NAVEGANDO EN MEDIO DE LAS DECEPCIONES DE LA VIDA 

Es muy probable que si tienes la edad para abrir este blog, ya habrás enfrentado varias decepciones en tu vida. Aunque los niveles de la decepción varíen en profundidad, todos hemos tenido expectativas solo para recibir lo contrario a lo que esperábamos. 

El Señor sabe cuántas veces he tenido que enfrentar estos sentimientos agudos y oscuros que vienen al ser seriamente decepcionados. Todos enfrentamos distintas clases de decepción: unos, por ejemplo, lidian con la decepción marital. Ellos, cada vez que están en casa, se sienten siempre insatisfechos con su familia. Otros pueden estar experimentando decepción laboral: jamás se imaginaron que estarían trabajando en el sitio donde se encuentran. Unos quizás enfrentan una decepción con la vida entera. Puede ser porque desde muy jóvenes han sentido que lo que han vivido no ha sido justo; ya sea por el divorcio o la muerte de los padres, o quizás sufrieron abuso. En sus corazones sienten que la vida no debería ser como fue experimentada por ellos. 

Cada quien tiene su historia que contar, un dolor que describir. De todas las veces que he tratado con personas en depresión, todas han comenzado con una forma de decepción. La fuente más grande de decepción en la vida es la gente: debido a la presión, el agotamiento físico o una docena de otras razones, pueden volverse irritables, desconsiderados, o poco amables en una ocasión particular. Si el amor por nosotros mismos es mayor que el amor por la persona que nos insulta, nos ofenderemos, nos disgustaremos y avanzaremos rápidamente por el camino del desánimo, que es la primera etapa de la depresión. Si se piensa en el dolor o el insulto y se lo piensa durante suficiente tiempo, producirá irritación y, en última instancia, desesperación.

De todas las veces que he tratado con personas en depresión, todas han comenzado con una forma de decepción

No creo que sea un experto en el tema, solo sé los sentimientos que yo he tenido que enfrentar y cómo tuve que navegar para salir del encarcelamiento que estaba sintiendo. Así como muchos me han decepcionado, estoy seguro de que también he decepcionado a gente. Es lamentable, pero es cierto. Una vez que sientes decepción, esto activa un mecanismo negativo en nosotros que resultará en ira, seguido por la lástima propia.

MI JORNADA EN EL MUNDO OSCURO DE LA DECEPCIÓN

“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida.” Proverbios 4:23

Estábamos celebrando nuestro décimo aniversario del inicio de la Iglesia Bautista de Hermosillo cuando descuidé mi corazón por completo. Existía mucha emoción; un sentimiento de que todo iba a estar bien. Yo tenía meses diciéndole a la iglesia que íbamos a festejar en grande. Las órdenes para la iglesia eran sencillas: yo voy a pagar de mi bolsa los boletos de avión para los predicadores invitados, y toda la congregación pagará la comida. En este caso, estaríamos contratando una carreta de tacos de cinco guisos. ¡Todo bien! Todos estaban muy emocionados con la comida. 

Instruí a la iglesia en que cada semana pusieran en sobres el dinero que ellos quisieran asignar a los tacos de nuestra celebración, y cada domingo les recordaba. En ese tiempo, yo había detenido toda mi vida familiar para poder pagar mi lado del acuerdo. Los boletos de los pastores que venían iban a ser caros, porque estarían volando desde los Estados Unidos. Por fin vino nuestra celebración, y dejen les digo qué emocionante fue eso; diez años no es mucho, pero sí es algo. 

Durante el festejo, cada quién comió a su gusto, pero al final, era tiempo de pagar los tacos. Tenía al alcance el dinero que ya había asignado para la ofrenda de amor de los pastores, y con eso pagué los catorce mil pesos (aproximadamente) que nos cobró la taquería. Después de hacerlo, confiadamente pensé: “mañana recuperaré el dinero de lo que ha entrado para los tacos”; y aquí es donde comienza a oscurecerse esta historia. 

El lunes, que era cuando iniciaba nuestra conferencia de aniversario, estábamos teniendo una junta del staff antes de llevar a comer a los pastores invitados. Le pregunté a la secretaria de finanzas, la hermana Karolina: ¿cuánto entró para los tacos de nuestro aniversario? Ella contesta: dos mil quinientos. No sabía qué decir, ni cómo reaccionar. Lo que sí recuerdo fue haber sentido que se me fue todo el aire, y para una persona de mi tamaño, eso es mucho aire. Yo le dije: no puede ser, checa otra vez. Y al checarlo otra vez, la misma respuesta. Hice todo lo posible para mantener mi compostura pastoral, terminé la junta y despedí a todos de mi oficina. 

En cuanto salió la última persona, caí al suelo y lloré amargamente. Era por dolor, por coraje, pero más que nada, por decepción. Por primera vez me encontraba lleno de decepción hacia la iglesia. Nunca me había llegado a ese nivel. Los pensamientos que venían a mi corazón fueron tan oscuros que reflejaban un corazón herido. Quiero dejar algo claro: yo sé que en “la foto grande” quince mil pesos no es para tanto y no es nada. Pero la razón por la que me pegó tan fuerte, era por un descuido de mi corazón y por el nivel de sacrificio que ya como familia habíamos pagado para esta conferencia. Y además, los dos mil quinientos que entraron eran un reflejo de la congregación. Era un reflejo de su madurez. Era un reflejo del amor que tenían hacia mí. Nuestra congregación contaba con 150 personas. Si cada uno hubiera dado sesenta pesos, se hubieran pagado los quince mil pesos. 

Los pensamientos que venían a mi corazón fueron tan oscuros que reflejaban un corazón herido.

Dentro de toda la emoción del aniversario, mi familia y yo ya habíamos gastado más de 40 mil pesos. Eso lo digo porque nosotros habíamos hecho un sacrificio familiar por amor a la obra. Cuando escuché que entre 150 personas solo se juntaron dos mil quinientos pesos, hizo que mi vida girara entre muchas emociones. Ahorita es un buen momento para decir que muchos de mis pensamientos y sentimientos eran pecaminosos. Nada los justifica; y no importa lo que pase, el ser humano no tiene una licencia legítima para pecar. Emocionalmente, me encontraba prisionero de mí mismo; mis paredes que me atrapaban eran decepción, ira, amargura y lástima propia. Son cuatro paredes muy esclavizantes.

Nada los justifica; y no importa lo que pase, el ser humano no tiene una licencia legítima para pecar.

EN MEDIO DE TODA LA DECEPCIÓN

Cuando se acabó la conferencia de aniversario, las cosas comenzaron a ponerse más oscuras. Las distracciones de la conferencia no me habían permitido plenamente tratar con todas mis emociones, sino que fue una distracción al daño que lentamente mi propio corazón me estaba causando. El jueves, es decir, el día siguiente que se acabó nuestra conferencia, sabía que no podía predicar en esas condiciones, y en cierta forma, tampoco quería predicar. En ese tiempo sentía que quería predicarle a cualquier congregación, excepto la mía. No fue fácil enfrentarse con una realidad que siempre había existido, pero nunca lo quería ver. Yo pensaba que nuestra congregación amaba las cosas del Señor, y que me amaban a mí como pastor. Pero en este momento, me di cuenta de que eso no era una realidad: y cayó como rayo. Me desmantelé, mis escamas de los ojos cayeron y vi la verdadera condición de mi congregación. 

Una decisión que tomé fue no predicar, porque sabía que eso me iba a meter en problemas con Dios; tengo temor a predicar con ira. También me dio tiempo para luchar conmigo, y tomar otras decisiones que tenía que hacer: había una invitación para pastorear otra congregación más grande. No es coincidencia que durante una de mis luchas emocionales más grandes, también venga una oportunidad que, al puro vistazo, pudiera ser interpretada como Dios sacándome de un momento doloroso. Creo que el staff de la iglesia no sabía lo serio que esto era; solo los había puesto a predicar más que lo normal. 

Pasaron casi tres meses, y durante ellos, aprendí mucho de la decepción. Aprendí que si dejamos que las decepciones persistan es peligroso, porque pueden hacernos daño de al menos de tres maneras.

1. Las decepciones generan mentiras como las siguientes:

“No soy lo suficientemente bueno en lo que hago”, “no tiene sentido tratar de lograr esta meta o este sueño”, “soy un fracaso”, “es mejor que no lo intente de nuevo”, o “nunca veré frutos de mi trabajo”.

2. Las decepciones no procesadas nos roban nuestra pasión y deseo. 

¿Has notado cómo experimentar decepciones te quita la pasión y el deseo? Nuestra motivación disminuye y nos resulta difícil seguir adelante con nuestro trabajo y nuestros ministerios. Lo que antes nos traía alegría, ahora nos trae dudas y frustración.

3. Las decepciones pueden hacer que nos alejemos de Dios.

Este es el mayor peligro. Empezamos a dudar del llamado del Señor en nuestras vidas, cuestionamos la visión y las promesas que nos dio. Podemos acusarlo de no ayudarnos a lograr lo que queríamos. Todas estas emociones pueden hacer que nos alejemos de él. Y peor tantito, mientras que las emociones de la decepción son naturales al primer instante, la decepción fácilmente se vuelve pecado al ser alimentada. 

Las iras, y amarguras y resentimientos son pecaminosos y deben ser confesados a Dios. En mi caso, yo estaba en pecado porque definitivamente alimenté mi decepción y tenía muchos sentimientos que estaban saliendo fuera de control. 

“Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia. 32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.” Efesios 4:31-32

MI SALIDA CÓMICA DE LA DECEPCIÓN

Es muy chistoso cómo salí de esta auto-prisión. Entrando al segundo mes, ya mi esposa estaba preocupada por mí. Siempre he sido una persona de visión, y ahora no podía ni ver dos meses en adelantado. Siempre he sido una persona con propósito, pero me encontraba flotando como zombi. Queriendo que mi día se acabara, cuando antes me fascinaba servir en mi oficina, ahora me moría por salir y dejar cualquier cosa que tenía que ver con la gente que tanto me había lastimado. Recuerdo una noche que le dije a mi esposa: “Maggie, ¿qué si Dios me estuviera llamando a otro lugar?”. Tiré la carnada, porque ya estaba viendo fuera de mi ventana vocacional, pensando en otras ciudades en las que podíamos iniciar otra iglesia o pensando en otras iglesias que necesitaban pastor. 

Recuerdo que se sentó, porque ambos estábamos acostados viendo el techo antes de dormirnos. Ella me dijo: “Luis, tienes que hablar con alguien que te ayude”. “Temo que tu desánimo te está cegando”. Yo quería decirle muchas cosas que sentía, como: “si comenzamos otra iglesia, ellos sí van a dar para los tacos”, “si pastoreo a otra gente, ellos sí me van a seguir”, y muchos sentimientos más. Pero dentro de mi corazón, yo sabía que ella tenía la razón. Gracias a Dios por mi esposa. Ella ha sido una heroína en mi vida. Siempre he dicho que nunca se deben tomar decisiones cuando uno está muy triste o muy alegre, porque estarás tomando una decisión incorrecta. 

Pero dentro de mi corazón, yo sabía que ella tenía la razón. Gracias a Dios por mi esposa.

Pasaron una semana y media, y le hice caso a mi esposa. Le llamé al pastor Salazar de Ontario, California. Para entonces, yo ya sabía que estaba mal, sabía que perdí control de mi corazón y ahora me encontraba miserable por ello. Al contestar el pastor Salazar, le dije: “pastor, necesito quince minutos, porque necesito ayuda”. Él me dice: “¿en que te puedo ayudar?”. Le conté todo, sin reserva, todos mis pensamientos pecaminosos; mis conclusiones, y hasta las quejas de mi llamado. Al terminar, él me dijo: “Luis, ¿ya te sientes mejor?”. Esto claro, con voz de sarcasmo y confrontación porque yo estaba mal. Me dijo: “¿ahora sí te puedes comportar como un cristiano?”, “¿ya te puedes comportar como un pastor?”. “Tierra trágame”, pensaba yo. 

Pero lo que dijo después fue el martillo que me puso en mi lugar. Me dijo: “Luis, si quieres seguir ayudando a gente, tienes que arrepentirte, porque Dios no te va a usar si sigues así”. Han habido momentos en mi vida donde alguien me ayudó a recibir claridad, y ese fue uno de esos momentos; porque dentro de mi corazón siempre he deseado ser una ayuda a alguien más. Quiero que mi vida acerque a muchos a Cristo. Quiero que mi vida haga una diferencia para toda la eternidad. Y por capricho mío estaba poniendo todo eso en peligro. Yo le dije al pastor: “Gracias, pastor, por el consejo; en cuanto colguemos iré a Dios para que me perdone”. Dicho y hecho, colgué el celular, y me tiré al suelo, y pedí perdón a Dios por mi forma egoísta. Tantos días que en mi corazón escuchaba la voz de Dios que me decía: “¿qué haces aquí, Luis?”, “¿por qué estás en esta cueva?”. Pero yo lo ignoraba. Ahora sí, me enfrenté cara a cara con mi pecado y mi Dios. Y es algo muy glorioso cuando tienes un genuino arrepentimiento. No te importa nada más que estar bien con Dios. 

“Luis, si quieres seguir ayudando a gente, tienes que arrepentirte, porque Dios no te va a usar si sigues así”

LO QUE PUEDES APRENDER DE UNA CAÍDA EN DECEPCIÓN

Como todo en la vida, nuestras caídas pueden ser transformadas en bendiciones si aprendemos de ellas. Y yo aprendí mucho. Aprendí que le hice un gran daño a mi iglesia. Yo les daba todo, en lugar de hacerlos más dadivosos. En lugar de enseñarles a sacrificar, yo y mi familia lo hacíamos todo. La congregación, como sea, era una iglesia feliz, pero no sabía lo que es sacrificar para Dios. Y fue mi culpa, tratando de ser buen pastor, fui un terrible pastor por no haber enseñado a la congregación esto. Aprendí que no importan los años que tienes de ser salvo, ni tu posición, nadie es la excepción a  tener un descuido del corazón y terminar lejos de Dios. Aprendí lo valioso que es tener alguien que te diga lo que tienes que escuchar, no lo que quieres escuchar. Gracias a Dios por mi esposa. No sé qué hubiera pasado si ella me hubiera “seguido el rollo”. No sé si estuviera aquí en Hermosillo. 

“Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. 10 Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.” Eclesiastes 4:9-10

no importan los años que tienes de ser salvo, ni tu posición, nadie es la excepción a  tener un descuido del corazón y terminar lejos de Dios.

DIOS TE AYUDARÁ A TRIUNFAR SOBRE LA DECEPCIÓN

Amigo, el Señor quiere bendecirte y te bendecirá en el trabajo y ministerio que te ha encomendado, aunque las cosas no sucedan como queremos. Él es fiel para redimir cada fracaso y cada decepción. Encomendemos nuevamente nuestro camino a sus manos capaces, y digamos confiados con el salmista:

“Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo; delicias a tu diestra para siempre.” Salmos 16:11

Si esto fue una ayuda para ti, compártelo a alguien que lo necesite. 

4 thoughts on “NAVEGANDO EN MEDIO DE LAS DECEPCIONES DE LA VIDA 

  1. gracias pastor, disfrute leyendo.

    usted con diez años y muchos de nosotros apenas comenzando a pastorear también podemos caer en el error. Gracias por animarme.

    Like

Leave a reply to Pastor Gomez Cancel reply