Este tema puede resultar un poco más complicado para algunos lectores. El propósito de este artículo es aportar claridad a un debate que se ha mantenido por siglos: el calvinismo. No pretendo resolver todos los aspectos del tema en estas líneas, ya que este artículo está diseñado para ser sencillo y accesible. Sin embargo, deseo ofrecer dirección y luz para aquellos que se sienten confundidos en cuanto a este asunto doctrinal.
Entiendo perfectamente la confusión, porque yo mismo la viví. Al graduarme del instituto bíblico, comencé a leer muchos libros, la mayoría presentando una doctrina de la salvación desde la perspectiva calvinista. Lo más difícil fue encontrar ayuda. Cada vez que buscaba consejo o pedía que alguien me aclarara las dudas, notaba que algunos se incomodaban. No porque la pregunta fuera irrespetuosa, sino porque no sabían cómo responder. En lugar de darme razones firmes o apoyo bíblico claro, perdían el control emocional. Eso me hizo pensar que quizás no sabían cómo defender lo que creían frente a los argumentos del calvinismo.
Obviamente, con el tiempo, pude salir de ese hoyo doctrinal equivocado. Pero entiendo perfectamente a muchos que hoy están luchando con este tema. Este artículo no está diseñado para refutar cada punto del calvinismo. Mi objetivo aquí es simplemente tratar el tema de la depravación total, y lo haré de la manera más sencilla posible, ya que no se trata de un libro, sino de un artículo introductorio.
Entiendo que algunos puedan tener el deseo de debatir. Tal vez algún calvinista lea esto y sienta la necesidad de responder. Le ruego que comprenda que no tengo tiempo para entrar en discusiones interminables. No es por falta de interés en la verdad, sino porque estoy enfocado en ayudar a personas sinceras que buscan claridad. Así que, con respeto, le aviso que probablemente no responderé a mensajes con intenciones polémicas. Hay otros que disfrutan esos debates, pero yo prefiero dedicar mi tiempo a edificar, no a contender. Especialmente a servir a mi congregación.
La doctrina del calvinismo debe entenderse más como una interpretación filosófica de ciertas verdades bíblicas. Tanto nosotros como los calvinistas podemos leer los mismos versículos, pero nuestra interpretación y aplicación serán distintas. Por eso, un creyente no debe temerle a ningún pasaje que un calvinista presente, ya sea sobre la soberanía de Dios, tema que personalmente me apasiona, o sobre la elección y la predestinación. Estas son doctrinas bíblicas. El problema no está en su existencia, sino en su interpretación y aplicación.
Lamentablemente, muchos cristianos evitan estos temas porque no saben cómo responder a quienes los confrontan. En lugar de estudiar más profundamente, optan por ignorar la doctrina por completo. Esto es similar a lo que sucede con algunos bautistas que no hablan del tema del “llenamiento del Espíritu Santo”, por temor a ser tachados de carismáticos. Pero evitar una doctrina por temor a la crítica no es una solución bíblica.
La llamada “depravación total” es el primer punto de las cinco doctrinas fundamentales del calvinismo. Por ello, es importante abordarla con claridad, a la luz de las Escrituras, y no simplemente asumirla como un hecho sin examinarla cuidadosamente.
A muchos no les agrada esta afirmación, pero nosotros también creemos en la depravación total del hombre. Sin embargo, lo que no aceptamos es la conclusión que los calvinistas derivan de esa doctrina. Por ejemplo, ellos enseñan que, debido a que el hombre está totalmente depravado, no puede responder al evangelio porque está “muerto en sus delitos y pecados”. Según su perspectiva, el pecador necesita ser regenerado primero para entonces poder tener fe y ser salvo.
Pero es necesario examinar lo que realmente dice la Biblia sobre la condición del ser humano sin Cristo. Personalmente, afirmo que el hombre, sin Cristo, está completamente depravado, es decir, afectado en todas las áreas de su ser por el pecado. Sin embargo, también creo firmemente que el ser humano aún tiene la capacidad de responder al llamado del evangelio, bajo la convicción del Espíritu Santo.
Este artículo no pretende ser una obra exhaustiva ni una refutación completa del calvinismo. Mi propósito es presentar una defensa breve y clara de esta postura bíblica, que creo refleja el carácter justo, amoroso y misericordioso de Dios.
La forma en que un calvinista define la depravación total no es simplemente que el hombre sea tan malo como podría llegar a ser, sino que está completamente incapacitado para hacer el bien en lo que respecta a su propia redención. Según esta visión, el ser humano está espiritualmente muerto, como un cadáver, totalmente inhabilitado para responder a Dios.
Cada facultad de su ser, su mente, su voluntad, sus emociones, ha sido afectada por el pecado, al punto de que no puede responder ni siquiera a la predicación del evangelio, a menos que Dios primero le otorgue la gracia irresistible, la cual, según esta doctrina, Dios concede únicamente a aquellos que fueron elegidos incondicionalmente desde antes de la fundación del mundo.
Yo he leído bastantes obras teológicas calvinistas, y lo he hecho de primera mano. Reconozco que no toda definición de la depravación total es errónea. He conversado con muchos calvinistas y suelo decirles: “Estoy de acuerdo en que el hombre es totalmente depravado; lo que no comparto es la idea de que no pueda responder al evangelio.” WT Conner describe la depravación total:
“Pero en el sentido de que el hombre es totalmente necesitado, debido a su herencia natural, fuera de las provisiones de la gracia salvadora de Dios, la doctrina sí es cierta. Podemos resumir el asunto diciendo que el hombre es totalmente depravado en el sentido siguiente: En el sentido de que toda la naturaleza del hombre, cada elemento y facultad de su ser, ha sido debilitado y depravado por el pecado. El cuerpo, el alma y el espíritu han pasado bajo su poder. La mente del hombre se ha nublado, su corazón se ha depravado y su voluntad se ha pervertido por el pecado. Significa también que el hombre es totalmente inútil para libertarse del poder del pecado. Aquí está el meollo del asunto. La verdad que por el término depravación total se representa es la total inutilidad del hombre de salvarse a sí mismo, su miseria completa en las garras del pecado. Sin el auxilio divino el hombre va de mal en peor. La depravación total no es tanta que el hombre sea tan malo como pueda serlo, sino que sin el poder redentor de la gracia de Dios se hundirá más y más en el pecado.” WT Conner, (Doctrina Cristiana, W.T. Conner pagina 167-168)
Veremos que estamos de acuerdo con esta definición de depravación total. Desde un punto de vista bíblico, afirmamos los puntos presentados por Conner. Cabe señalar que algunos no considerarían a Conner como un calvinista, mientras que otros sí. Sin embargo, él sostiene claramente la doctrina de la depravación total, y en ese punto estamos de acuerdo con el resumen que él presenta.
A continuación, veamos algunos puntos clave que podemos concluir de sus palabras:
- El hombre ha sido afectado en todo aspecto de su ser por el pecado.
- El hombre nunca puede salvarse a sí mismo. (Nadie que crea en la Biblia sostiene que el ser humano puede alcanzar la salvación por sus propios méritos.)
- El hombre no puede cambiar su propia naturaleza. (Nosotros no creemos que el pecador tenga el poder de transformarse por sí solo. Solo Dios puede realizar ese cambio por medio del nuevo nacimiento.)
- El hombre solo puede llegar a la salvación con auxilio divino. (Nadie puede ser salvo sin la intervención de Dios, y una de las maneras en que Él interviene es a través de la predicación del Evangelio, lo cual constituye una ayuda divina directa.)
Veamos las siguientes verdades para poder traer más luz a este tema.
1. HACIENDO TODOS LOS ARGUMENTOS FILOSOFICOS A UN LADO
Existen muchas analogías y términos eruditos que los calvinistas usan, los cuales pueden confundir a muchas personas. Sin embargo, dejando a un lado todos esos argumentos filosóficos, podemos enfocarnos en cuál es la creencia fundamental que ellos sostienen.
La confesión de Westminster en la declaración de fe titulada La caída del ser humano, dice:
“2. Por este pecado, nuestros primeros padres perdieron su justicia original y la comunión con Dios. Como resultado de esto quedaron muertos en pecado, y completamente corrompidos en todas sus facultades y partes del alma y del cuerpo.
3. Siendo ellos la raíz común de toda la raza humana, la culpa de su pecado fue atribuída o imputada, a toda su posteridad; y la misma muerte en pecado y naturaleza corrupta fue transmitida a todos sus descendientes por generación ordinaria.
4. De esta corrupción original, por la cual nacemos por completo impedidos, incapacitados y opuestos a todo lo bueno y totalmente predispuestos a toda maldad, provienen todas nuestras transgresiones.” (Confesión de Westminster de 1649)
Estaríamos de acuerdo con lo leído, ya que estas descripciones de la depravación total son bíblicas. Sin embargo, no estamos de acuerdo con la conclusión que expresa Thiessen al respecto. Él dijo:
“La depravación ha producido una inhabilidad espiritual en el pecador, de la cual no puede, por su propio esfuerzo, cambiar su carácter y vida, ni conformarse a la ley de Dios, ni modificar su preferencia fundamental del ‘yo’ y del pecado por el amor de Dios…” Henry Thiessen (Lectures in Systematic Theology, Henry Clarence Thiessen Pagina 192)
Al principio, podríamos pensar que coincidimos cuando ambos hablamos de la depravación total del hombre. Aun Palmer, un calvinista conocido por su posición extrema, dijo:
“La depravación total del hombre natural significa que el hombre nunca puede hacer algo bueno que sea fundamentalmente agradable a Dios, y que todo el tiempo hace lo malvado” Palmer (The Five Points of Calvinism, Edwin H Palmer, Pagina 16)
Estamos de acuerdo en que el hombre, por ser un ser caído, no puede cambiar su propia naturaleza. También coincidimos en que, en su estado caído, el hombre no puede hacer algo que agrade a Dios. Debido a que nació en pecado, está inclinado a hacer el mal por su misma caída.
Asimismo, Steele afirmó sobre la depravación del hombre:
“Cuando el calvinista habla de que el hombre está en depravación total, el quiere decir que la naturaleza del hombre es corrupta, perversa, y pecaminosa en todo.” Steele (The Five Points of Calvinism, David, N Steele, Pagina 25)
Por su parte, Sproul explicó:
“En la teología reformada, la depravación total se refiere a la idea de que toda nuestra humanidad está caída. Esto es, no hay parte mía alguna que no haya sido afectada en alguna manera por la Caída. El pecado afecta mi voluntad, mi corazón, mi mente y mi cuerpo.” Sproul, (Escojidos, Sproul, pa34,35)
Poniendo a un lado todo aquello que pueda sonar bien, el verdadero asunto está en la conclusión y la interpretación que los calvinistas dan a la depravación total. La interpretación calvinista de esta doctrina es la “inhabilidad total del hombre.” Según ellos, debido a la caída, el pecador es incapaz de creer en el Evangelio y ser salvo, pues está muerto, ciego y sordo a las cosas de Dios; su corazón es engañoso y perverso en gran manera.
Creen que la voluntad humana no es libre, sino que está esclavizada a su naturaleza pecadora, por lo que no puede, ni quiere, escoger el bien ni rechazar el mal en lo espiritual. Por tanto, es necesaria una regeneración que transforme la naturaleza del pecador. Así, la fe no es algo que el ser humano aporte a su salvación, sino que es un don que Dios concede a los elegidos. Esta es la razón por la que la Depravación Total también se llama “Inhabilidad Total”. El hombre sólo llega al conocimiento de Dios cuando Él le da vida a través de Cristo.
Existen muchos versículos que hablan claramente de la maldad del hombre, sin lugar a dudas. La mente, los ojos, la boca, todo ha sido afectado y destruido por el pecado en el ser humano. Tal es el estado del hombre natural, que no puede comprender ni entender las cosas espirituales que son de Dios. Como dice la Escritura en 1 Corintios 2:14:
“Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente.” 1 Corintios 2:14
Muchos calvinistas toman este versículo para afirmar la inhabilidad total del hombre para entender las cosas espirituales. Nosotros no tenemos problema con ese versículo; estamos de acuerdo en que la persona natural ve las cosas espirituales como locura. Así lo afirma claramente la Escritura. Sin embargo, el punto no es cómo el hombre natural percibe lo espiritual, sino cómo Dios, en su soberanía, ha decidido que esa locura pueda transformarse en comprensión del Evangelio, para que así puedan entenderlo y tomar una decisión propia.
Otra referencia importante sobre la inhabilidad del hombre la encontramos en la descripción que Dios hace del hombre en Romanos capítulo 3.
“¿Qué, pues? ¿Somos nosotros mejores que ellos? En ninguna manera; pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. 10 Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; 11 No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios.12 Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles;No hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.13 Sepulcro abierto es su garganta; Con su lengua engañan.Veneno de áspides hay debajo de sus labios;14 Su boca está llena de maldición y de amargura.15 Sus pies se apresuran para derramar sangre;16 Quebranto y desventura hay en sus caminos;17 Y no conocieron camino de paz.18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.” Romanos 3:9-18
La Biblia dice enfáticamente que “no hay quien entienda, no hay quien busque a Dios” (Romanos 3:11). Luego viene toda una descripción de cómo Dios ve al ser humano en su estado pecaminoso. Podrán notar que es una descripción dura y desagradable. La conclusión es que el hombre natural no tiene temor de Dios y que todo su ser ha sido afectado por el pecado.
El calvinista hace mucho énfasis en el hecho de que nadie busca a Dios, y para ellos esto se convierte en una cuestión de inhabilidad: no buscan a Dios porque no pueden buscarlo, pues su naturaleza está siempre inclinada a hacer el mal.
Al considerar esta referencia, estamos de acuerdo en que la persona incrédula no se encuentra ni busca a Dios. Lo bueno es que Dios vino a buscar al pecador (Lucas 19:10). También coincidimos en que el ser humano no puede contribuir a su propia justicia; “no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno” (Romanos 3:12).
Sin embargo, esta referencia sólo describe la condición en la que se encuentra el pecador, pero no responde a la pregunta de cómo Dios, en su soberanía, decidió que alguien en esta condición pueda responder al Evangelio.
En mi conclusión, un pecador no se levanta una mañana y de repente decide buscar a Dios. Esto es porque el pecador ama su pecado, y todo en su naturaleza está inclinado a hacer el mal. Una de las razones por las que un pecador, por sí mismo y de la nada, no querrá buscar a Dios, es porque ama su pecado; aún no ama a Dios. Incluso el libro de Efesios nos confirma esto con mayor claridad.
“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.” Efesios 2:1-3
La descripción del pecador es que está muerto en sus delitos y pecados. Esta misma persona anda conforme a la corriente de este mundo; está cegado por el diablo y hace la voluntad de su carne. El pecado en él aún afecta sus pensamientos, lo que nos hace hijos de ira. Para un calvinista, estos versículos representan exactamente su posición. Para ellos, estar muertos equivale a ser un cadáver, literalmente como en una funeraria.
Estar muerto significa simplemente estar separado de Dios. Si somos como un cadáver, entonces tampoco podríamos hacer ni el mal ni el bien. Muchas veces, aunque esta interpretación parece obvia, termina siendo ilógica, porque un cadáver no actúa ni para bien ni para mal. Pero si entendemos la palabra “muerto” como estar separados de Dios, como el hijo pródigo, entonces sí podemos estar muertos, separados de Dios por nuestros pecados. Sin embargo, esto no significa que seamos inhábiles o incapaces de decidir, como si fuéramos cadáveres.
El hijo pródigo es un buen ejemplo de cómo se usa la palabra “muerto” en la Biblia. El hijo pródigo se aparta de su padre y vive de manera pecaminosa en el mundo. Cuando finalmente regresa a su padre, este le dice:
“porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse.” Lucas 15:24
Aun estando “muerto” y separado de Dios, el hijo pródigo pudo llegar a su propio entendimiento y reconocer que estaba en error.
“Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! 18 Me levantaré e iré a mi padre, y le diré:” Lucas 15:17-18
Aunque el hijo estaba “muerto” (separado de Dios), no era como un cadáver incapaz de reconocer su mal. La Biblia dice claramente que él llegó a sí mismo, reflexionó, reconoció su error y decidió regresar a su padre.También podríamos decir que él no llegó al arrepentimiento por sí mismo. Fue el dolor causado por sus propias decisiones, el estar hastiado en una situación severa, lo que lo llevó a pensar en la bondad y el bien que había en la casa de su padre y en su padre mismo.
Estoy tratando de simplificar un tema complejo, que podría elaborarse más y profundizarse. El punto es este: el calvinista se enfoca únicamente en la naturaleza pecaminosa del ser humano y en la descripción del estado en que se encuentra. Nosotros no negamos lo que la Biblia declara acerca del pecador. Sin embargo, como veremos a continuación, Dios ha establecido, por su propia soberanía, las formas en que alguien que está totalmente errado podrá llegar a comprender el evangelio y tomar una decisión por sí mismo.
Debo decir, antes de llegar al siguiente principio de este artículo, que los calvinistas no siempre explican lo mismo de la misma manera. Por un lado, hay calvinistas que hacen énfasis en que el pecador está muerto y no puede responder al evangelio, porque es como un cadáver. Pero otros se enfocan en que no es tanto que no puedan responder al evangelio, sino que no quieran hacerlo. He hablado con calvinistas que no creen en la inhabilidad total entendida como un estado de muerte o cadáver literal. Más bien, ellos dicen que el pecador ama tanto su pecado que no tiene ningún apetito por las cosas de Dios, y que es necesaria una regeneración para que ese apetito cambie.
Un calvinista podría decir: “No es que el pecador no pueda responder al evangelio, sino que no quiere hacerlo. Supongamos que vamos manejando por la carretera y vemos un animal muerto, aplastado por un carro. Si le pregunto a alguien: ‘¿Quieres comer?’ Obviamente esa persona verá con asco ese cadáver, y esa repulsión hará que rechace inmediatamente la invitación a comer. No es que no pueda comer, podría agarrar el animal y morderlo, pero el asco lo aleja. De la misma forma, el evangelio para una persona no convertida no es que no pueda aceptarlo, simplemente le da asco; no quiere porque su mente y su pecado hacen que todas las cosas de Dios se vean feas, horribles y repugnantes.”
Ahorita veremos en las siguientes sección, cómo es que Dios diseñó que alguien en su estado pecaminoso, pudiera responder al evangelio.
2. EL HOMBRE NO PUEDE SER SALVO SIN AYUDA DIVINA; LO BUENO ES QUE DIOS DEJÓ ESA AYUDA DIVINA
Si has leído hasta este punto, quiere decir que el tema te interesa, o por lo menos no te perdí con todas las explicaciones anteriores. Nuestra conclusión respecto a la pecaminosidad del hombre es que el ser humano, sin asistencia divina, jamás podrá ir a Dios para ser salvo. Muchas veces he dicho esto, y hermanos que no son calvinistas se enojan porque creen que sueno como un calvinista. Pero muchas veces esto es por ignorancia en teología sistemática, lo cual puede llevar a malinterpretar este tipo de afirmaciones.
Que la Biblia describa al hombre como alguien errado en sus caminos, como alguien que ve las cosas de Dios como locura, y como alguien que no busca a Dios, es totalmente cierto. Y yo he llegado a la conclusión de que Dios, de una forma sistemática, ha usado ciertos medios para estimular al pecador al arrepentimiento.
Dios es un Dios bueno y ha dejado ayudas divinas, o mejor dicho, medios que Él ha decidido usar para obrar en los corazones de las personas. Una persona no va a querer convertirse de su pecado simplemente porque le contemos un chiste. Dios, en su soberanía, no ha determinado que uno de sus instrumentos sea el humor ligero. Pero sí ha decidido usar su Palabra. Cuando vamos a un pecador y le presentamos el evangelio, estamos haciendo algo que Dios nos mandó hacer, porque eso es lo que Él usa para transformar la voluntad de un pecador.
¿Cómo podemos estimular la conciencia de un pecador que ve todas las cosas conforme a su mente pecaminosa? La respuesta es: la Palabra de Dios. Muchos calvinistas tienden a minimizar el poder de la Palabra, ya que no quieren reconocerla como un agente divino que puede penetrar el corazón endurecido del pecador. Pero la Biblia dice…
“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” Hebreos 4:12
Si usted nota, el uso de la Palabra de Dios es más poderoso que la mente cerrada del pecador. La Palabra de Dios es más poderosa que la misma voluntad del ser humano, pues penetra el alma, el espíritu y las coyunturas. Aún discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Nosotros no creemos que un pecador, por su propia voluntad, decida cambiar. Más bien, confiamos en el poder de la Palabra de Dios, la cual puede penetrar un corazón oscuro y endurecido.
La Biblia afirma que la Palabra de Dios es suficientemente poderosa para hacerlo. Por tanto, creer que un pecador puede responder al evangelio no significa creer que puede cambiar por sí mismo, sino creer en el poder de la Palabra que Dios mismo nos dejó para predicar a los perdidos.
La fe es esencial para la salvación.Un calvinista dirá que una persona jamás podrá tener fe, porque su pecado no se lo permite. Nosotros respondemos: exactamente, un pecador por sí mismo jamás podrá tener fe para salvarse. Pero cuando llevamos la Palabra de Dios a un pecador, es esa Palabra la que produce fe, porque así lo dice la Biblia:
“Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.” Romanos 10:17
Entre todo esto, no podemos menospreciar otra bendición divina que Dios usa para traer a los pecadores al arrepentimiento: el Espíritu Santo. Cuando Jesús envió al Espíritu Santo, lo envió para morar en los creyentes, pero también lo envió para convencer al mundo de su pecado. La Biblia nos dice:
“Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuera, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré. 8 Y cuando él venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio. 9 De pecado, por cuanto no creen en mí;” Juan 16:7-9
Entonces, vemos claramente que la Palabra de Dios penetra al pecador y que también la Palabra de Dios produce fe. Además, vemos que el Espíritu Santo es quien convence. Nadie está afirmando que el pecador, por su propia voluntad pecaminosa, pueda de la nada tener un deseo contrario a su propia naturaleza. Nosotros argumentamos que debemos usar las ayudas divinas que Dios nos dejó, como la Palabra de Dios, para confrontar al pecador con su pecado.
No solo eso, sino que vemos claramente que una parte fundamental que Dios usa para convertir a un pecador es la predicación misma de la Palabra de Dios y del evangelio.
“porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.
14 ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? 15 ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! 16 Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?” Romanos 10:13-16
Yo sé que puede sonar sumamente simple, pero la Biblia es muy clara. Nadie podrá decir que esto es antibíblico: creer que Dios nos manda a predicar el evangelio a los pecadores, porque Él mismo ha decidido usar Su Palabra y el mensaje del evangelio para estimular la conciencia del pecador y llevarlo a tomar una decisión genuina. La misma Escritura pregunta: “¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?” (Romanos 10:14). La implicación no es que tienen que haber sido escogidos antes de la fundación del mundo para poder creer, sino que es necesario que alguien les predique.
¿Cómo es que personas muertas en sus delitos y pecados, personas que creen que las cosas de Dios son locura, podrán llegar al punto de poder razonar y tomar una decisión?
La respuesta está en usar lo que la misma Biblia nos dice que debemos usar. La ley, dice la Escritura, convierte el alma.
“La ley de Jehová es perfecta, que convierte el alma; El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.” Salmos 19:7
La Biblia dice que el evangelio, y la predicación de este evangelio, es el poder de Dios para salvación..
“Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.” Romanos 1:16
Incluso, nadie nace de nuevo por su propia voluntad, sino que nace de nuevo por medio de la palabra de Dios.
“siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” 1 Pedro 1:23
Las Escrituras enseñan que aun los pecadores tienen una conciencia. La luz verdadera, que alumbra a todo hombre, ya vino al mundo (Juan 1:9). También poseen una conciencia con la ley de Dios escrita en sus corazones (Romanos 2:14–15). Además, tienen la creación misma que da testimonio de un Dios todopoderoso, dejándolos así sin excusa (Romanos 1:20). Lo que ellos necesitan no es nacer de nuevo para poder creer y ser salvos, sino que necesitan creer el evangelio para nacer de nuevo. Tienen que tener fe para poder ser salvos.
La fe no es un resultado del nuevo nacimiento, sino que viene por el oír la Palabra de Dios (Romanos 10:17).
Aun cuando alguien dice: “Pero, pastor Montaño, no van a querer ni tendrán el deseo de aceptar el evangelio porque les va a dar asco”, desde mi punto de vista, eso es minimizar el poder de la Palabra de Dios, la cual opera por medio de la enseñanza o la predicación. Por eso la Biblia nos manda a predicar el evangelio a toda criatura. Cada persona podrá decidir por sí misma, cuando la Palabra de Dios es usada y aplicada correctamente.
La Biblia siempre nos enseña que es después de que alguien escucha la Palabra de Dios que puede creer.
“En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,” Efesios 1:13
“ De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” Juan 5:24
“Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.” Juan 20:31
Vean cuidadosamente el eslabón entre la palabra de Dios, escuchar y creer. Nosotros no creemos ni abogamos que un pecador, en su estado pecaminoso, de la nada quiera buscar a Dios, pero sí sostenemos y creemos en el poder de la palabra de Dios. El problema del hombre no es que no pueda creer, sino que necesita escuchar y decidir que va a creer. Como dice la Escritura: “El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna;” (Juan 5:24) Esto confirma lo que hemos estado diciendo: Dios usa su palabra para producir fe y hacer que creamos. Noten también lo que Pablo dice en Romanos 10:14.
Podríamos también argumentar que Dios, en su soberanía, decide usar el dolor y las dificultades para conducir al arrepentimiento. No tengo tiempo aquí para elaborar esto a profundidad, pero a lo largo de toda la Biblia vemos que Dios ha usado pestes, hambres y juicios para llamar a su pueblo al arrepentimiento. Por ejemplo, la Biblia muestra que Dios usará siete años de tribulación para que Israel se convierta y crea en su Mesías. Muchas veces, la agonía causada por el dolor puede despertar la conciencia para buscar alivio; y al buscar ese alivio, la gente se topa con el Evangelio y es salva.
En conclusión, sostenemos que el pecador está totalmente depravado, es decir, que cada área de su vida ha sido afectada o destruida por el pecado. Pero aun en esa condición, puede creer en el Evangelio si se usan los medios que Dios ha establecido para estimularlos a tomar una decisión correcta. Así, el pecador es culpable de no creer, y Dios no será culpable por no haberlos elegido.
3. CREER QUE EL PECADOR PUEDE RESPONDER NO ES CREER QUE LA SALVACIÓN DEPENDE DEL HOMBRE
Otro dilema con respecto al tema de la depravación total es un punto extremo que muchos calvinistas sostienen y que, a veces, resulta confuso. Para ellos, decir que un pecador puede responder al evangelio es quitarle a Dios su soberanía, como si ya no estuviera en control de su creación. Esta es una de las ideas que, personalmente, me levantaron banderas rojas desde el principio. Me sorprendía cómo muchos defendían que, si el ser humano puede responder de alguna manera al llamado de Dios, entonces Dios deja de estar en control. Pero eso es una falsa dicotomía. Dios puede seguir siendo soberano y, al mismo tiempo, dar al ser humano la capacidad de responder bajo los medios que Él mismo ha establecido, como su Palabra y el Espíritu Santo.
Al hablar del tema de la salvación, existen dos posiciones que comúnmente se sostienen: una se llama monergismo y la otra sinergismo. Para simplificar esto, déjame definir en pocas palabras lo que significa cada una.
Monergismo proviene del griego mono (uno) y ergon (obra), y significa “obra única” o “obra exclusiva”. En teología, el monergismo es la doctrina que afirma que Dios es el único que obra en la salvación del ser humano. La salvación depende enteramente de la gracia y acción de Dios, sin ninguna cooperación o contribución del hombre. Según esta postura, el ser humano, debido a su naturaleza pecaminosa, está totalmente incapacitado para iniciar o contribuir en su propia salvación.
Sinergismo, por otro lado, viene del griego syn (juntos) y ergon (obra), y significa “obra conjunta”. En teología, el sinergismo es la doctrina que sostiene que la salvación implica una cooperación entre la gracia de Dios y la respuesta del ser humano. Dios ofrece su gracia, pero el hombre debe colaborar, respondiendo libremente con fe y arrepentimiento.
Curiosamente, aun con estas definiciones, no estoy completamente de acuerdo con ninguna de las dos posiciones. O mejor dicho, creo que ambas necesitan ser aclaradas para evitar malentendidos. Por ejemplo, yo creo que la salvación es totalmente de Dios. El hombre no puede salvarse a sí mismo. La salvación no es mitad del hombre y mitad de Dios. Dios es el único que puede salvar.
Mientras sostengo esto, tampoco creo en un modelo completamente monergista, en el sentido de que el hombre no tenga absolutamente nada que ver. Creer que el hombre puede responder al evangelio no significa necesariamente que Dios necesita “mi ayuda” para salvarme. Un calvinista será rápido en decir que si uno cree que una persona puede responder al evangelio, entonces la salvación depende del hombre y no de Dios. Esto, sin embargo, es un juego innecesario de palabras. Muchos calvinistas han llegado a especializarse en usar términos filosóficos para confundir al oyente, en vez de dejar que la Biblia hable con claridad.
Dios no necesita mi ayuda para salvarme. Si Dios quisiera, Él podría salvar al ser humano de la forma que determinara. Fue Dios quien diseñó el plan de salvación, no el hombre. Por lo tanto, todo lo relacionado con la salvación existe porque Dios así lo estableció, sin la intervención ni la ayuda del ser humano. Fue Dios quien decidió cómo se llevaría a cabo este plan. La salvación es, de principio a fin, una idea de Dios y no del hombre.
Si Dios quisiera, habría salvado a todas las personas, si así lo hubiese querido. También, si Dios quisiera, podría enviar a todos al infierno. Dios decidió, por su soberanía, salvar a unos y condenar a otros. Él fue quien estableció el plan de salvación. Dios eligió salvar a algunos y condenar a otros basándose en lo que cada persona haría con Jesucristo. El ser humano, por sí mismo, siempre merece el infierno, incluso cuando llega a la fe en Jesucristo; sin embargo, Dios decidió perdonar a quienes se arrepienten. El hecho de que una persona se arrepienta no significa que deje de merecer el infierno, sino que recibe la misericordia de Dios. Pero fue Dios quien estableció las condiciones de la salvación.
Dios fue quien dijo: “Yo te salvo si tú crees.” La cuestión no es si Dios es poderoso; Él es un Dios todopoderoso. La pregunta es cómo este Dios, que es poderoso y soberano, decidió cómo iban a hacerse las cosas. Por eso, la salvación no depende de la voluntad humana, sino que fue Dios quien creó el plan de salvación.
“A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; 13 los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” Juan 1:11-13
Noten que los que son hechos hijos de Dios no son engendrados por sangre, ni por voluntad de carne, ni por voluntad de varón, sino por Dios. Para los calvinistas, esto se transforma en una postura monergista, en la que dicen que la salvación es totalmente obra de Dios, sin que el ser humano tenga ninguna participación.
Nosotros decimos que el hecho de que ellos sean engendrados, hechos hijos de Dios, no tiene nada que ver con la voluntad humana, porque ese plan de salvación fue obra 100% de Dios. Que una persona pueda nacer de nuevo es únicamente porque Dios así lo ha permitido y así lo hace. Él es quien convierte el alma y quien da el poder para que sean hechos hijos de Dios.
Para que Dios me convierta en hijo de Dios, no necesita mi ayuda; Él es poderoso para hacerlo. Sin embargo, decidió que no iba a transformar a alguien en hijo de Dios sin que esa persona respondiera. Todo el plan de salvación es porque Dios lo creó.
Él decidió mostrar misericordia a todos los que se arrepintieran. No está obligado a mostrar misericordia a nadie, pero escogió hacerlo si el ser humano se arrepiente. Ya vimos que una persona perdida por su pecado puede arrepentirse, con la ayuda divina y mediante todas las cosas que Dios ha puesto a nuestro alcance para ser usadas. Con estas herramientas, podemos rogarle al pecador que se arrepienta.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas. 18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.” 2 Corintios 5:17-19
Y que podamos ser una nueva criatura en Cristo Jesús, la Biblia nos afirma que todo proviene de Dios. Él nos da el ministerio de la reconciliación, por medio del cual persuadimos a todos los hombres. ¿Por qué quiere Dios que persuadamos a todos los hombres? Porque todos, usando medios divinos, pueden ser estimulados a creer.
Cuando alguien cree, es algo que nadie puede atribuirse a sí mismo ni jactarse de haber tomado el lugar de Dios. Por el contrario, la Biblia nos enseña que todo esto proviene de Dios. La reconciliación y el hecho de ser una nueva criatura en Cristo provienen de Dios. La orden de persuadir a todos los hombres proviene de Dios. Dios no necesita nuestra ayuda en nada, pero decidió actuar conforme a nuestra obediencia.
“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? 5 Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios,” Romanos 2:4-6
Dios no le debe nada al hombre. Sin embargo, Dios decidió mostrar misericordia si el hombre se arrepiente. Dios eligió emplear diversas gracias divinas, como la Palabra de Dios y la predicación, para llevar a un pecador, que, si no fuera por esos medios, permanecería obstinado y sin creer, al arrepentimiento.
En su misericordia, Dios dejó facultades para que el hombre pueda ser estimulado a arrepentirse, a través de la predicación y mediante la bondad y longanimidad de Dios, las cuales guían al arrepentimiento.
Cada aspecto del plan de salvación fue obra de Dios. Dios decidió que la sangre sería necesaria para pagar el pecado. En su soberanía, podría haber escogido otra forma para que el plan de redención se desarrollara. Nuestra cuestión no es qué puede hacer Dios, porque Él hace lo que quiere. Pero la Biblia es clara en que Dios decidió permitir al hombre el poder de responder al evangelio.
Espero que este artículo haya sido de ayuda. Este es un tema muy amplio y no pretendo haber contestado todas las dudas. En este artículo. Hice mis mejores esfuerzos para hacer algo amplio en algo sencillo que cualquiera pueda leer y aprender. Si este artículo fue de bendición, compártalo a otros.
