CON QUÉ QUIERES SERVIR EN EL MINISTERIO

Este artículo no es para todos, sino para aquellos que en algún momento han considerado servir a Dios con sus vidas. 

En las últimas semanas he estado sumergido en el estudio de una vida valiente, y todo lo que he aprendido, junto con cosas que han sucedido a mi alrededor, me ha hecho reflexionar profundamente sobre este tema.

Muchos jóvenes en nuestro país rinden sus vidas para servir a Dios a tiempo completo. Es un momento hermoso. Yo recuerdo el día en que rendí mi vida. Aunque no sabía con claridad que era para el ministerio, sí sabía que quería que Dios me usara.  El sentimiento es increíble. La alegría, el deseo profundo de marcar una diferencia para la gloria de Dios, y el ser cautivado por todas las posibilidades, capturan cada parte de tu ser.

Lamentablemente, también es muy fácil dejar lo que un día proclamamos con nuestros labios. 

He visto muchas decepciones. Comenzando con mis propios compañeros del instituto bíblico. Todos entramos con ánimo, pero no todos terminamos. Y de los que entramos al ministerio, no todos continuaron. Muchos tiraron la toalla en el camino.  Muchas veces me he preguntado por qué pasa esto. Y por eso escribo este artículo.

Al leer la Biblia, pienso que a Jesús le dolió mucho más de lo que a mí me ha dolido. Para mí han sido amistades y conocidos que se alejaron. Para Él fueron discípulos que no tuvieron suficiente fe para seguirle. 

Si tú has considerado servir a Dios a tiempo completo, espero que este artículo te ayude a reflexionar. Léelo con oración. Y si algo te incomoda, llévalo delante del Señor. Al final, queremos hacer lo correcto para Dios.

1. LA INVITACIÓN ES PARA TODOS, PERO LAS EXCUSAS SON MUCHAS. 

“Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.” Mateo 9:37-38

De todas las cosas que Jesús pudo pedir, pidió que oráramos por más obreros. Muchas veces se me ha preguntado. “Pastor, ¿cree que Dios puede usarme a tiempo completo?” Siempre respondo lo mismo: “Si estás dispuesto, Dios puede usarte”.

Digo esto con seguridad porque la Biblia misma nos muestra que Dios está buscando personas dispuestas a trabajar en su mies. No está buscando a los más talentosos, ni a los más ricos, ni a los más inteligentes. Está buscando corazones disponibles. 

“Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé.” Ezequiel 22:30

Muchas veces no es que Dios no quiera usar a alguien que se rinde. El problema es que muchos se rinden por razones equivocadas, o en realidad no se rinden completamente a Cristo. Muchos jóvenes se rinden a la idea de ser un pastor exitoso. Muy pocos se rinden a Cristo simplemente porque Él es digno de ser servido. En otras palabras, rendirse a Cristo debe involucrar toda nuestra vida, no nuestros caprichos, ni nuestros sueños de fama, prestigio o reconocimiento.

Muchas veces no es que Dios no quiera usar a alguien que se rinde. El problema es que muchos se rinden por razones equivocadas,

Temo que muchas veces las personas se rindan más a la idea de predicarle a las multitudes que a rendirse a los pies de Cristo. Se rinden al escenario, pero no al altar. Se rinden a la plataforma, pero no a la presencia de Dios.  Cristo merece nuestro servicio tanto delante de multitudes como delante de una sola persona, en público o en privado, en lo visible y en lo invisible.

2. NO TODOS LOS QUE DICEN “QUIERO SEGUIR A JESÚS” REALMENTE QUIEREN.

“Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. 58 Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. 59 Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. 60 Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. 61 Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. 62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.” Lucas 9:57-62

A muchos les gusta la idea de seguir a Jesús… mientras se vea en el futuro. Eso los emociona. De eso podemos hablar. Pero hacerlo hoy, casi nunca parece ser el momento correcto. Así como leemos en Lucas 9:57–62, hay una gran diferencia entre decir: “Te sigo”, y decir: “Te sigo, pero primero…”. Hoy sucede lo mismo con muchos jóvenes: “Voy a seguir a Jesús, pero primero saco una carrera, por si acaso no funciona lo del ministerio.”“Quiero seguir a Jesús, pero tengo miedo, así que primero aseguro mi futuro.” 

Y la historia se repite una y otra vez. Cuando Dios pone un llamado en el corazón de alguien, ese deseo debe ser alimentado de inmediato. Jesús ve cualquier excusa o distracción como desobediencia. Cuando Él dice: “Sígueme”, no debería existir un “espérame” de nuestra parte. En muchos casos, la gente da excusas, y Jesús siempre responde de la misma manera.

Al primero que dijo: “Te seguiré”, Jesús le respondió que no tenía ni dónde dormir. Al otro que dijo: “Primero voy a enterrar a mi padre”, Jesús le dijo que dejara eso atrás. Y al que dijo: “Déjame despedirme primero”, Jesús le respondió: “Ninguno que, poniendo su mano en el arado, mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.”. 

Creo que muchos jóvenes fallan aquí. Comienzan con mucho deseo, pero tarde o temprano les da miedo. Miran atrás, y sin darse cuenta, van debilitando su fe. Si hoy no tienes fe para negarte a ti mismo, mañana tampoco la tendrás. El que por miedo quiere asegurar su carrera antes de obedecer, difícilmente tendrá la fe para dejarlo todo después. Por eso muchos dicen que son llamados, pero no todos llegan a cumplir ese llamado. No ejercitan su fe. Prefieren convencerse de que una carrera es lo mismo que rendirse a Cristo. Y la historia continúa.  

El que por miedo quiere asegurar su carrera antes de obedecer, difícilmente tendrá la fe para dejarlo todo después.

Servir a Cristo siempre tiene un precio. No es barato rendir tu vida. No es fácil. Pero si no nos cuesta nada, estaremos buscando una fe barata, no una vida verdadera de adoración. David lo entendió bien:

“Y el rey dijo a Arauna: No, sino por precio te lo compraré; porque no ofreceré a Jehová mi Dios holocaustos que no me cuesten nada. Entonces David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata.” 2 Samuel 24:24

Por eso Jesús dejó claro que una vida dedicada a Él podía ser una vida dura. Aun sus discípulos pasaron hambre.

“Aconteció en un día de reposo,[a] que pasando Jesús por los sembrados, sus discípulos arrancaban espigas y comían, restregándolas con las manos.” Lucas 6:1

El punto no es que alguien deba buscar ser pobre o buscar sufrimiento. El punto es que aquel que rinde su vida a Cristo debe estar dispuesto a vivir en esas condiciones, si así Él lo permite en nuestras vidas. Muchos jóvenes rinden sus vidas sin contar bien el costo. Quizás se enamoran más del brillo del ministerio que de Jesús. Quizás son movidos por un pastor famoso o con influencia, y se enamoran más de obtener eso que de estar enamorados de Cristo mismo. Para ellos, Cristo se convierte en un medio para llegar a ser famosos. Y es triste, porque por eso muchos no llegan a servir verdaderamente a Cristo. Nuestro motivo para servirle debe ser Él y su reino. No debe ser nosotros mismos ni nuestros intereses carnales.

“no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro;” 1 Timoteo 3:3

Para el que quería enterrar a su padre, no se trataba solamente de ir al panteón. En realidad, implicaba esperar a que muriera, quedarse todo ese tiempo y después dividir las herencias. Todo eso iba a tomar años. Jesús deja claro que, para servirle, Él debe ocupar el primer lugar por encima de cualquier otra lealtad en nuestras vidas. En la Biblia vemos varios ejemplos de esto. Eliseo dejó a su padre y a su madre para seguir a Elías.

“Partiendo él de allí, halló a Eliseo hijo de Safat, que araba con doce yuntas delante de sí, y él tenía la última. Y pasando Elías por delante de él, echó sobre él su manto. 20 Entonces dejando él los bueyes, vino corriendo en pos de Elías, y dijo: Te ruego que me dejes besar a mi padre y a mi madre, y luego te seguiré. Y él le dijo: Ve, vuelve; ¿qué te he hecho yo? 21 Y se volvió, y tomó un par de bueyes y los mató, y con el arado de los bueyes coció la carne, y la dio al pueblo para que comiesen. Después se levantó y fue tras Elías, y le servía.” 1 Reyes 19:19-21

Jacobo y Juan dejaron todo inmediatamente para seguir a Jesus.

“Pasando de allí, vio a otros dos hermanos, Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano, en la barca con Zebedeo su padre, que remendaban sus redes; y los llamó. 22 Y ellos, dejando al instante la barca y a su padre, le siguieron.” Mateo 4:21-22

Pedro y Andres y Leví dejaron su redes y oficio e imediatamente siguieron a jesus.

“Y cuando trajeron a tierra las barcas, dejándolo todo, le siguieron.” Lucas 5:11

“Y dejándolo todo, se levantó y le siguió.” Lucas 5:28

Aunque muchos jóvenes tienen buenas intenciones, y suenan como muy buenas intenciones, los escuchas hablar y hasta ellos mismos terminan convenciéndose de algo que no es una realidad. Comienzan a decir: “Voy a estudiar esta carrera porque la puedo usar para el Señor.” Y eso es cierto. Cualquier carrera se puede usar para el Señor. Pero nunca podrás usar algo para Dios si primero estás desobedeciendo lo que Él te pidió. Si Dios te llamó a predicar y, por temor, decides estudiar otra cosa…Si Dios te llamó a ser misionero y ahora estás en una carrera solo “por si acaso”… Entonces no estás obedeciendo, estás posponiendo. 

Porque el que pone excusas, el que quiere que Dios espere, el que mira hacia atrás, no será digno del ministerio. Y así muchos se descalifican, sin necesariamente caer en pecado. Simplemente comienzan a vivir en plan B, y no en el ideal que Dios tenía para ellos.

Conozco muchos jóvenes que pusieron primero los planes de sus padres, o sus propios planes, antes que los planes de Jesús. ¿Y sabes qué pasó? Nunca lograron cumplir los planes de Dios para sus vidas. Siempre sucede algo: hijos, economía, problemas, responsabilidades. Y poco a poco entran en un ciclo donde el plan de Dios queda “en pausa”, mientras ellos siguen luchando, entre comillas, para algún día vivir la voluntad de Dios. Esa es su intención… pero mientras tanto, van suavizando su conciencia. No es que le hayan dicho “no” a Jesús. Simplemente le están diciendo: “Después. En otro tiempo. Hoy no.”

Con el tiempo he aprendido a simplemente sonreír y dejar que las cosas sean como deben ser. Ya no le digo a nadie que lo haga. Cada persona tiene que estar convencida de su propio llamado, porque siempre habrá un precio que pagar.

3. TIENES QUE ESTAR “LOCO” PARA SERVIR A CRISTO 

“Pues mirad, hermanos, vuestra vocación, que no sois muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles; 27 sino que lo necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; 28 y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer lo que es,” 1 Corintios 1:26-28

Uso la palabra “loco” como sustituto de la palabra “necio”, simplemente porque creo que son sinónimos en el contexto que estamos tratando. La realidad es que muchas veces es más difícil para una persona inteligente e intelectual rendir su vida al servicio de tiempo completo, porque en su mente analiza tanto las cosas, las pone en la balanza, las razona una y otra vez, y al final nunca entra al ministerio.. 

Un “necio”, por decirlo así, alguien sencillo, no analiza las cosas tanto como aquel que sobreanaliza todo. Por eso Pablo dice que no sean muchos sabios según la carne. Es muy fácil caer en el hábito de sobreanalizar todo. Y cuando uno vive así, termina robándose a sí mismo la oportunidad de vivir por fe. Una vida de fe no siempre parece sabia ante este mundo. Este mundo pone su valor en el dinero, en los bienes y en la seguridad material. Y muchas veces, eso es precisamente lo que uno rinde en las manos de Dios para seguirlo. Eso no significa que Dios no pueda bendecirte económicamente. No significa que un día no pueda darte mucho más de lo que imaginaste. Pero una vida de fe es rendirlo todo, con la posibilidad de terminar sin nada… o de terminar con todo, confiando en Dios en cualquier caso.

Jesús, al igual que Pablo, dijo algo que debemos analizar con cuidado. Después de hablar con el joven rico, Jesús dijo: “De cierto os digo que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.” Ahora, sí hay gente rica en el cielo. Claro que sí. Dios ha bendecido a personas con riquezas en la Biblia. Salomón es un ejemplo claro de eso. Pero cuando se trata de decidir entre la riqueza y Cristo, Jesús sabe lo difícil que es para muchos ricos tomar esa decisión. Muchos prefieren aferrarse a sus bienes antes que rendirlo todo para seguir a Cristo. 

Por eso, cuando los discípulos escucharon estas palabras, se quedaron sorprendidos. Y Pedro, como muchas veces lo vemos, se atrevió a hacer la pregunta que todos estaban pensando:

“Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos?” Mateo 19:27

Sinceramente, muchas veces, en momentos difíciles, y cuando mi mente se inclina a pensar de manera carnal por mi estado emocional, me he preguntado, igual que Pedro: “¿De verdad vale la pena todo lo que hemos dejado?” Pero la respuesta que Jesús le dio a Pedro calla toda duda y todo pensamiento parecido que podamos tener. Esa respuesta debe bendecir nuestras almas a todos los que verdaderamente hemos entregado todo para seguir a Cristo. Jesús dijo:

“Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. 29 Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. 30 Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.” Mateo 19:28-30

Y es aquí donde entra la verdadera valentía para seguir a Jesús. Lo que Él prometió no es principalmente para esta vida, sino para lo que viene después de la muerte. Lo que a muchos les cuesta dejar son las cosas que ven, las que entienden con sus propios ojos y razonamientos, las cosas de este mundo.  Jesús quiere que estemos tan entregados a Él, y tan dispuestos a dejarlo todo por Él, que nos promete que cualquier cosa que hayamos dejado por seguirle, la recibiremos cien veces más en la vida eterna. Y, sinceramente, ha valido la pena. Han valido la pena las lágrimas. Han valido la pena las críticas, especialmente al principio, cuando uno deja todo. 

Porque Dios ha sido más que bueno con nosotros. Aun con lo que ya hemos recibido en esta vida, es mucho más de lo que merecemos. Y todavía nos promete mucho más en la vida venidera.

Para el sabio, el inteligente y el rico, esto suele ser mucho más difícil. Por eso muchos de los que rinden sus vidas para servir como pastores vienen de hogares humildes, donde no tenían que sobreanalizar tanto las cosas. Muchos de los jóvenes que sí llegan al ministerio no vienen de familias con dinero. Como no tenían grandes riquezas que dejar, muchas veces sus propios padres los animaron a seguir a Cristo con sus vidas. 

En cambio, para una familia adinerada, donde todos tienen carreras y estabilidad, es mucho más difícil apoyar a un hijo que decide vivir por fe, entrar a un instituto bíblico y seguir a Cristo adonde Él lo envíe, renunciando a lo que este mundo promete. Para muchos, eso parece una locura. Y por eso dirán que estamos locos.

4. RENDIR TU VIDA ES RENDIRLO TODO

“y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí.” Mateo 10:38

“Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo,” Mateo 16:24

“Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” Lucas 9:23

“Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.” Marcos 8:34

Todo el mundo conoce Juan 3:16, pero curiosamente, Juan 3:16 solo aparece en Juan 3:16. En cambio, el mandamiento de negarse a uno mismo para seguir a Cristo aparece claramente en los tres evangelios: Mateo, Marcos y Lucas. Sin embargo, esos versículos no son tan famosos como Juan 3:16. El que desea rendir su vida para servir a Cristo a tiempo completo debe entender que Dios quiere toda su vida. No podemos reservarle nada. No podemos entregarle solo partes. Debemos morir a nosotros mismos para poder encontrar la voluntad de Dios de manera pura. Porque si no morimos a nosotros mismos, terminaremos viviendo para nosotros mismos.

El que desea rendir su vida para servir a Cristo a tiempo completo debe entender que Dios quiere toda su vida.

Un rendimiento de nosotros involucra nuestro corazón y nuestro cuerpo.

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” Romanos 12:1

Una vida ministerial es una vida íntegra y completa. Muchos jóvenes que rinden sus vidas no comprenden hasta dónde llega realmente este llamamiento. Tenemos que entender que el ministerio no es solo predicar cada domingo. El que predica también debe vivir de manera diferente todos los días, comenzando desde su propia casa. Muchos jóvenes no ponen con cuidado en la balanza sus decisiones, especialmente en lo que tiene que ver con sus relaciones y su noviazgo.

REQUIERE RENDIR HASTA NOVIAZGOS

Muchas veces, jóvenes que realmente están entregados a Cristo se descalifican al unirse con alguien que no está igual de consagrado al ministerio que ellos. No se puede tener una vida consagrada para servir a Dios y, al mismo tiempo, formar un hogar con una persona que no comparte ese mismo llamado. El ministro necesita tener su casa en orden. Por eso, una de las cosas que deben rendirse a Cristo es el interés por la persona incorrecta, para esperar la voluntad de Dios y confiar en que Él proveerá a alguien que esté alineado con el deseo de servirle.

Muchas veces, jóvenes que realmente están entregados a Cristo se descalifican al unirse con alguien que no está igual de consagrado al ministerio que ellos.

Lo mismo sucede con muchas damas. Muchas entregan sus vidas para seguir a Cristo, pero terminan casándose con hombres que no están consagrados al Señor. Como resultado, viven en matrimonios donde constantemente son ellas las que llevan la carga espiritual del hogar y toman solas las decisiones espirituales. Si Dios te ha llamado al ministerio y estás interesado en alguien que no comparte ese llamado, eso será parte de tu cruz: tendrás que negarte a ti mismo. Muchos jóvenes cometen el error de amar más a su novio o a su novia que a Cristo, y no rinden esa relación, aunque no sea necesariamente pecaminosa, porque no caminan en la misma dirección.

Si Dios te ha llamado al ministerio y estás interesado en alguien que no comparte ese llamado, eso será parte de tu cruz: tendrás que negarte a ti mismo.

Muchos, por no rendir estas áreas a Dios, terminan sirviendo a Cristo, pero viviendo las cosas de manera incorrecta. Con el tiempo, las frustraciones que trae el ministerio comienzan a reflejarse dentro del matrimonio. Para servir a Cristo se requiere un rendimiento total, tanto del hombre como de la mujer. El ministerio tiene sus demandas, y será muy difícil que un pastor continúe fielmente si su esposa lo desanima constantemente por el costo que implica servir a Dios. De la misma manera, he visto muchas hermanas que entregan sus vidas y quieren servir con todas sus fuerzas, pero en casa enfrentan frustración, porque sus esposos se molestan al no verlas más tiempo en el hogar.

Lo ideal es que ambos estén igualmente entregados al Señor, para poder mantener un buen equilibrio. Sin embargo, cada matrimonio debe aprender a encontrar ese balance entre el tiempo que dedica al ministerio y el tiempo que debe dedicar a fortalecer su relación. Pero ese es un tema para otro artículo.

REQUIERE SANTIDAD PERSONAL

El ministerio también demanda santidad personal. A muchos les gusta la idea de predicar el domingo, pero luego quieren vivir en inmoralidad el lunes. Y esas dos cosas no son compatibles con alguien que realmente desea servir en el ministerio.

Charles Spurgeon dijo:

“La piedad verdadera y genuina es necesaria como el primer requisito indispensable; cualquier ‘llamado’ que un hombre pretenda tener, si no ha sido llamado a la santidad, ciertamente no ha sido llamado al ministerio.” Charles Spurgeon

Por eso debe existir seriedad en la vida de todo joven y toda jovencita que verdaderamente ha entregado su vida a Cristo. El requisito más importante es tener una vida limpia para poder ser usados en las manos de Dios. Dios no nos pide que hagamos lo imposible. Él es el Dios de lo imposible. Pero sí espera que los vasos que planea usar estén limpios. Y toda persona que anhela servir a Cristo con su vida buscará limpiarse para ser útil en Sus manos.

“Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.” 2 Timoteo 2:21

5. MUCHOS NO SE RINDEN POR MIEDO

La verdad es que muchos jóvenes deciden no rendir sus vidas a Cristo porque tienen miedo. Muchas veces ese miedo nace porque saben que no están viviendo en la voluntad de Dios y, por eso, se sienten desprotegidos espiritualmente. En su mente piensan: “Si sigo viviendo en este pecado, me va a ir mal.” Y entonces, en lugar de arrepentirse, prefieren irse a una vida secular.

Para otros, el miedo viene de no saber qué va a pasar en el futuro. Se imaginan lo peor: que se van a morir de hambre, que no van a tener dinero, que no tendrán cómo sostenerse. Y como nadie les garantiza lo contrario, prefieren hacerse para atrás.

Lo he visto en muchos jóvenes de mi iglesia, y también en jóvenes en muchos otros lugares. Yo no soy Dios para saber exactamente a quién ha llamado y quién está dejando a un lado ese llamado en su vida. Por eso, nunca ha sido mi intención que alguien entre al ministerio solo porque yo se lo diga. Cada persona tiene que estar convencida por sí misma delante de Dios. Yo solamente animo a los jóvenes a que hagan lo que Dios les dice que hagan, porque el futuro está en Sus manos.

A los jóvenes suficientemente “necios” o “locos” que estén leyendo esto, quiero animarlos: fortalézcanse en el Señor. Yo sé que da mucho miedo dar pasos cuando no sabes si todo va a salir bien o no. Esa sensación de ser incapaz es normal. Y, de hecho, es correcta. No somos capaces por nosotros mismos, pero Dios capacita a los que deciden seguirle por fe. Yo ni siquiera sabía leer bien cuando entré al instituto para estudiar. Mi gramática era muy pobre. Y muchas veces me pregunté si Dios realmente podría usarme. Pero gracias a Dios entendí que todas las cosas que yo pensaba que Él necesitaba, en realidad no las necesita. Él solo me pide que rinda mi vida y que sea obediente. Él hace el resto.

Así que ten ánimo, joven. Aunque dudes, si sabes que Dios ha puesto en tu corazón una vida de servicio a tiempo completo, fortalécete, obedece y sé valiente.

“Solamente esfuérzate y sé muy valiente, para cuidar de hacer conforme a toda la ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a diestra ni a siniestra, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas. Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien. Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas.” Josue 1:7-9

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