Algo que nos une a todos como seres humanos es el hecho de que vivimos en un mundo caído. Desde la entrada del pecado, el dolor, la pérdida, la enfermedad, los conflictos y las dificultades forman parte de nuestra experiencia en esta tierra. La Biblia nunca nos promete una vida libre de problemas; por el contrario, nos advierte claramente que enfrentaremos aflicción. Jesús dijo: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Job también declaró: “Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción” (Job 5:7).
Por lo tanto, este breve artículo no trata acerca de cómo evitar todos los problemas de la vida. Muchos de ellos serán inevitables. Algunos problemas llegarán como consecuencia de nuestras propias malas decisiones. Gálatas 6:7 nos recuerda: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. En otras ocasiones sufriremos por las malas decisiones de otras personas. Y habrá momentos en los que alguien pecará directamente contra nosotros, dejándonos heridas y consecuencias que nosotros no provocamos. También enfrentaremos pruebas que no son necesariamente consecuencia directa del pecado de alguien, sino simplemente parte de vivir en un mundo afectado por la caída.
La pregunta, entonces, no es solamente: “¿Cómo puedo salir de este problema?”, sino también: “¿Cómo quiere Dios que piense y responda mientras atravieso este problema?”. No siempre podemos controlar lo que sucede a nuestro alrededor, pero sí somos responsables delante de Dios de la manera en que respondemos a lo que sucede.
Mi propósito con este artículo es ayudarle a desarrollar una manera bíblica de pensar frente a los problemas de la vida. Las circunstancias pueden ser extremadamente dolorosas, pero no tenemos que permitir que ellas determinen nuestra manera de pensar, nuestra conducta o nuestra relación con Dios.
1. CADA PROBLEMA PUEDE HACERSE MÁS GRANDE Y DOLOROSO SI PERDEMOS EL CONTROL DE NUESTROS PENSAMIENTOS
Una circunstancia difícil ya trae consigo cierto nivel de dolor, pero muchas veces nosotros aumentamos ese dolor por la manera en que pensamos acerca de lo que está sucediendo. Existe una diferencia entre lo que me está pasando y lo que estoy diciéndome a mí mismo acerca de lo que me está pasando.
Existe una diferencia entre lo que me está pasando y lo que estoy diciéndome a mí mismo acerca de lo que me está pasando
Por ejemplo, una persona puede atravesar una dificultad económica. Ese es un problema real. Sin embargo, puede comenzar a pensar: “Todo va a salir mal. Voy a perderlo todo. Nunca voy a recuperarme. Dios me ha abandonado”. En ese momento ya no está enfrentando solamente una dificultad económica; ahora también está enfrentando el temor, la ansiedad y el desánimo producidos o intensificados por pensamientos que no necesariamente corresponden con la verdad.
Proverbios 12:25 dice: “La congoja en el corazón del hombre lo abate”. Nuestros pensamientos tienen una influencia profunda sobre nuestras emociones. Por eso Proverbios 4:23 nos manda: “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”. Lo que permitimos permanecer en nuestra mente y corazón eventualmente afectará nuestra manera de sentir, hablar y actuar.
Lo que permitimos permanecer en nuestra mente y corazón eventualmente afectará nuestra manera de sentir, hablar y actuar.
Esto lo podemos ver claramente en Asaf en el Salmo 73. Al observar la prosperidad de los impíos y comparar su situación con la de ellos, comenzó a interpretar su vida incorrectamente. Llegó a decir: “Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón” (Salmo 73:13). Su circunstancia no había cambiado; lo que estaba afectando profundamente su corazón era la interpretación que estaba haciendo de ella. Pero cuando entró “en el santuario de Dios” (Salmo 73:17), comenzó a mirar la misma situación desde la perspectiva de Dios. La realidad no cambió inmediatamente; cambió su manera de verla.
Esto significa que cuando estamos sufriendo debemos aprender a examinar nuestros pensamientos. No todo pensamiento que llega a nuestra mente merece ser creído. No todo lo que sentimos representa correctamente la realidad. Jeremías 17:9 nos advierte que el corazón puede engañarnos. Por eso el creyente debe comparar sus pensamientos con la verdad revelada por Dios.
No todo pensamiento que llega a nuestra mente merece ser creído
Pablo escribió que debemos estar “llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2 Corintios 10:5). También enseñó: “Todo lo verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro… en esto pensad” (Filipenses 4:8). Dios no quiere que seamos gobernados por pensamientos descontrolados, sino que aprendamos a someter nuestra mente a Su Palabra.
Cuando atraviese un problema, pregúntese: ¿Qué es lo que realmente sé y qué es lo que solamente estoy imaginando? ¿Estoy pensando conforme a la verdad o conforme a mi temor? ¿Estoy interpretando esta situación a la luz de mis emociones o a la luz de la Palabra de Dios?
El problema puede ser real, pero no permita que una mente descontrolada haga el problema todavía más grande de lo que ya es.
2. CADA CIRCUNSTANCIA DOLOROSA QUE ENFRENTAMOS TIENE UNA RESPUESTA BÍBLICA
La Biblia no promete explicar cada detalle de lo que nos sucede, pero sí nos da la verdad necesaria para saber cómo vivir y responder en medio de ello. Segunda Timoteo 3:16–17 enseña que “Toda la Escritura es inspirada por Dios” y que por medio de ella el hombre de Dios puede estar “enteramente preparado para toda buena obra”. Esto significa que nunca enfrentaremos una circunstancia en la que Dios no tenga nada que decir acerca de cómo debemos responder.
Tal vez alguien pecó contra usted. La Biblia habla acerca del perdón, la amargura, la confrontación y la manera correcta de responder al mal (Efesios 4:31–32; Romanos 12:17–21).
Tal vez usted cometió un pecado y ahora está enfrentando sus consecuencias. La Biblia enseña acerca de la confesión, el arrepentimiento, el perdón y la restauración (Proverbios 28:13; 1 Juan 1:9).
Tal vez está preocupado por algo que todavía no ha sucedido. La Biblia habla acerca de la ansiedad y nos manda llevar nuestras peticiones delante de Dios en oración (Filipenses 4:6–7).
Tal vez ha sufrido una pérdida profunda. La Biblia no nos dice que el cristiano nunca debe llorar. Jesús mismo lloró frente a la tumba de Lázaro (Juan 11:35). Pero tampoco nos deja llorar sin esperanza. Primera Tesalonicenses 4:13 habla de no entristecernos “como los otros que no tienen esperanza”.
Tal vez está atravesando una prueba que simplemente no entiende. Santiago 1:2–4 nos enseña que las pruebas pueden producir paciencia y madurez espiritual. Romanos 8:28 nos recuerda que Dios sigue obrando aun en circunstancias que nosotros todavía no podemos comprender.
La respuesta bíblica no siempre significa que el problema desaparecerá inmediatamente. A veces Dios cambia nuestras circunstancias, pero otras veces Dios utiliza las circunstancias para cambiarnos a nosotros. Pablo pidió tres veces que Dios quitara su aguijón, pero la respuesta de Dios fue: “Bástate mi gracia” (2 Corintios 12:9). El problema permaneció, pero Pablo recibió gracia suficiente para enfrentarlo.
Por eso, cuando enfrentamos una situación dolorosa, nuestra primera pregunta no debería ser únicamente: “¿Cómo hago para que esto termine?”, sino también: “¿Qué dice Dios que debo hacer mientras esto continúa?”
Quizá la respuesta bíblica sea perdonar. Quizá sea confesar. Quizá sea esperar. Quizá sea confrontar con amor. Quizá sea pedir ayuda. Quizá sea dejar de preocuparnos y comenzar a orar. Quizá sea establecer límites sabios. Quizá sea perseverar haciendo lo correcto aunque todavía no veamos resultados.
Siempre existe una manera de honrar a Dios aun cuando no existe una manera inmediata de escapar del problema.
3. NUESTRA RESPONSABILIDAD ES RESPONDER BÍBLICAMENTE, NO SER GOBERNADOS POR NUESTRAS EMOCIONES
Las emociones son reales y forman parte de nuestra experiencia humana, pero nunca fueron diseñadas para ocupar el lugar de autoridad que pertenece a la verdad de Dios. Sentir dolor no es pecado. Sentir tristeza no necesariamente es pecado. Sentir temor ante una situación peligrosa tampoco significa automáticamente que estamos pecando. El problema comienza cuando permitimos que nuestras emociones determinen lo que creemos y controlen la manera en que respondemos.
Una persona herida puede sentir deseos de vengarse, pero Romanos 12:19 dice: “No os venguéis vosotros mismos”. Una persona enojada puede sentir deseos de responder inmediatamente, pero Proverbios 15:1 enseña: “La blanda respuesta quita la ira”. Una persona preocupada puede sentir que necesita controlar cada detalle de su futuro, pero 1 Pedro 5:7 nos manda: “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”. La madurez espiritual se demuestra cuando aprendemos a obedecer a Dios aun cuando nuestras emociones nos están empujando en otra dirección.
La madurez espiritual se demuestra cuando aprendemos a obedecer a Dios aun cuando nuestras emociones nos están empujando en otra dirección.
David nos da un excelente ejemplo de esto. En el Salmo 42 estaba profundamente abatido. No negó su condición emocional. Reconoció: “¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí?”. Pero David hizo algo importante: habló verdad a su propia alma. Continuó diciendo: “Espera en Dios; porque aún he de alabarle” (Salmo 42:5). David no permitió que su alma simplemente le hablara; él comenzó a hablarle a su alma conforme a la verdad.
Esto es algo que necesitamos aprender. Cuando nuestras emociones dicen: “No puedes continuar”, debemos recordar que la gracia de Dios es suficiente. Cuando nuestros sentimientos dicen: “Todo está perdido”, debemos recordar que Dios todavía está obrando. Cuando nuestro corazón dice: “Nunca voy a poder perdonar”, debemos recordar lo mucho que nosotros hemos sido perdonados por Cristo. Cuando nuestra ansiedad dice: “Necesitas controlar todo”, debemos recordar que Dios sigue sentado en Su trono.
Responder bíblicamente tampoco significa fingir que nada duele. La Biblia nunca presenta la espiritualidad como una negación artificial del sufrimiento. Los salmos están llenos de lágrimas, preguntas, dolor y angustia. La diferencia está en que el creyente aprende a llevar sus emociones delante de Dios y someterlas a la verdad, en lugar de permitir que ellas gobiernen sus decisiones.
Responder bíblicamente tampoco significa fingir que nada duele.
Por eso Santiago 1:19–20 nos manda ser “pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse”. Cuando las emociones son intensas, muchas veces lo más sabio no es actuar inmediatamente. Necesitamos detenernos lo suficiente para preguntarnos: “Si hago lo que siento en este momento, ¿estaré obedeciendo a Dios?”
Esta pregunta puede evitar decisiones que después producirán todavía más dolor.
4. LOS PROBLEMAS PUEDEN CONVERTIRSE EN OPORTUNIDADES DE CRECIMIENTO
Finalmente, debemos recordar que Dios puede utilizar aun las circunstancias más dolorosas de nuestra vida para producir algo bueno en nosotros. Santiago escribió: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia” (Santiago 1:2–3). Santiago no está diciendo que debemos disfrutar el dolor. Está diciendo que podemos mirar más allá del dolor y reconocer lo que Dios puede producir por medio de él.
José experimentó rechazo, traición, esclavitud, falsas acusaciones y prisión. Durante años probablemente hubo muchas cosas que no podía comprender. Sin embargo, al mirar hacia atrás pudo decirles a sus hermanos: “Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien” (Génesis 50:20). José no llamó bueno al pecado de sus hermanos. Lo que ellos hicieron fue malo. Pero reconoció que la maldad del hombre no había sido capaz de frustrar los propósitos de Dios.
Esa verdad sigue siendo importante para nosotros. Quizá usted no escogió el problema que está enfrentando. Quizá no merece lo que alguien le hizo. Quizá cambiaría sus circunstancias inmediatamente si pudiera hacerlo. Pero aun en una situación que usted nunca habría escogido, todavía puede escoger honrar a Dios.
No podemos controlar todas nuestras circunstancias, pero podemos aprender a controlar nuestros pensamientos conforme a la Palabra de Dios. No podemos impedir que otras personas pequen, pero podemos escoger responder bíblicamente cuando pecan contra nosotros. No podemos evitar todas las pérdidas, pero podemos atravesarlas con esperanza. No podemos garantizar que mañana será más fácil, pero podemos confiar en que la gracia de Dios será suficiente para mañana.
No podemos controlar todas nuestras circunstancias, pero podemos aprender a controlar nuestros pensamientos conforme a la Palabra de Dios
Los problemas de la vida son inevitables, pero ser derrotados espiritualmente por ellos no lo es. Cuando llegue la dificultad, no permita que sus pensamientos corran sin control. Busque la respuesta de Dios en Su Palabra. Y aunque sus emociones sean intensas, determine responder de una manera que agrade al Señor. Porque tal vez usted no pueda escoger lo que está enfrentando hoy, pero sí puede escoger cómo va a enfrentarlo delante de Dios.
