ministeriales para fortalecer el hogar y restaurar áreas dañadas. Si eres pastor y reconoces que estás entrando en una zona peligrosa, no dudes en buscar ayuda. No es señal de debilidad, sino de sabiduría. Es mucho mejor pasar por la incomodidad de admitir que necesitas apoyo, que pasar por la vergüenza pública de perder tu ministerio por haber caído en adulterio.
“Sea bendito tu manantial, Y alégrate con la mujer de tu juventud,” Proverbios 5:18
NO SABER MANEJAR EL PODER
Una de las debilidades más comunes en muchos pastores es no saber manejar correctamente el poder y la influencia que su posición conlleva. Cuando hablo de poder, me refiero a la autoridad espiritual, al respeto que las personas muestran y a la disposición que tienen para seguir su liderazgo. Algunos comienzan a malinterpretar esto y confunden el servicio con dominio. Olvidan que las personas obedecen no porque el pastor sea superior, sino porque desean servir a Dios.
Por esa razón, la Biblia enseña que un hombre de Dios debe ser probado y no debe ser un neófito, para que no se enorgullezca.
“no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo.” 1 Timoteo 3:6
Cuando el orgullo se sube a la cabeza, el pastor comienza a sentirse indispensable, intocable y superior. Entonces su influencia se convierte en una herramienta de manipulación, especialmente hacia personas vulnerables que buscan consejo, apoyo emocional o dirección espiritual.
En lugar de limitarse a ofrecer consejería bíblica sana, algunos comienzan a cruzar líneas éticas. Usan el conocimiento de las debilidades, heridas y necesidades de las personas —especialmente de algunas hermanas— para acercarse emocionalmente más de lo debido. Bajo el pretexto de “cuidar”, “consolar” o “ayudar”, comienzan a desarrollar relaciones peligrosas.
No se me malentienda: el pastor debe aconsejar, escuchar y acompañar. Pero él no es el consolador. El verdadero Consolador es el Espíritu Santo. Por eso, el pastor debe tener extremo cuidado al tratar con una hermana que se siente descuidada por su esposo, con una mujer herida emocionalmente, o con una joven que no tiene una figura paterna presente. Aunque muchos comienzan con buenas intenciones, el diablo sabe cómo torcer lo que inicia bien y convertirlo en una tragedia espiritual, familiar y ministerial.
EL SÍNDROME DE “YO CAMINO SOBRE EL AGUA”
Este síndrome se manifiesta cuando muchos pastores comienzan a creerse “la gran cosa” simplemente por el hecho de ser pastores. En lugar de reconocer su propia fragilidad, llegan a pensar que ellos mismos pueden “caminar sobre las aguas”. Se sienten espiritualmente superiores y convencidos de que están por encima de las debilidades comunes.
Esta actitud casi siempre se refleja en una personalidad rígida, dura y sin gracia al tratar con los demás. Son exigentes con otros, pero indulgentes consigo mismos. Creen que han alcanzado un nivel casi perfecto de madurez espiritual. Sin darse cuenta, esta mentalidad los deja espiritualmente desprotegidos, porque comienzan a vivir sin depender diariamente de la gracia de Dios. Y la Escritura es clara: Dios da gracia a los humildes, pero resiste a los soberbios.
“Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” Santiago 4:6
Muchas veces, los pastores que están en esta condición nunca se ven capaces de caer. Se consideran fuertes, firmes e inamovibles. Pero el pecado termina sorprendiéndolos en un momento inesperado, demostrando que no eran tan fuertes como pensaban.
“El que piensa estar firme, mire que no caiga.” 1 Corintios 10:12
Recuerdo el caso de un pastor que recientemente cayó. En sus predicaciones usaba lenguaje ofensivo, era grosero y sensacionalista. Por la forma en que hablaba, era evidente que algo no estaba bien en su vida espiritual. Al escucharlo, comenté: “Algo anda mal cuando un predicador necesita ese tipo de lenguaje para llamar la atención”. Y, tristemente, el tiempo confirmó esa impresión.
Muchas veces, los pastores atacan con mayor dureza precisamente los pecados con los que ellos mismos están luchando en secreto. Es una forma inconsciente de intentar compensar su propia culpa. Predican sin gracia contra aquello que no han rendido completamente a Dios.
“Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo.” Romanos 2:1
Este pastor se hizo famoso por su estilo agresivo, y después su caída fue igual de pública. El escarnio fue proporcional a su fama, y el daño causado al testimonio de Cristo fue profundo. Todo esto nos recuerda que el carácter siempre debe ir por delante del carisma, y que ningún ministerio puede sostenerse sin humildad, dependencia de Dios y una vida rendida diariamente a Su gracia.
NO TENER MENTORES PERSONALES
Otra área que abre la puerta para que muchos pastores continúen por un camino incorrecto es la falta de mentores en sus vidas. Muchos terminan convirtiéndose en islas, aislados del resto del cuerpo de Cristo. No saben cómo pedir ayuda, porque sienten la presión de que, como líderes, deben tener todas las respuestas.
Tristemente, al no contar con un consejero personal o con un hermano espiritual con quien puedan hablar honestamente sobre sus luchas, muchos pastores esperan hasta perder su ministerio para buscar la ayuda que necesitaban desde el principio. Guardan silencio por orgullo, por temor o por vergüenza, hasta que el daño ya es irreversible.
Por eso es vital que todo pastor tenga un consejero piadoso, maduro y confiable, alguien que pueda corregirlo, confrontarlo con amor y acompañarlo en tiempos difíciles.
“Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; Mas en la multitud de consejeros hay seguridad.” Proverbios 11:14
Esto requiere humildad. Requiere abrir el corazón y reconocer debilidad. Pero siempre será mejor humillarse a tiempo que humillarse después por causa del pecado. Buscar ayuda no es señal de fracaso; es una evidencia de sabiduría espiritual y de deseo sincero de perseverar fielmente hasta el final.
3. PROTÉGETE PARA PODER SERVIR A DIOS FIELMENTE EN TU MINISTERIO
Debemos reconocer que no existe nada “mágico” que garantice que nunca caeremos moralmente. La tentación es común a todo ser humano, incluso a los pastores. Nuestro título no nos quita la naturaleza humana. De hecho, muchas veces la aumenta la intensidad del ataque espiritual, porque el diablo sabe que, cuando un pastor cae, muchas personas resultan heridas.
“No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.” 1 Corintios 10:13
Con humildad quiero compartir algunas prácticas que Dios ha usado en mi vida hasta hoy. Esto no me hace inmune a la tentación, pero, por su gracia, Él me ha guardado. Si es tu deseo mantener fuerte tu matrimonio y firme tu ministerio, estos principios pueden ayudarte.
MANTÉN TU MATRIMONIO FUERTE
Es indispensable practicar en casa lo que predicas en el púlpito. Si no quieres que tu familia te resienta, asegúrate de vivir en privado lo que proclamas en público. Esto es especialmente cierto en tu matrimonio. Haz todo lo posible para que tu matrimonio sea sano, feliz y lleno de amor. Tu hogar será uno de los mensajes más poderosos que tu congregación verá. He estado en iglesias donde la congregación sabe que hay problemas en el matrimonio pastoral. Nadie anuncia sus conflictos, pero la distancia emocional se nota.
Debe ser normal que la iglesia los vea tratarse con cariño, respeto y ternura. Es sano que el pastor muestre amor hacia su esposa: cuidándola, atendiéndola, hablándole con respeto y demostrando interés genuino. Debe ser evidente que aún se aman. Esto solo se logra cuando hay perdón constante y “cuentas cortas”.
“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” Efesios 4:32
Si hay resentimiento o amargura, atiéndelo de inmediato. No lo ignores. La distancia emocional es el primer paso hacia la tentación.
RINDE CUENTAS A TU CÓNYUGE
El pastor debe ser completamente transparente con su esposa, y ella con él. No debe haber áreas ocultas, secretos digitales ni espacios privados sin supervisión. En nuestra era digital, muchas caídas comienzan con la pornografía, mensajes indebidos o relaciones virtuales. Por eso debe haber acceso total: teléfono, computadora, redes sociales y correos. No porque haya desconfianza, sino porque hay sabiduría.
Ser revisado puede ser incómodo, pero es una protección espiritual. También debe haber rendición de cuentas en cuanto a mensajes y trato con el sexo opuesto.
“El que encubre sus pecados no prosperará; Mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia.” Proverbios 28:13
MANTEN TU RELACIÓN CON EL SEXO OPUESTO PROFESIONAL
Quizá una de las áreas que más se descuida con el paso del tiempo es esta: el pastor comienza a cruzar límites y se le olvida que, antes que nada, es un siervo de Dios. Poco a poco deja de comportarse como pastor y empieza a querer ser “amigo” de todas las damas de la iglesia. En este punto he sido muy estricto, y en algunas ocasiones incluso personas se han ido de la congregación por considerar que soy demasiado rígido. Sin embargo, lo hago porque sé que esta es una línea muy delgada. Cuando no se cuida, las cosas pueden salirse fácilmente de control.
Por eso, es necesario establecer principios claros para mantener la relación con el sexo opuesto de la manera más sana, respetuosa y profesional posible.
1. Mantén tus mensajes profesionales
No deben existir mensajes en los que se esté bromeando, coqueteando o mostrando una cercanía innecesaria con el sexo opuesto. Toda comunicación debe ser profesional, respetuosa y relacionada únicamente con asuntos del ministerio. Un pastor no debe tener “amigas” con las que esté cotorreando por medio de mensajes.
Debe ser sobrio, prudente y cuidadoso en la manera en que maneja su comunicación digital. La forma en que escribe, responde y se expresa también refleja su carácter espiritual y su compromiso con la santidad.
“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno.” Colosenses 4:6
2. No hables por teléfono sin necesidad
Tus llamadas con el sexo opuesto deben ser siempre profesionales y únicamente para tratar asuntos relacionados con el ministerio. No deben usarse para “platicar”, pasar el tiempo o conversar sobre temas personales que no tienen una necesidad específica.
Recuerda, pastor: no tienes “amigas” en la iglesia; tienes hermanas en Cristo, y deben ser tratadas siempre con respeto, pureza y dignidad.
“a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza.” 1 Timoteo 5:2
3. No vaciles con el sexo opuesto
Muchas veces me he sentido incómodo al ver a pastores bromear o vacilar con hermanas de sus iglesias. Aunque en parte esto tiene que ver con la personalidad, hay límites que deben cuidarse para evitar malentendidos y para no sembrar confusión en el corazón de la persona con la que se habla.
Nunca es apropiado que un pastor halague a otra mujer —fuera de su esposa— por su apariencia. No es correcto decirle que se ve bonita, que le gusta su vestido o que le agrada su peinado. Ese tipo de comentarios deben ser exclusivos para su esposa y para nadie más.
Incluso cuando una hermana cambia de peinado o de estilo, hay que tener cuidado al mencionarlo. Aunque parezcan detalles pequeños, no queremos que las hermanas comiencen a arreglarse pensando en agradarle al pastor porque él expresó preferencia por ciertos estilos. Esos detalles y atenciones están reservados únicamente para la esposa.
“Absteneos de toda especie de mal.” 1 Tesalonisenses 5:22
4. Evita el contacto físico innecesario
Como pastores, debemos tener mucho cuidado con los abrazos y los gestos afectuosos. Siempre he procurado ver a las hermanas de la iglesia como verdaderas hermanas en Cristo. Hay jovencitas a las que he visto crecer desde niñas, y naturalmente les tengo un cariño sincero. Sin embargo, no son mis hijas, y por esa razón no me tomo libertades para abrazarlas o tratarlas con demasiada cercanía solo porque las conozco desde hace tiempo.
Quizá en una edad más avanzada algunas expresiones puedan ser vistas de otra manera, pero en esta etapa de mi vida he decidido ser cuidadoso. Lo hago para mostrar respeto hacia ellas y también para proteger la dignidad y la autoridad del ministerio que Dios me ha confiado. Nuestra conducta siempre está comunicando un mensaje, aun cuando no estemos diciendo nada.
No debemos permitir que, por libertades mal manejadas, nuestro testimonio se convierta en motivo de reproche o en causa de duda para otros sobre la manera en que estamos caminando delante de Dios.
“No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres.” Romanos 12:17
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