En esta serie, decidí compartir varios principios fundamentales para los jóvenes. Son verdades que, si se abrazan a tiempo, pueden marcar una gran diferencia en su futuro. Y si se ignoran, pueden traer consecuencias dolorosas que muchas veces duran años.
Si aún no has leído la Parte 1, te animo a hacerlo primero. Allí comenzamos a hablar de advertencias que nacen de la experiencia, la Palabra de Dios y muchas conversaciones reales con jóvenes que lamentaron no haber escuchado a tiempo.
Quiero continuar aquí con más consejos que muchos jóvenes no escuchan cuando deberían, pero que Dios en su gracia está volviendo a poner frente a ti hoy. Estos principios no son simples opiniones, sino verdades con peso, que han sido comprobadas con el tiempo.
Ignorarlas tiene consecuencias. Pero recibirlas con un corazón enseñable puede librarte de mucho dolor… y prepararte para una vida de bendición.
1. CADA VEZ MÁS EMPLEADORES REVISAN TUS REDES SOCIALES, ASÍ QUE NO SEAS IMPRUDENTE EN LO QUE PUBLICAS.
Vivimos en una época donde las redes sociales se han convertido en una especie de “ventana al alma” de una persona. Lo que compartes, lo que comentas, a lo que reaccionas e incluso lo que decides seguir dice mucho sobre quién eres realmente. Por eso, cada vez más empleadores, antes de tomar una decisión de contratación, hacen una revisión rápida (o profunda) de tus perfiles en línea. Están buscando coherencia, madurez, prudencia y testimonio. No quieren arriesgar la reputación de su empresa u organización contratando a alguien que constantemente genera controversia, muestra inmadurez o publica contenido imprudente o vergonzoso.
Esto es aún más serio cuando se trata de un llamado al ministerio. Muchas iglesias, antes de considerar seriamente a alguien para un rol espiritual o de liderazgo, también revisan sus redes sociales. Y lo hacen no solo para ver tus fotos o tus frases favoritas, sino para discernir tu carácter, tu discernimiento, tu madurez espiritual y si eres alguien confiable.
Tu presencia en línea habla incluso cuando tú no estás hablando. Tus publicaciones revelan tus prioridades, tus valores y tu juicio. Así que, si Dios te está preparando para un futuro de influencia, cuida lo que siembras en el mundo digital. Sé prudente. Sé sabio. Sé un buen testigo. Y recuerda: lo que publicas puede ayudarte… o cerrarte puertas.
“Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; El que cierra sus labios es entendido.” Proverbios 17:28
2. UN POCO DE DINERO HOY PUEDE CONVERTIRSE EN MUCHO DINERO DESPUÉS, ASÍ QUE NO LO MALGASTES TODO.
Este es un principio que me hubiera gustado aprender mucho antes. Aunque tuve padres sabios que sabían cómo ahorrar, yo no capté esa lección de primera mano. Mis propios errores financieros, y los dolores que vinieron con ellos, me enseñaron con el tiempo a manejar mejor el dinero. Pero si tú puedes evitar ese dolor aprendiendo desde ahora, hazlo. Escucha el consejo.
Muchos jóvenes viven como si el dinero siempre fuera a estar allí. Gastan todo lo que ganan en cosas pasajeras: ropa, comida rápida, entretenimiento. Pero no piensan en el futuro. Lo cierto es que un poco de dinero ahorrado desde temprano puede convertirse en una gran suma con el tiempo. ¿Por qué? Porque el interés compuesto trabaja a tu favor… pero sólo si comienzas temprano.
No se trata de guardar millones, sino de desarrollar un hábito. Empieza por abrir una cuenta de ahorros, aunque sea con poco. Aprende a decir “no” a compras impulsivas. Y cuando ganes algo de dinero, considera ahorrar una parte antes de gastarlo. Esto no solo te dará seguridad más adelante, sino que también refleja sabiduría y dominio propio, virtudes muy valiosas en la vida cristiana.
No malgastes todo lo que tienes hoy. Aprende a ser buen mayordomo de lo que Dios te ha dado. Tu yo del futuro te lo agradecerá.
3. LA PORNOGRAFÍA DESTRUYE, ASÍ QUE, ALÉJATE DE ELLA Y BUSCA AYUDA.
Por todos lados vemos a jóvenes desconectados, cargando con vergüenza, ansiedad y soledad. Cada día, más vidas son marcadas por los efectos destructivos de la pornografía. Muchos pierden el interés en las relaciones sanas, su vida social se deteriora, y poco a poco se aíslan. Anhelan llegar a casa no para convivir con su familia, sino para encerrarse en sus cuartos, esclavizados por una adicción silenciosa que roba la pureza, la energía, y la juventud misma.
Con la pornografía casi siempre viene otra lucha: la masturbación compulsiva. Ambos pecados se alimentan mutuamente, y aunque prometen placer, lo que realmente producen es vergüenza, frustración, confusión, y una conciencia sucia y culpable.
La pornografía no es algo con lo que se puede “jugar” o “experimentar” sin consecuencias. Es una trampa diseñada para atraparte, aplastarte y eventualmente controlar cada área de tu vida. Daña tu mente, distorsiona tu concepto del sexo, rompe tu capacidad de amar sanamente, destruye matrimonios, paraliza ministerios, y apaga tu vida espiritual.
La pornografía convierte a las personas en objetos. Destruye el alma, la conciencia, y la intimidad que Dios diseñó para ser pura, santa y gozosa dentro del matrimonio. No te engañes: no se puede consumir pecado en secreto sin que eventualmente se refleje en público.
Así que aléjate. Huye. No luches solo. Busca ayuda. Habla con un líder cristiano de confianza o un amigo maduro en la fe. No guardes el pecado en la oscuridad, porque ahí crece. Tráelo a la luz, y empieza a experimentar la libertad que solo Jesús puede dar.
“Huye también de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que de corazón limpio invocan al Señor.” 2 Timoteo 2:22
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