UNA PERSPECTIVA BÍBLICA SOBRE LA ELECCIÓN Y EL CALVINISMO

Escribí un artículo previo sobre la depravación total, y es muy importante comprender ese tema antes de abordar este, ya que los cinco puntos del calvinismo deben entenderse como eslabones de una misma cadena. En realidad, la doctrina de la elección incondicional no sería necesaria si el pecador, aunque muerto en sus pecados, tuviera la capacidad de responder al llamado del Evangelio y elegir ser salvo. Hablé brevemente sobre esto en el artículo titulado Cómo los muertos viven

Sin embargo, según el calvinismo, estos puntos están unidos de la siguiente manera: como el ser humano se encuentra totalmente incapacitado para responder a Dios (depravación total), entonces Dios tiene que elegirlos incondicionalmente para que puedan ser salvos. En otras palabras, el calvinismo enseña que debido a la inhabilidad total del pecador, la elección de Dios no puede depender de ninguna condición humana, ni siquiera de la fe. 

Yo, por el contrario, creo que un pecador puede responder al Evangelio, no por mérito propio, sino porque la gracia de Dios le da la capacidad para hacerlo (vea el artículo para mayor comprensión). Sin embargo, para los calvinistas, esa capacidad no existe a menos que Dios lo haya elegido de forma incondicional. Y ese es precisamente el tema de este artículo: ¿Es la elección realmente incondicional, como afirma el calvinismo? ¿O la Biblia presenta otra perspectiva?

Una de las cosas que con frecuencia confunden a muchos es el tema de la elección. En este artículo, quisiera aportar un poco de luz sobre este asunto. Es importante recordar al lector que se trata simplemente de un artículo introductorio; no está diseñado para responder a cada detalle del debate sobre la elección, sino para ofrecer claridad y comprensión desde una perspectiva no calvinista. En los lugares donde viajo, noto que los temas relacionados con el calvinismo se vuelven cada vez más polarizantes, en parte porque no todos comprenden bien la doctrina ni saben cómo responder a ella.

La “elección incondicional” es el segundo fundamento de los cinco puntos del calvinismo. Esta doctrina enseña que, desde antes de la fundación del mundo, Dios eligió a aquellos que salvaría, y lo hizo de manera incondicional; es decir, sin basarse en algo que la persona escogida hubiera hecho.

James White la describe de la siguiente manera:

“La elección incondicional es simplemente el reconocimiento de la enseñanza bíblica de que Dios es libre en el asunto de la salvación. Él escoge ejercer misericordia y gracia hacia criaturas que no lo merecen, únicamente sobre la base del “beneplácito de su voluntad” (Efesios 1:5). No hay nada en la criatura que merezca, gane o atraiga su favor. Su elección es incondicional en el sentido de que se basa únicamente en su propósito y su voluntad, y no en absolutamente nada que haya en la criatura.” James White (Debating Calvinism, pagina 91-92)

Curiosamente, la elección es una doctrina de la Biblia y, en muchos sentidos, sencilla de comprender. Sin embargo, muchos colegas que no son calvinistas reaccionan ante esta enseñanza de manera poco bíblica. He escuchado en varias ocasiones a predicadores responder a esta doctrina con argumentos que el calvinista ya anticipa. Por ejemplo, algunos dicen:

“No es justo que Dios elija a unos para ser salvos y a otros no. Dios no sería justo si hiciera tal cosa.”

Aunque esa respuesta puede sonar serena e incluso benigna, desde mi perspectiva es una de las más antibíblicas. Cuando yo mismo luchaba con las ideas del calvinismo, esa era precisamente una de las respuestas que me confirmaban que muchos no calvinistas estaban equivocados.

Desde una perspectiva bíblica, sin prejuicios calvinistas ni anti-calvinistas, debemos afirmar con claridad que Dios no le debe nada al hombre. Al contrario, es el hombre quien está endeudado con Dios a causa de su pecado. Por eso, cuando alguien dice: “Dios no sería justo si elige a unos y no a otros,” está colocando a Dios en la posición de deudor del ser humano, lo cual es totalmente incorrecto. La verdad es que todo ser humano merece el infierno, porque su pecado lo condena. Desde una perspectiva calvinista, incluso es una maravilla que Dios haya decidido salvar a algunos, dado que todos merecen la condenación. El hecho de que Dios elija salvar a unos, aunque a veces se presente erróneamente en la forma en que algunos calvinistas lo exponen, no cambia esta realidad fundamental: Dios no le debe nada a nadie.

Debatir esta doctrina desde las emociones es una de las peores formas de abordarla. Las líneas divisorias se vuelven extremadamente marcadas cuando las personas creen que, con solo elevar la voz o hablar con desesperación, lograrán defender su postura. Además, presentar a Dios como si estuviera a la misericordia del hombre es absurdo. Si Dios hubiera decidido enviar a todo ser humano al infierno, seguiría siendo un Dios justo, porque Él no es el pecador de la historia. El ser humano es el pecador, y la Biblia afirma: “El alma que pecare, esa morirá” (Ezequiel 18:4).

Dios también está en la posición de que, si hubiera querido salvar a todo el mundo en su condición pecaminosa, podría haberlo hecho, porque Él es soberano y hace lo que quiere. Sin embargo, mi debate no se centra en lo que Dios pudo haber hecho, sino en lo que decidió hacer. Cuando he hablado con calvinistas, se sorprenden al oírme decir que, si Dios hubiera decidido mandar a todos al infierno, seguiría siendo justo, y yo no tendría absolutamente ningún problema con ello. ¿Por qué? Porque comprendo la pecaminosidad del hombre, y me asombra que Dios haya querido salvar a cualquiera en este mundo, ya que nadie merece la salvación.

Por eso, la pregunta clave para mí no es qué pudo haber hecho Dios, sino qué fue lo que Dios decidió hacer. Y eso lo vemos claramente revelado en las Escrituras.

Si algún día estás hablando con alguien sobre este tema, ten mucho cuidado de no presentar tu caso de forma tan emocional que termines alejándote de las verdades bíblicas. Nunca te encuentres en una situación donde el calvinista esté exaltando la santidad y la soberanía de Dios, mientras tú parezcas defender a Dios desde una postura meramente emocional, diciendo que Él no sería justo si no salva a las personas como tú crees que debería hacerlo.

Creo que hay formas más bíblicas y razonables de presentar nuestra posición. Y en este breve artículo, mi intención es aportar un poco de luz sobre esta doctrina que, con frecuencia, confunde a muchas personas.

1. TRATANDO DE SIMPLIFICAR LA ELECCIÓN

La elección incondicional es necesaria debido al punto fundamental del calvinismo: la depravación total. Por esta razón, no se puede rechazar lógicamente uno sin rechazar también el otro. Para el calvinista, la elección incondicional representa el primer paso divino necesario para que personas “muertas espiritualmente”, o, mejor dicho, desde su perspectiva, personas incapaces,  puedan responder al evangelio.

La doctrina de la “elección incondicional” forma parte de un proceso, según el calvinismo, mediante el cual el pecador puede obtener la salvación. Como ellos creen que el pecador está espiritualmente muerto, es decir, como un cadáver que no puede ni quiere responder al evangelio, sostienen lo siguiente:

1. El pecador es elegido incondicionalmente, es predestinado para salvación. 

Dios elige, antes de la fundación del mundo, a quienes serán salvos, no basado en ninguna obra o mérito previo, sino únicamente por su voluntad y gracia. Usan como base bíblica Efesios 1:4–5 y Romanos 9:11–13.

2. Llamamiento eficaz de la persona elegida. 

En el tiempo señalado, Dios llama internamente y con poder a los elegidos a través del Evangelio, produciendo fe en ellos. Este llamado, según el calvinismo, siempre resulta en salvación. La fe no es algo que ellos ejercen por su voluntad, sino que es una fe dada por Dios. Este llamamiento, conforme a su enseñanza, siempre resulta en salvación porque son elegidos y Dios les da la fe necesaria para que puedan escuchar ese llamado y, eventualmente, ser regenerados antes de ser salvos. La base bíblica que usan para este punto es Juan 6:37 y Romanos 8:30.

3. La regeneración, o el nuevo nacimiento para que puedan ser salvos. 

Según los calvinistas, una persona muerta en sus delitos y pecados no puede ni quiere responder al evangelio, por lo cual Dios tiene que regenerarla primero para que sea capaz de ser salva. Este es, quizás, uno de los puntos más débiles de toda la creencia calvinista, ya que la Biblia claramente muestra que la regeneración y la salvación son la misma cosa. Incluso muchos calvinistas han tenido problemas con esta idea en el pasado, tales como Charles Spurgeon. Ellos usan como base bíblica Juan 3:3–8 y Efesios 2:1–5.

4. Conversión lo que involucra fe y arrepentimiento. 

Como resultado de la regeneración, la persona responde con fe salvadora y arrepentimiento genuino. Utilizan como respaldo Hechos 20:21 y Efesios 2:8–9.

Después de estos pasos, siguen cinco más: justificación, adopción, santificación, perseverancia de los santos y glorificación. Pero por ahora no los mencionaré para ahorrar espacio. 

CONFORME AL CALVINISMO LA ELECIÓN INCONDICIONAL FUE HECHA PORQUE DIOS SIENDO SOBERANO ASÍ QUIZO QUE SUCEDIERA.

Al hablar sobre la elección incondicional, muchos calvinistas llevarán el debate hacia el tema de la soberanía de Dios. Todo lector que no sea calvinista debe estar preparado para tratar ese tema con claridad. Este artículo no está diseñado para profundizar en la soberanía divina, pero sí diré lo siguiente:

Nosotros creemos que Dios es soberano. Creemos que Dios hace lo que Él quiere, sin ninguna restricción. Como mencioné anteriormente, yo no tendría absolutamente ningún problema con que Dios mandara a todos al infierno, ya que cada pecador lo merece. Tampoco me opondría si Dios decidiera mandar a todos al cielo; Él tiene el poder para regenerar a quien quiera, cuando quiera.

Dios decidió, en su propio consejo, salvar a unos y condenar a otros. Sin embargo, vemos claramente en la Biblia que esa decisión está basada en lo que el pecador hace con Jesucristo. Dios tiene todo el derecho de hacer lo que quiera, y Él decidió reinar y triunfar sobre personas libres. Personalmente, creo que esa expresión de soberanía es más sublime que la que presentan los calvinistas, quienes creen que todo lo que sucede ocurre porque Dios lo decretó previamente, incluyendo incluso nuestros propios pecados.

Yo creo que Dios se muestra aún más soberano triunfando sobre los esfuerzos del ser humano por destronarlo, que siendo un Dios que, como enseña el calvinismo, al final simplemente vence sus propios decretos. Si el calvinismo es correcto, Dios estaría jugando ajedrez consigo mismo. Cuando triunfa en el libro de Apocalipsis, solo estaría triunfando contra lo que Él mismo determinó. Pero ese tema lo dejaremos para otro artículo.

Tratar de presentar todo el debate que rodea el tema de la elección en un solo artículo es una tarea bastante difícil. Por eso, comencemos con un poco de contexto. Existen dos formas fundamentales de entender la doctrina de la elección: Por un lado, los calvinistas insisten en que la elección de Dios es para salvación, es decir, que Dios eligió desde antes de la fundación del mundo a quienes serían salvos. Por otro lado, quienes no comparten la postura calvinista tienden a ver la elección no como una selección para salvación, sino como una elección para una obra específica o para recibir ciertas bendiciones que Dios ha preparado para quienes estén en Cristo.

La confesión bautista de Londres de  1689 dice:

“Por el decreto de Dios, para la manifestación de su gloria, algunos hombres y ángeles son predestinados, o preordenados, a vida eterna por medio de Jesucristo, para alabanza de la gloria de su gracia; a otros se les deja actuaren su pecado para su justa condenación, para alabanza de la gloria de su justicia.”

Loraine Boettner dice:

“La fe reformada ha enseñado la existencia de un decreto divino, eterno, el cual, e independiente de cualquier diferencia entre los hombres o merecimiento personal de éstos, separa la raza humana en dos grupos ordenando a uno a vida eterna y al otro a muerte eterna. En lo que a los hombres en general respecta, dicho decreto no es sino el consejo de Dios respecto a aquellos que tuvieron una oportunidad supremamente favorable en Adán para alcanzar la salvación, pero que la perdieron. Debido a su caída, son culpables y están corrompidos; sus motivos son malos y no pueden alcanzar por si mismos la salvación. Han perdido todo derecho a la misericordia de Dios, y el habría podido en toda justicia dejarles sufrir la pena por su desobediencia, como se hizo con los ángeles caídos. Sin embargo, los elegidos son rescatados de este estado de culpa y pecado y son traídos a un estado de bienaventuranza y santidad. Los no elegidos son meramente dejados en su estado de ruina y son condenados por sus pecados. Este castigo no es inmerecido, ya que Dios les está tratando no meramente como hombres, sino como hombres pecadores.” Loraine Boettner (La predestinación, pagina 74-75)

La visión calvinista sobre la elección sostiene que, simplemente por su placer soberano y para la gloria de Dios, Él eligió en la eternidad pasada a quienes habrían de ser salvos.

Pasajes como Efesios capítulo 1 y Romanos capítulos 8 y 9 son considerados textos clave para la defensa de esta posición dentro del calvinismo. Sin embargo, existe mucho debate, especialmente entre aquellos que no son calvinistas, quienes argumentan que estas referencias bíblicas no enseñan necesariamente una elección para salvación, sino que pueden estar hablando de otros aspectos del plan de Dios, como el propósito de conformarnos a la imagen de Cristo, o la elección de un pueblo con un llamado específico.

James White describe la elección incondicional:

“Pocos pasajes de las Escrituras alcanzan las alturas de la revelación divina acerca del propósito eterno de Dios en Cristo como lo hace Efesios 1. Pablo comienza en la eternidad pasada y avanza con propósito firme hacia la eternidad futura, todo esto dentro del marco de los primeros dos capítulos de la epístola. Y aunque el contenido es verdaderamente elevado, el significado del texto es claro y convincente. Este pasaje, junto con Romanos 8 y 9, presenta con un lenguaje directo e intransigente la verdad de la predestinación eterna, incondicional y misericordiosa de Dios de un pueblo específico para salvación. El apóstol comienza bendiciendo a Dios por todas las bendiciones espirituales que ha derramado sobre su pueblo (v. 3). Luego escribe: “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (v. 4). Dios Padre escogió a un pueblo particular y personal en Cristo Jesús antes del tiempo mismo. Fue elección de Dios. Dios fue el agente activo. El objeto directo de su elección eterna es “nosotros”. ¿Por qué enfatizar esto? Porque muchos intentan evadir el pasaje diciendo que Dios simplemente eligió salvar o hacer posible la salvación, pero el pasaje en ninguna parte enseña esto. Él eligió un pueblo, no un plan. Nos escogió en unión con Jesucristo. Esta elección es para salvación, ya que obviamente solo los redimidos son “santos y sin mancha delante de Él”. Y, por supuesto, a menos que se inserte un concepto externo en el pasaje, es evidente que la intención del autor es ubicar esta decisión completamente fuera del ámbito de la actividad humana, colocándola en el ámbito intemporal de la eternidad. Esta elección para salvación es claramente incondicional, pues ¿cómo podrían aquellos que aún no existen cumplir las condiciones necesarias para ser elegidos?” James White (Debating Calvinism, pagina 92-93

Dave Hunt responde a esta presentación de James White y dice:

“Si el calvinismo fuera verdadero, debería haber al menos una Escritura que indique claramente que el amor y la gracia de Dios están limitados a un grupo selecto, pero White no puede ofrecer ninguna. Sin embargo, muchos pasajes afirman claramente que Dios ama a todos, desea que todos sean salvos, no quiere que nadie perezca y no se complace en la muerte del impío—pasajes que el calvinismo intenta explicar o reinterpretar. White afirma que la elección y predestinación de Dios son para salvación. Sin embargo, Cristo dijo: “¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?” (Juan 6:70). La elección de los discípulos fue para el servicio, no para salvación. Judas está en el infierno. “Escogidos para ser santos y sin mancha” (Efesios 1:4) describe no la salvación, sino una bendición especial para los salvos. White nos asegura que Efesios 1 y Romanos 8 y 9 presentan la “predestinación de un pueblo particular para salvación” por parte de Dios. Sin embargo, la salvación no es el tema principal. Romanos 8 está dirigido a los que están “en Cristo Jesús”. Se les exhorta a “hacer morir las obras del cuerpo… por el Espíritu”, el cual da testimonio interior de que “somos hijos de Dios”, y se enumeran las muchas bendiciones a las que Dios ha predestinado a aquellos “que antes conoció”. Ese conocimiento previo (presciencia) como base de la predestinación es una verdad vital que White rechaza. De igual forma, Efesios 1 está dirigido a “los santos y fieles en Cristo Jesús” (v. 1). La única mención de la salvación contradice al calvinismo: “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa” (v. 13, énfasis añadido). En contraste, los calvinistas afirman que uno nace del Espíritu antes de creer en el evangelio para salvación. Como en Romanos 8, Pablo presenta a los santos en Éfeso la gloria a la que han sido predestinados “antes de la fundación del mundo”. Esto no es una predestinación de ciertos pecadores para salvación, sino de los redimidos para recibir “toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”; es un beneficio adicional a la salvación.” Dave Hunt (Debating Calvinism, pagina 101-102)

Dejo claro que no incluí explicación para cada punto, ya que hay varios aspectos que decidí omitir en mi esfuerzo por simplificar este debate. Por un lado, los calvinistas aseguran que la elección para salvación es más clara que el agua. Por otro lado, muchos que no son calvinistas sostienen que la elección no se refiere a la salvación, sino a recibir bendiciones. En mi opinión, y según el contexto bíblico, cuando se habla de elegir o de los elegidos, siempre se refiere a un propósito de servicio o para recibir una bendición.

En Efesios 1:5 dice: “en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad.” Para el calvinista, el hecho de que hemos sido predestinados para ser adoptados es una afirmación clara de que esta predestinación es para salvación, ya que por medio de esta adopción llegamos a ser hijos de Dios. En 2 Tesalonicenses 2:13 se lee: “Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad.” Una vez más, al notar que Dios escogió desde el principio para salvación, esto es otra afirmación que los calvinistas usan para sostener la elección incondicional. En Hechos 13:48 dice: “Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.” Nuevamente, para los calvinistas, el hecho de que los gentiles estaban ordenados para vida eterna es otra confirmación de la elección incondicional.

Sinceramente, aquí es donde cada interpretación, influenciada por el prejuicio de cada persona, aplicará un significado distinto a cada referencia bíblica. Desde mi punto de vista, aunque cada una de estas citas tiene una explicación sencilla, no necesariamente se debe concluir que hablan estrictamente de la salvación. Por ejemplo, en 2 Tesalonicenses 2:13, al definir lo que significa “desde el principio” en relación con la salvación, no se está hablando del principio de la creación del mundo, sino que se puede argumentar que se refiere al principio de la iglesia. Dios había predeterminado que ellos también pudieran recibir el evangelio. Lo mismo aplica para los gentiles en Hechos 13:48.

“El segundo punto del TULIP es la enseñanza principal del calvinismo y determina si uno debe ser clasificado como calvinista. …, aunque no dentro del marco de la Elección Incondicional, ya que los Cinco Puntos del Calvinismo aún no se habían presentado. Pero, como se le llame, el tema sigue siendo el mismo: ¿Son los hombres elegidos para salvación o no? Vimos en el capítulo 1 que la esencia del calvinismo es la creencia de que Dios, por un decreto soberano y eterno, determinó antes de la fundación del mundo quién sería salvo y quién se perdería. Así que, aunque los creyentes bíblicos que rechazan el calvinismo no estén de acuerdo con la dicotomía calvinista/arminiana, en este punto los calvinistas sí tienen razón: el hombre es elegido porque cree, o cree porque es elegido. Todos los calvinistas, sin importar su denominación o su postura teológica sobre otros temas —y aun si no se identifican como “calvinistas”— tienen esto en común. Por tanto, el error fundamental del calvinismo consiste en confundir la elección y la predestinación con la salvación misma.” Vance (The Other Side of Calvinism, pagina 243)

2. ELEGIDOS PERO NO COMO TÚ PIENSAS

Haré todo lo posible por simplificar un tema que realmente merece todo un libro. Por favor, perdóneme si algunas ideas no resultan del todo claras; puede que lo sean en mi mente, pero al tratar de simplificar he dejado algunos detalles fuera. Aun así, espero que se comprenda la idea general y el panorama completo del tema que estamos tratando.

¿QUIENES SON LOS ESCOGIDOS?

Verás, el calvinista cree erróneamente que la palabra “escogido” (o “elegido”) en la Biblia significa escogido en el sentido de predestinado o preordenado. Por lo tanto, responderían a la pregunta diciendo que los escogidos son todos aquellos que fueron seleccionados por Dios antes de la fundación del mundo para ser salvos de la condenación y recibir vida eterna. Sin embargo, la palabra en realidad se usa para referirse a muchas situaciones, personas y contextos diferentes en la Biblia, y ni siquiera se usa en la Biblia al hablar de la predestinación. En un sentido amplio, la palabra “escogido” se refiere a alguien especial para Dios, o especialmente llamado por Dios para algún servicio o propósito, y se usa en relación con la presciencia de Dios.

El Dr. Chris Shepler dice sobre los “elegidos”

“Es cierto que los creyentes en el Señor Jesucristo son mencionados como los escogidos de Dios en la Biblia. El significado principal de la palabra escogido es “seleccionado” en el sentido de “favorito”. Los creyentes son los favoritos de Dios. ¡Él nos compró por precio! 1 Pedro 1:2 lo deja muy claro cuando dice que somos: “elegidos según la presciencia de Dios”. En otras palabras, por su presciencia, Dios sabía o vio de antemano a aquellos que creerían en Cristo (que recibirían su llamado del Evangelio), y al verlos de antemano, estos creyentes fueron estimados (o favoritos) para Él desde antes.” Shepler (Forewarned and forearmed, pagina 92)

Hay mucho debate sobre Efesios 1:4 Algunos arminianos y algunos que no se identifican ni como calvinistas ni como arminianos sostienen lo que se llama elección corporativa. Esta se basa en gran parte en Efesios 1:4:

“Nos escogió en él antes de la fundación del mundo.”

Jesús es el escogido. Por lo tanto, todo aquel que llega a tener fe en Jesús también se convierte en escogido, porque es parte del Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Esta perspectiva rechaza la idea de una elección individual para la vida eterna. En su lugar, Jesús es elegido como el Rey, y todos los que creen en Él pasan a formar parte del cuerpo que estará en el reino del Rey.

La predestinación de Dios tiene que ver únicamente con todo lo que Él ha determinado de antemano para nosotros “en Cristo”, y no con predeterminarnos “a estar en Cristo”. (¡Lee Efesios 1 y nota la diferencia!) Por el poder del Evangelio, todos pueden creer y ser salvos; y al creer, todos participarán de las bendiciones. ¡Qué privilegio y bendición es pertenecer a Dios como Su hijo y ser llamados Su pueblo! ¡Los escogidos son especiales para Dios!

Veamos Efesios 1:3-4 para poder entender mejor estas referencias.

“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, 4 según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,” Efesios 1:3-4

Vance dijo:

“La elección no tuvo nada que ver con la salvación, sino que se refería a nuestra posición en Cristo. Esto se confirma al leer un versículo adicional que no está en el circuito del TULIP: “Y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús” (Efesios 2:6). Esto no es futuro ni puede ser figurado, ya que lo mismo se dice de Jesucristo: “La cual operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales” (Efesios 1:20). A los ojos de Dios, ya estamos sentados “delante de él”, santos, sin mancha y bendecidos con toda bendición espiritual. Esto es porque somos parte de Jesucristo (1 Corintios 6:17; Efesios 5:30). Una vez que un hombre está “en Cristo”, entra en la elección. Dios eligió que todo aquel que esté en su Hijo sería “bendecido con toda bendición espiritual en los lugares celestiales” y “santo y sin mancha delante de él en amor”. El error de los calvinistas fue asumir que el versículo hablaba de cómo uno llega a estar “en Cristo”. La clave para entender la frase “en él” es esa.” Vance (The Other Side fo Calvinism pagina 359)

Romanos capítulo nueve. También es uno de los favoritos para los calvinistas, tratar de imponer una doctrina de salvación incorrecta. Muchos tratan de esquivar y darle la vuelta a Romanos capítulo nueve. Romanos capítulo nueve no está hablando particularmente de la salvación sino de naciones. Esto es importante para comprender el debate del Romanos nueve. Mientras que eso es cierto, también no le tengan miedo a creer lo que la misma biblia dice en cuestiones de faraón. 

“No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas, 7 ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia. 8 Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes. 9 Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo. 10 Y no solo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre 11 (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), 12 se le dijo: El mayor servirá al menor. 13 Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. 14 ¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. 15 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. 16 Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. 17 Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. 18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece.” Romanos 9:6-18

Para simplificar: 

En las acciones soberanas de Dios (cualesquiera que sean), Dios siempre es justo. Él siempre hace lo correcto(Romanos 9:14).Romanos, y en particular el capítulo 9, explica el trato soberano y justo de Dios con la nación de Israel. A veces nos referimos a esto como su trato dispensacional con los judíos (Romanos 9:6–13).Romanos 9 no está hablando de la elección individual para salvación (como algunos suponen). Más bien, está hablando de la elección de Dios de la nación de Israel y de su decisión soberana de ponerla a un lado cuando les envió al Mesías, y como nación lo rechazaron en incredulidad.Lee todo el capítulo sin un sesgo particular y obtendrás una comprensión clara de esto. (Véase también Romanos 11:1). En los versículos 1–3, el apóstol Pablo expresa su carga personal por sus “parientes según la carne”.


Según Filipenses 3:5, sabemos que Pablo era un judío de la tribu de Benjamín. Por lo tanto, sabemos que el tema de Pablo son sus compatriotas judíos. El apóstol comparte una preocupación sincera por las almas de su pueblo al comenzar en el versículo 1. Observa que comienza diciendo: “Verdad digo en Cristo, no miento…” Pablo quiere que sus lectores sepan que lo que está a punto de decir viene de un corazón genuino que se preocupa profundamente por su pueblo al que tanto ama. El versículo 2 continúa: “…que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón.” Este dolor continuo expresa una carga constante en la vida de Pablo que no desaparecía ni se aliviaba con el tiempo. Nos haría bien comparar este versículo con Romanos 10:1, donde Pablo declara: “Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación.”

Aunque estos versículos describen el corazón del gran apóstol Pablo, en realidad reflejan también el corazón de nuestro Dios. La Biblia nos dice que Dios “no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

La misma razón, discusión, propósito y contexto de los siguientes versículos en Romanos 9 (los cuales a menudo se malinterpretan) es demostrar que todo lo que Dios hizo al levantar a Israel fue por Su promesa de hacerlo, sin incluir en absoluto ningún mérito o fuerza humana. Isaac nació únicamente por el poder de Dios, tal como Dios lo PROMETIÓ. Abraham simplemente creyó a Dios(Génesis 15:6); él no hizo obra alguna. (¡Su fe no fue una obra suya!) Y como los versículos 9–13 de Romanos ahora señalan—ésta es exactamente la razón por la que Dios hizo una elección soberana de levantar a Israel a través de Jacob y no de Esaú.

Dios quería asegurarse de que no hubiera absolutamente ningún lugar para decir que Jacob tuvo algo que ver con ello.
Todo fue por la promesa de Dios, por Su Palabra soberana y Su elección únicamente. Esto es todo lo que significa la declaración: “A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” Dios simplemente está diciendo: “Estoy levantando la descendencia prometida a Abraham por medio de Jacob.” Dios escogió soberanamente a Jacob para ese propósito, para que todos supieran que la salvación es completamente de Dios. En la salvación, Dios promete, y el hombre simplemente elige creerle a Dios y tomarlo por Su Palabra.

El Dr.  Flowers explica:

“Si Dios escogió a Jacob de manera completamente incondicional, por ende, no hubiera sido necesario que Jacob fuera hijo de Isaac. Podría haber escogido al azar a cualquier niño del mundo. Dios específicamente escogió a Jacob, como también al resto de Israel, para que cumpliera la promesa que hizo a su abuelo (Dt. 7:8). Si se presupone que esta elección tiene que ver con la salvación individual, entonces nos encontramos que se está promoviendo la idea de que Dios escoge irresistiblemente a una persona basándose en las promesas hechas a sus padres y no en su propia respuesta a la revelación de Dios, lo cual negaría la responsabilidad personal y promueve racionalizaciones fatalistas como el de haber nacido víctima en la familia equivocada. Así que, aunque la elección de un hermano sobre el otro puede no haberse basado en su moralidad (vs. 11),  ciertamente estaba supeditada a que fuera un hijo del linaje de Abraham, lo que hace que la elección sea condicional y que el meollo del argumento y punto de vista calvinista tenga un serio defecto.

Dios escogió a Jacob en lugar de a Esaú puesto que tenia el propósito de cumplir la promesa a Abraham (la promesa de traer una bendición a todos, no una promesa de salvar a algunos de sus hijos y condenar incondicionalmente a los demás). Todo aquel que bendijera a Abraham o a su linaje en el cumplimiento de esa promesa, independientemente de su origen familiar, sería igualmente bendecido (Gn. 12:3). La bendición de Dios, al igual que la salvación que recibimos hoy día, vino sólo por gracia por medio solamente de fe.” Flowers (La promesa del Alfarero, pagina 106-107)

En Romanos 9:13 se nos dice: “Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” Para los calvinistas que insisten en que este pasaje se refiere a la salvación, es importante que se pregunten: ¿Dónde dice la Escritura esto originalmente?, ya que Pablo está citando algo que previamente se conocía como parte de las Escrituras. 

Para mayor claridad, Pablo se refiere en Romanos 9:9 a la elección de Isaac por parte de Dios para la línea de bendición. En los versículos 10 al 12, pasa a la siguiente generación, es decir, los hijos de Isaac. Isaac fue padre de gemelos con Rebeca. Antes de que nacieran, Dios ya había decidido “conforme a la elección” que Jacob (“el menor”) y no Esaú (“el mayor”) sería quien estaría en la línea de bendición, la descendencia a través de la cual se cumplirían las promesas hechas a Abraham. En el versículo 13, Pablo cita el libro de Malaquías, escrito varios siglos después, para respaldar su declaración sobre la elección de Jacob por encima de Esaú. Las ideas de “amor” y “odio” aquí no deben tomarse de forma literal, sino como figuras del habla para expresar la elección divina. La palabra “odio” debe entenderse de forma hiperbólica, como una expresión que indica preferencia, no desprecio absoluto. Por ejemplo, cuando la Biblia dice que si no odiamos a nuestros padres no podemos ser discípulos de Jesús, no está mandando un odio literal, sino que debemos amar más a Dios que a nuestros propios padres.

Además, el versículo en Malaquías mira hacia atrás, recordando la bendición especial de Dios sobre la nación de Israel a lo largo de los siglos, así como su juicio sobre los edomitas. (ver Génesis 25:23). Lo que queda claro es que en este pasaje no se está hablando en absoluto de salvación del infierno.

Al seguir en el libro de Romanos, ya que todo este capítulo es usado para comprobar la elección incondicional. Llegamos a otra porción de escritura que muchas veces puede ser malentendido. 

“¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios? En ninguna manera. 15 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. 16 Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia. “ Romanos 9:14-16

La decisión de Dios de escoger a Abraham, luego a Isaac y después a Jacob para la línea de bendición le correspondía únicamente a Él. Aquellos que son descendientes de Abraham, pero no están en la línea de bendición, no forman parte de la Israel nacional, ni de los pactos y promesas hechos a la nación de Israel. Es en el contexto de la elección corporativa de la Israel nacional que se plantea la objeción hipotética: “¿Qué, pues, diremos? ¿Que hay injusticia en Dios?” Pablo responde (parafraseando): “¡Por supuesto que no!” La justicia de Dios al seleccionar la línea de bendición y al tratar con ella no puede ser cuestionada, porque Dios estaba cumpliendo eficazmente Sus promesas a Abraham, promesas que serían de bendición no solo para Israel, sino finalmente para el mundo entero, como Pablo explicará más adelante. Pablo defiende las acciones justas de Dios haciendo referencia al éxodo histórico de Egipto. Después de que los israelitas salieran de Egipto bajo el liderazgo de Moisés, y mientras Moisés estaba en el monte, ocurrió el incidente del becerro de oro.

Dios amenaza con destruir a la nación y comenzar de nuevo con Moisés (Éxodo 32:10), pero Moisés intercede por ellos y Dios no los destruye. Específicamente, Moisés intercede exitosamente basándose en las promesas hechas a los padres, que es exactamente el punto que Pablo está argumentando: que la desobediencia de Israel no ha anulado dichas promesas. Moisés dijo: “Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel, tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo, y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la heredarán para siempre.” (Éxodo 32:13) Moisés demuestra ser muy fiel, y Dios habla con él “cara a cara” (Éxodo 33:11). Moisés hace una petición especial: que Dios le muestre Su gloria. La respuesta de Dios fue: “Yo haré pasar todo mi bien delante de tu rostro, y proclamaré el nombre de Jehová delante de ti; y tendré misericordia del que tendré misericordia, y seré clemente para con el que seré clemente.” (Éxodo 33:19) La misericordia y la gracia aquí mencionadas se refieren a la misericordia y gracia de Dios hacia Israel, a quien Dios habría estado perfectamente justificado en destruir tras el incidente del becerro de oro, ya que podía haber levantado una nación a partir de Moisés y cumplir así sus promesas a Abraham. Dado este contexto —y especialmente la intercesión de Moisés por Israel sobre la base de las promesas a Abraham— tiene todo el sentido que Pablo cite Éxodo 33:19 para demostrar la indiscutible justicia de Dios en su trato con Israel y su fidelidad a Su Palabra.

Más adelante, trataré con la famosa escritura en Romanos nueve sobre faraón.

3.UN JUEGO HIPOTETICO PARA TRATAR CON EL TEMA DE LA ELECCIÓN

Para no perder tanto tiempo analizando cada argumento, supongamos, por un momento, que fuimos elegidos tal como los calvinistas dicen: para salvación. Supongamos que Dios, antes de la fundación del mundo, eligió quiénes iban a ser salvos. La pregunta entonces es: ¿Cómo decidió a quiénes escoger? Para mí, aquí es donde realmente vale la pena el debate. No tanto en tratar de convencer al calvinista de que fuimos elegidos solo para servicio o para recibir bendiciones. Si vamos a aceptar , solo para efectos del argumento, su premisa de que la elección fue para salvación, mi enfoque no será tanto el “para qué”, sino el “cómo” de la elección. Es decir: ¿Sobre qué base eligió Dios a los que serían salvos?

Y de la forma más sencilla, presentaré el hecho de que Dios no eligió de manera incondicional, sino que su elección fue condicional.

Aquí es donde logro incomodar a personas de ambos lados. Por un lado, quienes no son calvinistas desean que yo insista y, mediante una exégesis rigurosa, convenza a los calvinistas de que en Efesios 1 y en cualquier otra parte de la Biblia— no existe una elección para salvación. Sin embargo, creo que hay espacio para un debate en el que ambas posturas pueden coexistir. Dios pudo haber elegido para salvación, pero también podemos argumentar que dicha elección no fue incondicional. Recordemos que Dios puede actuar como Él quiera. Norman Geisler, quien no es calvinista, dice:

“Otro ejemplo de cómo la soberanía de Dios y nuestra responsabilidad aparecen juntas en un mismo pasaje bíblico se encuentra en la declaración de Jesús en Juan 6:37: “Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera.” Por un lado, sólo vendrán a Cristo aquellos a quienes el Padre ha preordenado que lo hagan (Juan 6:44). Por otro lado, también es cierto que “todo aquel” que decide venir será salvo (Romanos 10:13). Otro pasaje reafirma este mismo punto: “Dios os escogió para salvación… mediante la fe en la verdad” (2 Tesalonicenses 2:13).” Norman Geisler (Chosen But Free, pagina 40

Para Norman Geisler, ambas cosas pueden coexistir: puede existir la elección divina y, al mismo tiempo, el libre albedrío del ser humano para creer. Todo su argumento en el libro gira en torno a que fuimos escogidos, pero también somos libres. Desde una perspectiva de paradojas bíblicas, él busca reconciliar la soberanía de Dios con la libertad humana. De alguna manera, yo también me inclino hacia algo similar. Creo que puede existir la posibilidad de que ciertos versículos —no todos, pero algunos pocos— puedan ser usados para argumentar una elección para salvación. Sin embargo, debo decir que en ningún pasaje se afirma eso de manera clara o explícita; más bien, es a través de explicaciones e inferencias que algunos llegan a esa conclusión.

A mí me fascina más enfocarme en cómo fue que Dios hizo tal elección, en caso de que efectivamente la haya hecho. Estoy convencido de que, siendo Dios omnisciente, Él eligió en base a su presciencia, es decir, a su conocimiento previo de quiénes iban a ser salvos. Ya sea que nos haya escogido para salvación o para recibir bendiciones, ese punto es secundario; lo importante es que lo hizo conforme a su conocimiento anticipado. 

¿CUANDO FUE QUE FUIMOS ESCOGIDOS?

“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo …” Efesios 1:4

“elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean” 1 Pedro 1:2

La predestinación es diferente de la presciencia. La presciencia se limita simplemente a saber de antemano. La predestinación implica determinar, decretar y planificar de antemano con la autoridad y el poder para asegurar que su cumplimiento sea cierto. Toda predestinación incluye presciencia, pero no toda presciencia incluye necesariamente predestinación. Cuándo vemos Efesios 1:4 y primera de Pedro 1:2 notamos que fuimos escogidos conforme a su presciencia (su pre-conocimiento). Éste escogimiento fue hecho antes de la fundación del mundo, y fue hecho conforme al conocimiento eterno de Dios.

Dios es un Dios omnisciente. A diferencia a los Calvinistas. Ellos no creen en la omnisciencia de Dios, ellos creen en un decreto eterno de Dios. En otras palabras, Dios conoce todas las cosas porque Dios decretó que todas las cosas sucediera. Nosotros creemos que hay cosas que Dios decreta y las que no. De todas maneras Dios las sabe y las conoce. El hecho que Dios conoce todas las cosas, es claro en toda la Biblia. Geisler explica la omnisciencia de Dios:

“Además, el Dios de la Biblia lo sabe todo. Él tiene omnisciencia (omni = todo; ciencia = conocimiento). Que Dios es omnisciente es algo claro en numerosos pasajes de la Escritura. El salmista declaró: “Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito” (Salmo 147:5). Dios conoce “el fin desde el principio” (Isaías 46:10). Él conoce hasta los secretos más profundos de nuestro corazón. El salmista confesó a Dios: “Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda… Tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí; alto es, no lo puedo comprender” (Salmo 139:4, 6). En verdad, “no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien, todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13). El apóstol exclamó: “¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:33). Incluso aquellos que eventualmente serían salvos fueron conocidos por Dios (1 Pedro 1:2) desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4).” Norman Geisler, (Chosen But Free, pagina 13)

Independientemente para que fuimos escogidos, fuimos escogidos antes de la fundación del mundo. 

¿CÓMO FUIMOS ESCOGIDOS?

“elegidos según la presciencia de Dios,…” 1 Pedro 1:2

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó…” Romanos 8:29

Ya sea que fuimos escogidos para ser salvos o para recibir bendiciones por ser hijos de Dios, lo más importante no es el propósito de la elección, sino la manera en que fuimos escogidos. En otras palabras, no es tan relevante discutir si fuimos elegidos “para salvación” o “para bendición”, como lo es entender cómo ocurrió esa elección. La clave del debate no está tanto en el propósito por el cual fuimos elegidos, sino en el fundamento y el proceso de esa elección.

La Biblia enseña que fuimos escogidos según su presciencia, es decir, su preconocimiento. Ya sea que esa elección haya sido para salvación, para recibir bendiciones, o para servir a Dios, lo fundamental es reconocer que Dios nos eligió conforme a su omnisciencia. Por lo tanto, el debate sobre el propósito de la elección se vuelve secundario cuando entendemos que fue la perfecta y eterna sabiduría de Dios la que guió esa elección.

Supongamos que aceptamos el argumento de que la elección mencionada en Efesios 1:4 incluye una elección para salvación, basados en la idea de que Dios elige a un pueblo, no simplemente un plan. Además, a los que Él elige, los elige “para que sean santos y sin mancha delante de él”. Según esta lógica, los únicos que pueden estar sin mancha delante de Dios son los hijos de Dios, ya que solo por medio de la sangre de Cristo una persona es limpiada. Así que, fuimos elegidos desde antes de la fundación del mundo para ser santos y sin mancha, es decir, justificados por la sangre de Cristo. Recuerden que un calvinista suele enfocar este pasaje con el argumento de que solamente la salvación puede llevar a una persona a estar en la presencia de Dios, santa y sin mancha. Por tanto, el hecho de que fuimos elegidos con ese propósito es, para ellos, evidencia de que se trata de una elección para salvación. Estemos de acuerdo o no, esa es la lógica que sostiene su interpretación.

En realidad, no tenemos nada de qué preocuparnos, porque esta elección fue una elección basada en la presciencia de Dios. Dios sabía de antemano quiénes iban a ser salvos, y sobre esa base Él hizo su elección. Como dice la Escritura: “Porque a los que antes conoció, también los predestinó…” (Romanos 8:29). Antes de elegir, Dios conoció a esas personas; ese conocimiento es su presciencia. El hecho de que Él eligiera no significa que haya anulado o quitado el libre albedrío. Simplemente, Dios pudo ver el futuro y conoció a aquellos que ya le conocían a Él. Y sobre ese conocimiento, Él hizo su elección.

Algo importante para este debate es que fuimos escogidos “en él” (Efesios 1:4). Ninguno de nosotros, al nacer, nace en Cristo. Para que alguien pueda estar en Cristo, primero tiene que ser salvo. Curiosamente, la única forma en que puedo reconciliar estas dos realidades es comprendiendo la eternidad de Dios. ¿Cómo es posible que alguien sea elegido antes de la fundación del mundo, pero al mismo tiempo ser elegido en Cristo? ¿Fue antes de la creación del mundo, o fue el día en que fui salvo? ¿Cuál de estas dos fue la elección?

Creo que ambas son verdades. Un Dios eterno puede escoger antes de la fundación del mundo y, al mismo tiempo, escoger en un momento futuro dentro del tiempo. Dios es el creador del tiempo y no está sujeto a él.

“Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados.” Isaias 57:15

Dios no es un ser que vive bajo el reloj como usted o yo; Él habita en la eternidad. Esto significa que Dios no tiene límite en cuanto a su tiempo. Esta verdad debería simplificar todo el debate, ya que Dios habita la eternidad, la cual está por encima del tiempo. Hoy mismo, Dios puede estar con Adán y Eva y, al mismo tiempo, estar en cualquier momento del futuro. El conocimiento de Dios es de primera mano; Dios no puede desconocer lo que ya conoce, y lo que conoce es seguro. Norman Geisler dijo:

“Finalmente, ya que Dios conoce el fin desde el principio (Isaías 46:10), Él previó de manera determinante (cf. Hechos 2:23) que traería un bien mayor a partir del mal, a saber, la redención de todos los que creerán. En resumen, lo que trae gloria a Dios también trae bien a la humanidad.” Norman Geisler (God, Evil, and Dispensations)

Recuerden que el calvinista no ve a Dios como un ser que observa el futuro y conoce lo que sucederá, sino como un Dios que conoce solamente lo que Él ha determinado que suceda. Todo lo que ocurre es porque, según su visión, Dios lo decretó. Esto incluye, incluso, el pecado. Ellos, de una forma u otra, tratan de explicar que Dios no es culpable del pecado que Él mismo causa, pero ese tema lo dejaremos para otro artículo. Una de las preguntas fundamentales en este debate es: “¿La presciencia de Dios determina lo que Él decreta, o el decreto de Dios determina lo que Él preconoce?” Mientras que muchos teólogos a lo largo de los siglos han tomado un lado en exclusión del otro, la presentación del Dr. Norman Geisler plantea que esa pregunta, en realidad, no debería hacerse.

Dios habita la eternidad; Él es un Dios eterno. En la Biblia vemos que hay cosas que Él ha decretado que sucedan, pero también vemos que no todo ha sido decretado por Dios. El punto es este: Dios vio hacia el futuro y pudo elegirme a mí antes de la fundación del mundo, y al mismo tiempo, en 1996, cuando fui salvo. Porque para Él no hay límite de tiempo. Solo un Dios que habita la eternidad podría hacer eso.

Dentro de todo este debate, entiendo que hay muchas explicaciones y diversas posturas. Por un lado, reconozco que algunos dirán que no fuimos elegidos para salvación. Pasarán parte de su tiempo abriendo la Biblia y mostrando diferentes pasajes donde se menciona que una persona fue elegida para un servicio específico. Otros dirán que el escogido es Cristo, y que todos los que están en Cristo son los que, por lo tanto, están escogidos en Él. La verdad es que he estudiado bastantes posiciones sobre quiénes son los escogidos y cómo son escogidos. La forma más básica, para mí, de entender esto, y evitar tantas hojas y letras, es enfocarme simplemente en cómo y por qué Dios escogió. Si Él escogió para salvación, lo hizo por su presciencia. Si Él escogió para bendecirnos, también fue por su presciencia.

REGRESAMOS AL TEMA DE FARAON

En Romanos nueve se nos dice que faraón fue endurecido. Aquí diré unas cosas que incomodarán a muchos que no son calvinistas que sean acostumbrados a debatir los temas de forma emocional. 

“Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. 18 De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece. 19 Pero me dirás: ¿Por qué, pues, inculpa? porque ¿quién ha resistido a su voluntad? 20 Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: Por qué me has hecho así? 21 ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? 22 ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, 23 y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, 24 a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no solo de los judíos, sino también de los gentiles? 25 Como también en Oseas dice: Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, Y a la no amada, amada. 26  Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois pueblo mío, Allí serán llamados hijos del Dios viviente.” Romanos 9:17-26

Para iniciar un poco de la explicación, noten, lo que explica, Daniel Gracely

“Nótese también que en el capítulo 9, el clímax de los ejemplos ilustrativos culmina en vasos de misericordia y vasos de ira (en plural, no en singular), lo cual, aunque indica naciones, también puede referirse a personas, es decir, a los individuos que componen las naciones judía y gentil que están siendo consideradas en el pasaje. Además, la metáfora del alfarero y el barro remite a la misma figura utilizada en Jeremías e Isaías (tratada en detalle en el capítulo 15 de este libro), y aunque admitimos que estas vasijas son metáforas que principalmente representan naciones, Jeremías también utiliza esta metáfora para instar a los hombres de Judá al arrepentimiento, y por supuesto, a tales hombres se les espera que se arrepientan de pecados personales, no solo de pecados nacionales. Además, Faraón es citado como un individuo (“Para esto mismo te he levantado”). Dadas estas consideraciones, el aspecto individual no debe ser completamente descartado al tratar de entender Romanos 9.” Gracely (Calvinism a Closer look, El libro no tiene numero paginas, pero esta en la explicación de Romanos 9)

El endurecimiento de Faraón no representa ningún obstáculo para nuestro tema presente. Dios es un Dios omnisciente, y así como Él sabe de antemano quiénes serán salvos, también sabe quiénes no lo serán. En toda la Biblia vemos consistentemente que Dios nunca transforma a una persona piadosa en impía, pero sí vemos cómo usa a personas impías. A veces, permite que los malos se hagan aún más malos para lograr un propósito en su plan soberano. Un ejemplo claro son los profetas mentirosos: Dios les envió un espíritu de engaño para que profetizaran mentira (1 Reyes 22:19–23). El plan de Dios era la redención, y para lograrlo Judas, Poncio Pilato e Israel estaban cumpliendo la voluntad de Dios mientras Cristo era crucificado. (Hechos 4:26-28)

Dios hará lo que quiera con quien Él quiera para cumplir Su plan eterno. Era el plan de Dios sacar a la nación de Israel con mano poderosa. Él deseaba que Israel atestiguara las plagas y cómo fueron milagrosamente protegidos de ellas. Para que eso ocurriera, Dios endureció a Faraón. 

Dios ya sabía que Faraón no creería la palabra de Moisés; de hecho, se lo dijo a Moisés mismo (Éxodo 4:21). Esto demuestra que aun los impíos, que no serán salvos, pueden ser instrumentos en las manos de Dios. Aunque esta ilustración de Faraón no está hablando de salvación, sí nos da un ejemplo claro de cómo Dios trata con individuos según Su voluntad.

Nada escapa del control de Dios. Aun las personas pecaminosas, cuando Dios así lo quiere, pueden ser utilizadas por Él. Dios interviene en sus vidas y permite que hagan ciertas cosas porque Él los está dirigiendo según Su propósito. La Biblia nos dice que Dios endureció el corazón de Faraón, y esto fue para que se comportara aún peor de lo que ya lo estaba haciendo, con el fin de cumplir Su plan de sacar a la nación de Israel de Egipto con mano poderosa. No debemos olvidar que Dios ya sabía que Faraón nunca iba a ceder ante Moisés, y por eso Dios usó esa misma dureza que ya estaba en su corazón para cumplir Su propósito soberano. 

No se trata de que Dios haya transformado a un hombre piadoso en un hombre vil, simplemente porque sí. De ninguna manera. Lo que vemos aquí es que Dios es soberano y conoce los corazones, y sabe cómo usar incluso la maldad de los impíos sin Él ser autor del pecado. Por eso entendemos lo que dice Romanos 9:21: “¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?” Dios tiene autoridad absoluta sobre Su creación. No sólo los piadosos están a Su alcance, sino también aquellos vasos de ira que Él sabe cómo utilizar para lograr Su propósito eterno. 

Dios es un ser eterno que habita fuera del tiempo y conoce el futuro. Él nunca actúa fuera de Su carácter santo. Jamás convierte a una persona que le busca sinceramente en un impío, pero sí puede usar a los impíos, incluso en su rebelión, para cumplir Su voluntad perfecta.

¿PARA QUE FUIMOS ESCOJIDOS

Aquí es donde realmente está el gran debate. Porque cada perspectiva teológica ofrece diferentes explicaciones sobre cuál fue el propósito de la elección de Dios. Como mencioné anteriormente, si fuimos elegidos para salvación, esto fue en base al conocimiento previo de Dios, sin que eso anule nuestro libre albedrío. Y si fuimos escogidos para estar en Cristo y recibir las bendiciones espirituales que se encuentran en Él, eso también fue conforme a la presciencia de Dios, es decir, a su conocimiento anticipado de que nosotros responderíamos al llamado y seríamos salvos.

Creo que, al considerar Efesios capítulo uno, se puede argumentar que la elección no fue para ser salvos, sino para recibir las bendiciones que se encuentran en Cristo. Si usted nota, el texto dice que fuimos escogidos “en él”; es decir, no fuimos escogidos para estar en Cristo, sino que ya estábamos en Él al momento de ser elegidos. Este es un argumento contundente a favor de que la elección de Dios fue “en Cristo”, no para que fuésemos puestos en Cristo posteriormente. Claro está que muchos, al debatir este punto, se enfocarán precisamente en el hecho de que la elección fue “en Cristo”, y argumentarán que no es posible que alguien ya esté en Cristo desde antes de nacer, porque esto no encajaría con nuestra experiencia temporal y espiritual. Sin embargo, el análisis de la eternidad de Dios cambia la perspectiva. Fuimos elegidos antes de la fundación del mundo, pero en Cristo, lo cual es testimonio de que Dios trasciende el tiempo: Él puede ver el futuro y el pasado como una sola realidad. Su elección en la eternidad pasada, basada en la realidad futura, son una misma cosa desde la perspectiva eterna de Dios. No así desde nuestra realidad humana, limitada por el tiempo. Pablo mismo, desde una perspectiva humana, pudo reconocer que otros ya estaban en Cristo antes que él, como lo expresa en Romanos 16:7

“Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis compañeros de prisiones, los cuales son muy estimados entre los apóstoles, y que también fueron antes de mí en Cristo.” Romanos 16:7

Todo esto lo menciono con el fin de simplificar el argumento. Les reitero que existe suficiente base bíblica para afirmar que la elección no fue para salvación, sino para recibir las bendiciones espirituales destinadas a todos aquellos que estarían en Cristo. Ahora bien, para ahorrar espacio y tiempo, muchas veces cuando trato este tema con calvinistas, a mí me da lo mismo si la elección fue para recibir bendiciones o para que yo “fuera algo”. Al final, lo importante es que esa elección fue hecha, porque Dios, que conoce el futuro, vio que yo un día iba a creer en Él, y por eso me eligió desde antes de la fundación del mundo, para que fuese santo y sin mancha delante de Él. Dios me escogió para ser adoptado como hijo suyo, hecho posible en Cristo.

Por otro lado, como vemos en el principio de Efesios 1:3, la regeneración no está disponible para los incrédulos. Al ser una bendición espiritual, la regeneración solo está disponible para aquellos que están corporativamente en Cristo por medio de la fe. Por eso también observamos que en Efesios 1, cada una de las bendiciones espirituales enumeradas está cuidadosamente calificada con expresiones como: “en él” (v. 4), “en el Amado” (v. 6), “en él” (v. 7), “en Cristo” (v. 9), “en Cristo” (v. 10) y “en él” (v. 13). Muchos sostienen que la elección mencionada en el capítulo fue una elección corporativa en Cristo, y esta interpretación también tiene sus méritos, ya que armoniza con el lenguaje repetido de la unión con Cristo como el fundamento de toda bendición espiritual.

Muchos que no son calvinistas defienden la postura de que la elección fue corporativa, es decir, para todos aquellos que están en Cristo. Desde una perspectiva más alineada con la eternidad de Dios, una explicación sencilla sería la siguiente: Dios, antes de la fundación del mundo, escogió bendiciones para todos los que un día estarían en Cristo. Esto convierte la elección en una elección corporativa, no individual. Como bien señala Leighton Flowers:

“La simple realidad es que hay una clara distinción entre los incrédulos, que permanecen condenados, y los creyentes en Cristo, que son bendecidos corporativamente con la bendición espiritual de estar libres de condenación. Es un imperativo universal que todos lleguen a estar “en Cristo”, que es el depósito de todas las bendiciones espirituales predestinadas por Dios. Por la gracia de Dios, Él desea esto y ha provisto el medio para que suceda, al tomar sobre sí los pecados del mundo (Juan 1:29), para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna (3:16).” Leighton Flowers (Calvinism, pagina 62)

Todos fuimos escogidos quienes están en Cristo para vivir una vida distinta. Dios no sólo nos escoge porque estábamos en Cristo, pero también escoge el plan para todos aquellos que se encontrarían en él. Como mencioné anteriormente, conociendo el estado del ser humano, Dios pudiera haber sido justo, aunque él mandara a cada individuo al infierno, porque cada ser humano es pecado y culpable ante Dios. Dios no le debe nada al hombre. Es por su propia gracia, que él decidió el plan de salvación antes de la fundación del mundo. Que Dios tenía un plan de retención, es obvio, ya que Jesús es el cordero inmolado desde la fundación del mundo. 

Pero debemos retroceder más todavía. Dios no solamente trabajó por venir él mismo a nosotros, sino que su obra es la continuación de un plan que es eterno. No es que repentinamente decidió trabajar por la salvación de algún hombre en particular; él obró para la salvación del hombre porque se propuso eso desde la eternidad. Es decir, Dios fue quien creó el medio para que el ser humano pudiera ser salvo. Y aquellos que iban a ser salvos, tienen un plan eterno.

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30 Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.” Romanos 8:29-30

“según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,” Efesios 1:4

“para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales, 11 conforme al propósito eterno que hizo en Cristo Jesús nuestro Señor,” Efesios 3:10-11

Sea como quieran concluir la opinión de la elección. Es obvio que desde la eternidad pasada Dios decidió que el hombre pudiera decidir. Él no tuvo que hacer una elección incondicional, porque el ser humano estaba muerto, en total inhabilidad de poder ser estimulado por la predicación del evangelio. Ninguno de nosotros que creemos que tenemos la habilidad, escoger robamos la gloria de Dios, a no transformar la doctrina de la elección en algo que es todo de Dios y nada del hombre. 

La salvación es todo de Dios, él es el único que salva y puede transformar el alma. Él eligió que todos aquellos que un día iban a ser salvos, pudieran recibir las bendiciones que se encuentran en Cristo. Sin embargo, toda la gloria y la honra es para Dios, porque él fue quien hizo esto posible. La doctrina de la elección claramente significa que Dios toma la iniciativa en nuestra salvación. Ella significa que todo lo que él hace para salvarnos, lo hace porque tuvo el propósito de hacerlo. Nuestra salvación no es un asunto de azar o de accidente. Nosotros somos salvos porque fue la voluntad de Dios que nosotros fuéramos salvos. Es también voluntad de Dios que los que mueran sin Cristo hubiesen ser salvos pero ellos no respondieron de voluntad propia al llamado del evangelio. Para los que salva tiene un propósito en lo mismo. A través de las edades él trabaja incesantemente por llevar adelante su propósito. Conner Claramente lo explica:

“Nosotros reconocemos que todo lo bueno, incluyendo la salvación del pecado, que viene a la vida del hombre, tiene su origen en Dios (Santiago 1:17). La doctrina de la elección es sencillamente el reconocimiento del hecho de que lo bueno que viene a nuestra vida es un resultado del propósito de Dios. Todo el bien que nosotros recibimos es por el propósito de Dios. El se propuso darnos la salvación. Habiéndose propuesto eternamente salvarnos, él lleva a cabo en el tiempo su propósito a favor nuestro. Su propósito se cumple por medio del orden social e histórico al que pertenecemos. Su propósito con respecto a nuestra salvación incluye todos los factores y todas las relaciones de este orden social e histórico, exactamente así como un padre hace los planes para la educación de su hijo, planes que hace teniendo en cuenta las influencias y las agencias sociales y educativas que están a su alcance o que pueden ser alcanzadas. Dios instituyó el orden social e histórico teniendo en vista nuestra salvación. De manera que Dios no se propuso nuestra salvación como unidades separadas y sin relación alguna. Nosotros no tenemos una existencia así. Su plan para la salvación de cualquier hombre es una parte de su plan para la raza humana. El planeó mi salvación como algo que llegaría hasta mí a través de ciertas influencias y fuerzas sociales e históricas. Su plan para mi salvación es una parte de su plan para toda mi vida; él especialmente incluye todo el bien que yo pueda hacerles a otros en este orden social e histórico al cual yo pertenezco.” WT Conner (Doctrina Cristiana, pagina 189)

4. LOS ELEGIDOS

Con frecuencia se habla del pueblo de Dios como de los elegidos (Mateo 24:22;Lucas 18:7; 1 Pedro 1:1). En el Antiguo Testamento, Israel, como nación, constituía los elegidos de Dios, pero en el cristianismo no es el Israel nacional el que constituye a los elegidos de Dios, sino los individuos redimidos son los que constituyen el Israel espiritual. Podemos argumentar que somos elegidos, en Cristo para recibir bendiciones o ya sea que somos elegidos por que somos pueblo de Dios es una elección que Dios por su amor nos otorgó.  

Con frecuencia, las Escrituras se refieren al pueblo de Dios como “los elegidos” (cf. Mateo 24:22; Lucas 18:7; 1 Pedro 1:1). Este término no es meramente decorativo, sino que lleva consigo una profunda carga teológica, relacionada con el propósito soberano de Dios en la redención y la identidad espiritual de su pueblo. Dios es soberano, eso quiere decir que está en control. Y él fue quien estableció como esta redacción se llevaría a cabo. No hay personas salva, que se salva fuera del plan soberano de Dios.

En el Antiguo Testamento, el pueblo de Israel fue escogido por Dios como una nación santa, separada para Él. Esta elección nacional tenía un propósito específico en la historia de la redención: ser portadores de la revelación divina, custodios de la ley, y el linaje por medio del cual vendría el Mesías (cf. Deuteronomio 7:6-8; Amós 3:2; Romanos 9:4-5). La elección de Israel, entonces, fue una elección colectiva y teocrática, enfocada en un pueblo físico con una misión espiritual. Sin embargo, con la venida de Jesucristo, se inaugura una nueva etapa en el plan redentor de Dios. Ya no se trata de una nación étnica o política, sino de un pueblo espiritual compuesto por todos aquellos que, por la fe en Cristo, han sido redimidos y regenerados. 

Así, la elección en el Nuevo Testamento se refiere a individuos llamados por gracia, nacidos de nuevo, y sellados por el Espíritu Santo (cf. Romanos 8:29-30; Efesios 1:4-5; 2 Tesalonicenses 2:13). Estos redimidos, sin importar su origen étnico, forman el “Israel espiritual”, el nuevo pueblo de Dios (Gálatas 6:16; Romanos 2:28-29; Filipenses 3:3).

Dios nos conoció antes de la fundación del mundo. Nos conoció en Cristo, es decir, en su plan redentor eterno. Él sabía quiénes iban a ser salvos. Y a los que conoció de antemano, según su presciencia divina, los predestinó para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo. Según Romanos 8:29–30, la predestinación tiene como meta la transformación espiritual del creyente, no simplemente la decisión de quién se salva y quién no. Es importante notar que el texto no dice que Dios predestinó a ciertos individuos a la salvación, sino que predestinó a los que conoció de antemano para que fuesen hechos semejantes a Cristo. Sin embargo, en el pensamiento calvinista, se argumenta que no es posible que alguien sea predestinado a ser conformado a la imagen de Cristo sin antes haber sido predestinado a la salvación misma, ya que la conformidad con Cristo implica necesariamente salvación. Desde esa perspectiva, todo empieza con lo que ellos llaman el “llamamiento eficaz”, una obra soberana de Dios que garantiza que los elegidos responderán al evangelio.

Por tanto, en el cristianismo, la elección no está ligada a una herencia natural o a la descendencia de Abraham según la carne, sino a una relación espiritual con Cristo. La verdadera simiente de Abraham son aquellos que tienen la fe que él tuvo (cf. Gálatas 3:7, 29). Esta realidad marca una transición del Israel nacional al Israel espiritual: una comunidad de creyentes de toda tribu, lengua y nación, unidos en un mismo cuerpo por la obra redentora de Cristo. 

No obstante, el apóstol Pablo inicia este pasaje mencionando la presciencia de Dios, es decir, el conocimiento previo que Él tiene de las personas. Y aunque los calvinistas tienden a redefinir la presciencia como “amor escogedor” o “conocimiento relacional”, el texto sigue mostrando un orden donde Dios conoce primero, y luego predestina. Esto indica que, aunque hay un propósito divino para los redimidos, dicho propósito se construye sobre la base de la presciencia, no de una selección arbitraria.

Así, hablar de “los elegidos” en el contexto cristiano no es una mera continuación del concepto veterotestamentario, sino una revelación más plena del propósito eterno de Dios: formar un pueblo santo, no limitado por fronteras geográficas ni por linaje humano, sino fundado en la fe y sostenido por la gracia divina.

5. UN DIOS SOBERANO PUEDE SALVAR COMO QUIERA

Siempre se me ha hecho curioso, como los calvinistas, tratan de hacer un énfasis sobre la soberanía de Dios. Gente que no cree en la elección incondicional. Son culpables de no creer en un Dios soberano que puede hacer lo que él quiera. En muchas de las veces personas que no comprenden la soberanía de Dios caen en el error de irse a otro extremo, donde Dios de una forma u otra, tiene que salvar a la gente conforme a su pensar, o como que si Dios fuera deudor de los hombres. Creer que Dios es soberano. Es creer que Dios está en pleno control y hace lo que él quiere como quiere, y cuando quiere.

Les decía anteriormente que él podría, y tenía el derecho de condenar a cada ser humano, porque cada persona es pecador y merece el infierno. Si él hubiese querido podría salvar también a todos. Él tiene el poder para regenerar a quien quiera, porque nadie es imposible para él. Pero Dios decidió un plan que es molestoso a los calvinistas, y este plan fue darle libre albedrío a cada ser humano para que puedan decidir. Aún el libre albedrío es afectado por el pecado, pero como vimos en el primer artículo con el uso de la palabra de Dios, la convicción del Espíritu Santo y la predicación de su palabra es posible llevar a una persona que está muerta en sus pecados, al reconocimiento del evangelio de Cristo. 

De mi perspectiva, la soberanía de Dios se ve más majestuoso cuando él reina sobre gente libre, y aún triunfa que reinar sobre gente que solamente hace todo lo que él decretó. Si el Calvinismo está en lo correcto, Dios solamente triunfa sobre el mismo. Ya que todo lo que sucede sucede porque así lo decretó. Tenemos que ver todo lo que vemos en la Biblia, como que si Dios estuviera jugando ajedrez con él mismo. Pero si nuestra perspectiva es correcta, no importa cuántos esfuerzos usen el ser humano contra Dios, el triunfan sobre gente libre, haciendo anulo sus propios conocimientos y sus propias decisiones. 

Creer que Dios dejó a la gente libre, no es hacer a Dios menos soberano. A lo contrario, como nosotros, creemos que él hace lo que él quiere afirmamos lo que la Biblia misma afirma y presupone que el hombre es libre para escoger. Sería raro que Dios castigara lo que el mismo decreto en la vida de gente excepto por pocas excepciones en la Biblia, donde ese fue su plan. Éste artículo no es dedicado al tema de la soberanía de Dios. Pero menciono la soberanía de Dios, porque el combatir en contra la elección incondicional del hombre. El calvinista está preprogramado para voltearte la mesa y hacerte sentir que no crees en la soberanía de Dios, ya que el plan soberano de Dios fue lo que hizo la elección incondicional. Es posible creer en un Dios todo soberano, quien permite al hombre el libre albedrío AW Tozer dijo: 

“Esta es mi opinión: Dios decretó soberanamente que el hombre fuera libre para ejercitar decisiones morales, y el hombre ha satisfecho ese decreto desde el principio eligiendo entre el bien y el mal. Cuando elige hacer el mal, no está contrarrestando la voluntad soberana de Dios sino satisfaciéndola, ya que el decreto eterno establecía, no qué debía elegir el hombre, sino que debía ser libre para hacerlo. Si en Su libertad absoluta Dios ha querido otorgarle al hombre una libertad limitada, ¿quién es nadie para levantarse como Su mano o decir “¿Qué haces?”? El albedrío del hombre es libre porque Dios es soberano. Un Dios menos soberano no podría otorgar libertad moral a Sus criaturas. Tendría miedo de hacerlo.” Tozer (¿Predeterminados a Creer? Pagina 55-56)

6. SI ES QUE EXISTE UNA ELECCIÓNPARA LA SALVACIÓN ES EN BASE DE SU OMNISCIENCIA. 

La doctrina de la elección, desde una perspectiva no calvinista (es decir, arminiana o tradicionalmente evangélica no reformada), sostiene que:

Dios escoge para salvación a aquellos que Él sabe de antemano que creerán en Cristo.

Puntos clave de la elección no calvinista.

Elección condicional:
A diferencia del calvinismo, que enseña que Dios elige incondicionalmente a ciertas personas para salvación, los no calvinistas creen que Dios elige “condicionalmente” 

basándose en su conocimiento previo (presciencia) de quiénes creerán en Jesucristo. 

“Elegidos según la presciencia de Dios Padre…” – 1 Pedro 1:2

Libre albedrío humano:
El ser humano tiene la capacidad de responder al evangelio, porque Dios le concede gracia preveniente (gracia que lo capacita para creer sin obligarlo a hacerlo). Esta gracia puede ser resistida o aceptada.

Cristo murió por todos:
La salvación está disponible para todas las personas. La elección no es arbitraria o limitada a unos pocos, sino que Dios quiere que todos se salven (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9).

La elección es en Cristo:
Dios ha elegido salvar a todos los que estén en Cristo. Es decir, la elección no es de personas individuales al azar, sino de un grupo redimido en Cristo. Cada persona decide si entra o no en ese grupo.

“Dios nos escogió en Él antes de la fundación del mundo…” – Efesios 1:4

El llamado puede ser resistido:
A diferencia del calvinismo que enseña un llamado eficaz (que no puede ser rechazado), los no calvinistas creen que Dios llama a todos, pero no todos responden positivamente.

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