Creo que muchos de nosotros podemos pasar por lo que voy a llamar una crisis de identidad. Eso es cuando estamos evaluando nuestras vidas y nos preguntamos ¿quién soy yo?. Uno llega a esas crisis cuando nos sentimos desconectados de muchas cosas que antes definían lo que éramos, y por lo regular será un problema lo que nos desconecta.
Erróneamente, podemos permitir que las cosas temporales de este mundo nos den definición. C.S Lewis bien dijo: “No dejes que tu felicidad dependa de algo que puedes perder”. En realidad, como seres humanos es difícil desconectar las cosas que nos hacen sentir bien con nuestra identidad. Es fácil permitir que un trabajo exitoso defina quienes somos. De igual manera es fácil que si gozamos de popularidad, ésta nos dé un sentido de identificación, pero como veremos a continuación eso es un error.
“No dejes que tu felicidad dependa de algo que puedes perder”. C.S. Lewis
No se preocupe, también el Apóstol Pedro cometió el mismo error. Un día era el creyente firme que iba a seguir a Jesús hasta la muerte, otro día estaba negándolo. Un día se encontraba caminando sobre las aguas, otro día se encontraba pescando y derrotado. Aunque repetidamente Jesús les advirtió que Él iba a morir, Pedro no aceptó esto. Creo que su seguridad se encontraba en lo que él pensaba de Jesús, no lo que Jesús les decía que iba a pasar. Por eso cuando el Señor fue arrestado, los discípulos fueron esparcidos pasando por una crisis de identidad, o más bien, tratando de ver qué seguía.
Quizás tenemos que preguntarnos por qué pasa esto en nuestra vida. Por naturaleza, queremos que nos definan las cosas que nos dan valor y prestigio, por eso, al estar con los demás apóstoles fue muy fácil que Pedro dijera lo que dijo, porque el resto del grupo lo afirmaría, pero cuando se llevaron a Jesús, todos huyeron, quedando él solo, asustado, y sin lo que antes traía certeza, valor, y definición a su vida.
Considere esta verdad. Ni los fracasos ni los éxitos pueden traer definición a nuestra vida porque son temporales. Sin embargo son precisamente ellos con los que luchamos. Alguien a quien le está yendo bien en su trabajo puede pensar que su trabajo lo define. Alguien que está sin trabajo puede dejar que su sentido de derrota lo defina. Este es un error que todos cometemos. Ni los éxitos ni los fracasos deben definir quienes somos.
Ni los fracasos ni los éxitos pueden traer definición a nuestra vida porque son temporales
Por la mayor parte nuestra identidad está arraigada en tres cosas: Aceptación, seguridad y significado.
Aceptación hace enfoque sobre qué tipo de gente me acepta.
Es cuando permitimos que la gente traiga esa definición a nuestra vida, “yo soy lo que todos piensan de mí”; pero lo que la gente piensa de mí no es lo que debe definir quién soy. Es muy fácil que gente piense erróneamente de mí. Alguien puede pensar que soy mejor de lo que soy, y alguien puede pensar que soy peor de lo que realmente soy. Ningún ser humano puede traer definición a mi persona.
Seguridad es lo que me mantiene estable.
Muchos encuentran su valor en su trabajo. Se sienten con éxito, como que son importantes si tienen un trabajo importante. Si ganan bien ellos se sienten más especiales. De igual forma la marca de ropa y el estilo de vida, pueden jugar un factor en cómo se siente, y eso puede traer definición a quien es.
Significado, son las cosas que traen valor o que creemos que validan nuestro sentido de propósito en la vida.
“Soy importante porque mi vocación es importante”; pero nuestro valor no viene de lo que nosotros hacemos o de nuestra percepción de lo que hacemos (si para nosotros tiene importancia o no).
Aún todas estas cosas que mencioné son temporales y cambiantes.
Nosotros tenemos que descansar en la identidad que Cristo nos da, porque la identidad que Cristo nos da no cambia, es eterna.
Ahora bien, en esta identidad ya sabemos varias verdades:
Somos aceptados
“Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: !!Abba, Padre!” Romanos 8:15
No existe una aceptación tan importante como la que nos da el Señor. Si nadie más en este mundo nos aceptara, ser aceptado por Dios es el sello de valor supremo de este mundo.
Tenemos seguridad
“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 8:38-39
Estar en Cristo nos da la mejor seguridad. Nada nos puede separar el amor de Cristo. Por muy poco que sea su salario en su trabajo, o por mucho que sea, eso no cambia el hecho que estamos seguros en Cristo. Nuestra salvación, nuestra posición en Cristo está segura.
Tenemos valor
No hay un valor más grande que ser llamados hijos de Dios.
“Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él.” 1 Juan 3:1
Nuestro valor viene porque somos hijos de Dios; no existe mayor valor o prestigio que este.
Estas afirmaciones que mencioné son eternas, no cambian. Todas las cosas del mundo que quieren traer definición a tu vida son temporales y pueden cambiar en cualquier momento.
Muchas veces mi lucha es no permitir que el ministerio traiga definición a quién soy yo. Baja asistencia me puede llevar a sentir como un fracaso; buena asistencia puede llevarme a sentir en la cima del éxito. Así podemos estar, como un yoyo, para arriba y para abajo, cuando permitimos que las cosas de este mundo traigan definición a quienes somos.
He tenido personas que me critican, y si no tengo cuidado, el sentimiento que provoca que ciertas personas no me quieran, puede traer pérdida de identidad, entonces sólo debo enfocarme en la verdad que ya soy aceptado por Aquél que importa más.
Quizás hoy usted encuentra su identidad en cosas que van a cambiar o que se le pueden quitar. Mejor deje que Cristo traiga identidad a su vida. Encuentre el valor y seguridad que Cristo ofrece y descanse en Él. Su servicio a Cristo será muy diferente una vez que encuentre su identidad en Él y no en otras cosas de este mundo.

Hola buen día.
Me gustaría estar recibiendo sus artículos y publicaciones.
Gracias por su ministerio, es de gran bendición.
Dios lo bendiga.
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