CUATRO INGREDIENTES QUE FORTALECEN TU MATRIMONIO

Muchos están buscando el secreto de un matrimonio perfecto, sin fallas ni conflictos. Sin embargo, gran parte de esas expectativas provienen de ideas poco realistas. Todo matrimonio requiere trabajo, paciencia y crecimiento. No existe la relación fuerte por casualidad; se construye día tras día, con humildad y gracia.

Un matrimonio sólido demanda aprender a resolver diferencias, a considerar cómo se siente el otro y, sobre todo, a preferirse mutuamente antes que buscar la propia satisfacción. 

Por desgracia, en muchos hogares sucede lo contrario. Hoy vemos matrimonios donde cada uno está más enfocado en ganar las discusiones que en solucionar los problemas. Como bien dijo Norman Wright:

‘Muchos matrimonios se caracterizan por la contienda y las discusiones, en lugar de la paz y la armonía. Las parejas que han desarrollado armonía no son aquellas que son idénticas en pensamiento, comportamiento y actitudes —no son copias al carbón el uno del otro—. Son aquellas parejas que han aprendido a llevar sus diferencias a través del  proceso de aceptación, comprensión y, finalmente, complementación.” Norman Wright

Es triste ver matrimonios frustrados, donde ambos viven intentando cambiar al otro en lugar de permitir que Dios los cambie a ellos mismos. La verdad es que existen muchos ingredientes que fortalecen un matrimonio, pero quiero enfocarme en cuatro de ellos, comenzando con el más importante:

1. MUERE A TI MISMO.

Nada bueno puede surgir cuando vivimos conforme a la carne. Un matrimonio no puede florecer mientras uno o ambos estén dominados por el egoísmo. Es muy difícil convivir con una persona que siempre busca salirse con la suya. Y, por el contrario, es imposible ofender a alguien que ha muerto a sí mismo.

Morir al “yo” es una lucha diaria, pero también una victoria diaria. No hay personas más infelices que aquellas que viven únicamente para su propia felicidad. Cuando todo gira alrededor de uno mismo, incluso el matrimonio se convierte en un campo de batalla, no en un refugio de amor. 

La vida cristiana no se puede vivir centrada en uno mismo. Por eso Pablo escribió:

“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” Galatas 2:20

La vida cristiana debe vivirse a través de Cristo, no del yo. Y esto tiene todo que ver con la vida matrimonial.  ¿Cómo puede un esposo amar a su esposa cuando se siente herido por sus palabras? ¿Cómo puede una esposa honrar y someterse a su esposo cuando él actúa con aspereza? Solo hay una respuesta: muriendo al yo.

Es imposible cumplir con nuestro deber conyugal mientras seguimos aferrados a nuestros derechos personales. Para ser un buen cónyuge, primero debemos ser buenos cristianos, y para ser buenos cristianos, debemos aprender a morir cada día a nosotros mismos. 

Jesús enseñó este principio cuando dijo:

“Y les dijo: No toméis nada para el camino, ni bordón, ni alforja, ni pan, ni dinero; ni llevéis dos túnicas” Lucas 9:3 

El Señor nos llama a viajar ligeros, a dejar atrás el orgullo, el control y la autosuficiencia. Solo así podemos amar libremente, servir con gozo y edificar un matrimonio fuerte en el poder de Cristo.

2. PERDONA OFENSAS

¿Alguna vez pensaste que alguien podría hacerte enojar tanto como tu cónyuge? La realidad es que la vida marital es exactamente lo que ambos van creando día a día en su hogar. Cada matrimonio es el resultado del tiempo invertido —o descuidado—. Un matrimonio no se vuelve malo de la noche a la mañana. Muchas veces, los grandes conflictos nacen del abusode la negligencia marital, es decir, de las pequeñas cosas que se descuidaron por demasiado tiempo. Por eso es mucho más fácil mantener un matrimonio en buen estado que reparar uno dañado.

Cada matrimonio es el resultado del tiempo invertido o descuidado

Uno de los ingredientes más esenciales para mantener un matrimonio a flote es el perdón. Si somos sinceros, las ofensas abundan dentro de la relación conyugal. ¿La razón? Somos seres humanos, pecadores por naturaleza, egoístas por instinto y orgullosos por costumbre. Esa combinación hace que, en ocasiones, la convivencia sea difícil.

Dios, sin embargo, nos ha dado el remedio perfecto para tratar con las heridas del alma: el perdón. Entre menos sepa una persona cómo perdonar, peor será su matrimonio. Los matrimonios donde no hay perdón se vuelven históricos: siempre sacan a relucir las ofensas del pasado que nunca fueron realmente perdonadas. Y cuando el pasado no ha sido sanado, el presente siempre se complica.

Si desean tener un matrimonio fuerte, vigoroso y lleno de gozo, deben aprender a vivir libres del resentimiento. La amargura es uno de los enemigos más destructivos y silenciosos del matrimonio. Cada vez que guardas una ofensa, tu corazón se envenena un poco más, y el amor se enfría. En lugar de sacar la lista de agravios para reclamarle a tu cónyuge, elige perdonar y busca la restauración. 

La Biblia nos enseña claramente este principio:

“soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” Colosenses 3:13 

El perdón no es una emoción, es una decisión espiritual. Perdonar no significa que la otra persona tenía razón, sino que Cristo vive en ti y su gracia te capacita para amar como Él amó. Y cuando en un matrimonio ambos eligen perdonarse como Cristo los perdonó, el hogar se convierte en un reflejo del cielo mismo.

3. ALIMENTA LA RELACIÓN

Todo amor que no se alimenta, tarde o temprano, termina muriendo.Es difícil leer esto y pensar que podríamos estar dejando morir la relación más importante que tenemos humanamente hablando: nuestro matrimonio. Si cada cónyuge se dedicara de verdad a alimentar su relación, los matrimonios estarían en mucho mejor estado. Pero para lograrlo, cada uno debe aprender cómo alimentar al otro.

Hombres y mujeres somos muy diferentes. Lo que a ti te hace sentir amado, quizás no es lo mismo que hace sentir amada a tu pareja. Por eso, para alimentar el amor, no basta con hacer “lo que a mí me gusta”, sino aprender lo que al otro le edifica y le llena. Un matrimonio saludable es aquel donde ambos cónyuges están dispuestos a aprender constantemente cómo agradar y cuidar al otro.. 

Por eso, es fundamental conversar abiertamente con tu cónyuge sobre lo que es importante para él o ella.
Pregúntale:

¿Qué te hace sentir amado(a)?

¿Qué cosas pequeñas te alegran el día?

¿Qué te hace sentir cuidado(a) y valorado(a)?

Una vez que conozcas esas respuestas, dedica tiempo y esfuerzo a alimentar esa área del matrimonio. Entre más experto te vuelvas en alimentar tu relación, más fuerte y estable será tu hogar.

El Dr. Willard Harley, en su libro “Lo que él necesita, lo que ella necesita”, descubrió tras años de estudio que las necesidades de los hombres y de las mujeres son muy diferentes. Él identificó diez necesidades primordiales en el matrimonio —cinco principales para cada sexo—, y demostró que cuando un cónyuge se enfoca en satisfacer las tres más importantes de su pareja, la relación se fortalece significativamente.

Esto nos enseña algo clave: el amor se cultiva con intención. No crece por sí solo. Por eso, te animo a que observes las necesidades de tu cónyuge y te vuelvas un experto en satisfacerlas. El matrimonio más feliz no es el que tiene menos problemas, sino el que ha aprendido a nutrir su amor todos los días. Así que les reto, dedíquense a nutrir su matrimonio conforme a la necesidad de su conducta.

LO QUE ÉL NECESITA, LO QUE ELLA NECESITA
LAS NECESIDADES DEL HOMBRELAS NECESIDADES DE LA MUJER
Satisfacción SexualAfecto
Compañía en las actividades recreativas.conversación
Un esposa atractiva.Honestidad y Franqueza.
Apoyo domésticoApoyo económico
Admiración. compromiso Familiar

Si le ha gustado este artículo, asegúrese de compartirlo con otros. También no se le olvide suscribirse a este blog para que usted reciba una notificación cada vez que se escriba un nuevo artículo. 

Leave a comment