EL MALABARISMO NAVIDEÑO

Cada año, la temporada de Navidad es mi temporada favorita, pero también es la más ocupada. Por más que uno trata de mantener todo bajo control, la realidad es que es fácil perderlo cuando intentamos abarcar tantas cosas al mismo tiempo. Por un lado, estoy en la planeación del próximo año; por otro, están las demandas de las actividades de la iglesia y, además, las necesidades de la familia.

Al escribir esto, sé que muchos sienten lo mismo. Es como hacer malabarismo con todas las responsabilidades. Siempre en esta temporada me fascina el clima, me gusta ir a las tiendas y, de vez en cuando, escuchar algún himno navideño que mencione el nombre de Cristo, especialmente porque durante todo el año predominan canciones del mundo. Pero si somos sinceros, también hay muchas luchas internas y cargas del corazón que enfrentamos, y algunas de ellas quiero abordar en este artículo.

Quizás la mayoría de los puntos que compartiré son cosas que yo mismo he enfrentado. Cada temporada navideña trae sus desafíos, y resolverlos nos ayuda a disfrutar más plenamente esta época especial.

1. ASUNTOS NO RESUELTOS PEGAN MAS FUERTE

No sabría explicar exactamente por qué, pero en esta temporada, los problemas no resueltos —ya sean familiares o laborales— se sienten más fuertes y más agonizantes. Tal vez es porque, en el fondo, sabemos que esta época debería estar llena de gozo y paz, pero muchas veces sentimos todo menos gozo y paz. Casi quisiéramos que un ángel apareciera a medianoche para darnos un mensaje de paz, como en la historia navideña.

“Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: 14  ¡Gloria a Dios en las alturas,Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!” Lucas 2:13-14

No sé cuántas veces he leído este pasaje y he pensado dentro de mi corazón: “Cómo quisiera un mensaje de paz en medio de lo que estoy enfrentando hoy.” Pero la realidad es que esa paz y ese gozo están disponibles para nosotros en cualquier momento. Lo triste es que muchos no luchan por resolver sus asuntos precisamente para poder experimentar esa paz, no solo con Dios, sino también con las personas.

Si hay problemas en tu hogar, se sentirán más grandes, porque todos anhelamos unidad en esta temporada. Si hay problemas en tu matrimonio, se sentirán más intensos, porque todos deseamos disfrutar un matrimonio fuerte, especialmente en la época en que más se presta para compartir juntos. Si hay problemas en tu relación con Dios, los sentirás más profundos, porque esta temporada se trata del nacimiento de Jesús, y todos deberíamos acercarnos más a Él.

Mientras tanto, vemos en redes sociales lo típico de esta época: nuevas fotos familiares, gente decorando sus casas, personas comprando regalos… todo pareciera indicar que el mundo entero está en la cima de la alegría, mientras nosotros luchamos con un problema pequeño que, por la presión de la temporada, ahora parece enorme. Y encima de todo, el clima frío y la falta de luz —porque el sol se mete más temprano— contribuyen a que nos sintamos aún más melancólicos.

Para evitar que esto te sobrepase, haz lo posible por resolver tus conflictos. Ten esa conversación difícil con tus hijos. Hablen como matrimonio sobre aquello que han estado posponiendo. Arrepiéntete de cualquier pecado que te esté alejando de Dios. Haz todo lo posible por estar bien con Dios y con las personas para que puedas disfrutar verdaderamente esta temporada.

“Y por esto procuro tener siempre una conciencia sin ofensa ante Dios y ante los hombres.” Hechos 24:15

2. FALTA DE DINERO PUEDE CAUSAR TRISTEZA

He dedicado buena parte de mi vida a animar a los hermanos a no caer en un enfoque materialista de la Navidad. A veces me siento como alguien atrapado en un ciclón: la cultura empuja con fuerza hacia un lado, mientras yo trato de caminar hacia otro. Muchos batallan en esta temporada porque todo a nuestro alrededor nos impulsa a querer más de lo que realmente podemos comprar. Corremos de tienda en tienda buscando ofertas, queriendo estirar el poco dinero que tenemos.

Pero inevitablemente, esta época también nos recuerda lo que no tenemos. Y esos sentimientos pueden provocar un bajón emocional fuerte. Algunos incluso se ponen de mal humor, sintiendo que la vida es injusta porque otros, aparentemente, disfrutan más que ellos. 

Sin embargo —y aunque suene a cliché— la Navidad debería tratarse más de dar que de recibir. De compartir a Cristo, en lugar de estar pensando solo en qué puede darnos Cristo a nosotros. Aun así, es verdad que lo que ganamos y lo que carecemos se siente más intenso en estos días. Y la única solución bíblica para no ser vencidos por la avaricia es aprender a dar. 

Una de las Navidades más difíciles

Hace años vivimos una de nuestras Navidades más ajustadas económicamente. Nadie en la iglesia lo sabía; tal vez todos pensaban que teníamos todo cubierto. Pero en realidad ni siquiera teníamos para cosas básicas, y para el 21 de diciembre todavía no habíamos podido comprar ni un solo regalo. Como padre, eso me pesaba profundamente. Me llenaba de tristeza no poder darle algo a mis hijos.

Mi esposa trataba de animarme:
—Luis, no te preocupes. Los niños están tan chiquitos que ni van a recordar esto.

Lo único que teníamos en el banco alcanzaba apenas para la cena de Navidad y quizá algo simbólico para los niños. Pero Dios tenía otros planes.

Estaba trabajando con un joven de la iglesia en una plataforma nueva. Surgió la necesidad de hacerla más grande y no había dinero. Llamé a mi esposa:

—Maggie, necesitamos reconstruir la plataforma, pero no hay fondos. Lo único que tenemos es lo de la cena navideña y quizá un pequeño regalo para los niños. ¿Crees que podamos usarlo? Siento que Dios quiere que lo hagamos.

Gracias a Dios, mi esposa no dudó. Solo me pidió que nos aseguráramos de tener lo necesario para la cena.

El joven que estaba conmigo escuchó todo y me preguntó:
—Pastor, ¿y cómo van a hacerla?

Le respondí:
—No sé. Pero Dios merece mucho más de lo que puedo ofrecerle.

Curiosamente, mi tristeza por lo que no tenía se transformó en gozo al enfocarme en servir a Dios. Cuando dejamos de pensar en nosotros mismos y renunciamos a la lástima propia, las cosas cambian. Si pensamos como Herodes, ni todo un palacio es suficiente. Si pensamos como los magos, cualquier sacrificio vale la pena con tal de adorar al Señor.

Fuimos a Home Depot para usar lo último que teníamos y terminar la plataforma antes del 24. 

Dios proveyó

A mitad del proyecto recibí una llamada de un hermano:

—Pastor, tengo un regalo de Navidad para usted y su familia, pero prométame que lo usará para ustedes. Damos gracias a Dios por su vida y queremos bendecirlos.

Cuando llegué, me entregó un paquete de dinero. No podía creerlo. Era muchísimo más de lo que teníamos para la Navidad. Una vez más me pidió que lo usara solo para mi familia (excepto el diezmo). Le llamé a mi esposa. Lloramos juntos dando gracias a Dios. Después le dije:

—Alístate… ¡vamos a hacer compras!

No pierdas perspectiva en esta temporada. Haz todo lo posible por mantener lo más importante como lo más importante. Y encontrarás gozo.

No todas las historias terminan como la mía, pero aprendí una verdad poderosa: no es hasta que estás verdaderamente contento incluso sin tener nada, que puedes disfrutar plenamente cuando Dios sí te bendice.

no es hasta que estás verdaderamente contento incluso sin tener nada, que puedes disfrutar plenamente cuando Dios sí te bendice.

Hay que aprender a estar contentos en cualquier circunstancia.

No dejes que la presión de esta temporada te robe el gozo de la Navidad.

“No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.” Filipenses 4:11-12

3. LOS SENTIMIENTOS DE INSUFICIENCIA SON REALES

Muchas veces, en esta temporada, yo mismo lucho con sentimientos de insuficiencia. En mi corazón sé que estamos por iniciar un nuevo año, y eso me lleva a reflexionar profundamente sobre lo que logramos —o lo que no logramos— durante el año que termina. Tal vez este sentimiento no llega a todos de la misma manera, pero sé que muchos pastores pueden identificarse con esto. También personas con altas expectativas para sí mismas, que al llegar diciembre se dan cuenta de que no cumplieron todo lo que quisieran haber alcanzado.

En este mes me veo consumido por pensamientos sobre lo que debemos mejorar el próximo año y cómo alcanzar a más personas. Y muchos sienten algo similar: quizá no avanzaron en su trabajo o carrera como esperaban, o no vieron el crecimiento que anhelaban. Todo se siente más intenso porque estamos cerrando un ciclo y otro nuevo está por comenzar.

La única forma de enfrentar este sentimiento es comprender algo fundamental: en Cristo somos suficientes, aunque hayamos fallado, aunque haya metas que no cumplimos, aunque nuestro trabajo o ministerio no haya crecido como esperábamos. 

Demos gracias porque cuando Cristo nació, no vino por “gente exitosa”, ni por los “que lo lograron”, sino por pecadores sin esperanza. El mensaje de Navidad es que, al pie de la cruz, todos somos iguales… y todos somos iguales.

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS,[a] porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” Mateo 1:21

Para disfrutar esta temporada:

• Arregla los problemas que sí están a tu alcance resolver.

• No permitas que la falta de economía te robe el gozo.

• No dejes que los sentimientos de insuficiencia tomen control de tu mente.

Estas tres áreas pueden robarnos el gozo de la Navidad si no las enfrentamos con la verdad de Dios.

Si este artículo fue de bendición, compártelo con otros. Y no olviden inscribirse para recibir notificaciones cada vez que suba un nuevo artículo.

Leave a comment